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Pauchi Sasaki: diálogos de arte y violín

YUYU

Su biografía más recurrente dice que es violinista de formación clásica, que inició sus estudios a los cinco años y que ha editado dos álbumes como solista (“YUYU” en 2007 y “koPpu” en 2011), pero para entender más el trabajo al que se dedica la peruana Pauchi Sasaki es necesario conocer cuál fue su formación académica: Ciencias y Artes de la Comunicación en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Estudió esta carrera para dedicarse al periodismo durante algunos años, siendo corresponsal para medios extranjeros, trabajando en la producción de canal N y en el website Radialistas de Ecuador, a la par que llevaba clases de música. La flauta dulce y el violín desde la más temprana infancia (dos y cinco años) formaron su decisiva vocación por el arte, por la cultura y las formas de expresión.

La curiosidad y la intuición hicieron el resto. Llevó cursos de violín andino en el Centro de Música y Danza de la Pontificia Universidad Católica del Perú, de violín hebreo en Nueva York y además hizo una maestría en música electrónica en la Universidad de Artes Liberales de Oakland. Todo ello es parte del aprendizaje y las experiencias que le permitieron encontrar su propio sonido, uno que quizá no hubiera podido cultivar en una escuela convencional.

“Descubrí que lo clásico no es lo mío, experimentar es parte de mi vida y para eso me baso en una estrategia. Es la teoría de la comunicación: la meta es conectar pero hay un emisor, un receptor y un mensaje que van a formar un concepto. A partir de ahí uno compone con una predisposición”, dice Pauchi, quien ha hecho música para comerciales, películas, obras teatrales y desfiles de moda adaptándose a cada formato.


El idioma del arte

Su sonido dialoga con cada ambiente, con cada medio. Ya sea la sala de una galería, como cuando montó “Padrecocha”, una performance audiovisual de aires andinos; en una fábrica abandonada (la performance colectiva “El depósito”); en la estación de autobuses donde realizó una improvisación; o en el baño de una tienda de ropa donde hizo un solo por cuatro horas; el violín grave y sutil, oscuro y melodioso, eléctrico y profundo de Sasaki revela otro idioma.

Lo clásico le sonaba elevado, ligero y, en cierta forma, antinatural. El estilo de Pauchi se sumerge en texturas  que no solo salen de esa lucha consigo misma, de lo que llama su “introspección orgánica y errática”, sino del diálogo con cada espacio y cada audiencia. “No es lo mismo tocar dentro de un baño, donde la música fue un elemento sorpresa, que en un almacén donde muchos estaban a la expectativa de lo que podía pasar, o en un teatro, donde la actitud de la gente es distinta”.

Cada público es diferente. Por eso ella trata de adaptarse, en especial al componer para otros. El 2014 participó en la Feria del Libro de Bogotá, donde demostró las fusiones musicales populares del Perú, grabó la música para tres películas (este año ya se ha embarcado en una más) y una serie de comerciales. “Algunos piensan que hacer publicidad es venderse. Yo me alegro cuando me dicen que mi sonido ha ganado otro color”.

(Foto: © 2015 Asociación Peruano Japonesa / Erika Kitsuta)


Expresión sin límites

Aunque hizo la carrera de Comunicación, todos los de Artes de su universidad la conocían, al punto de que pensaban que había estudiado con ellos. Se hizo popular en el circuito musical underground de Lima por donde se paseó su violín y también en los escenarios artísticos, donde llamó la atención por sus presentaciones audiovisuales. “El proceso de comunicación no acaba en la partitura, es un todo, un concepto como el de un guión de cine”.

Gama XII

Ahora ya no le dedica tanto tiempo a ensayar como a montar la producción de presentaciones como “In_travestido”, que dirigió con Juan Carlo Castillo, “Idiomediatez”, codirigida por Selma Bozanic o, más recientemente, “Gama XIII”, un concierto audiovisual montado en el Teatro Peruano Japonés junto a su hermana Nomi, en la producción visual y la realización en vivo del shodo, y que en sus anteriores versiones se exhibió en el Centro Cultural de España y en la Casa MATE, el Museo de Mario Testino.

“Siempre trato de introducir algo nuevo en cada presentación”, dice Pauchi, quien ha estado arriba de un escenario con músicos y bailarines (entre los que se encuentra el actor de butoh Kinya “Zulu” Tsuruyama) en España, Estados Unidos, Japón y otros países. Su última creación: “The Speaker Dress Wearable Sound Sculpture”, un vestido hecho con parlantes que interactúan con sus movimientos.


Formas y sonidos

(Foto: © 2015 Asociación Peruano Japonesa / Erika Kitsuta)

Pauchi es una artista conceptual que, en esta última etapa, busca explorar con sonidos más crudos a través de la música electrónica, siempre apoyada por un equipo interdisciplinario que contribuye a llevar sobre el escenario un lenguaje de formas y sonidos. “No son piezas musicales”, dice ella, quien trata siempre de registrar en video sus presentaciones para darles una conclusión audiovisual.

En el TEDx Tukuy del 2014, frente a una computadora, Pauchi Sasaki movió unas esferas de cristal en el aire que producían sonidos a través de sensores visuales. Dos violines (uno acústico, el otro eléctrico creado por ella misma) aguardaban su turno. “No sé qué me va a hacer sentir Pauchi esta vez”, recuerda que respondió en televisión uno de los espectadores que aguardaba por ingresar a uno de sus shows.

La performance musical o multimedia encierra sus inquietudes, como la exploración de los estados mentales, que descubrió en el cine de Andréi Tarkovski, o la versatilidad creativa, que admira en la actriz Meryl Streep. “Cada día es un mundo infinito, lleno de posibilidades para crear”, reflexiona el artista visual Abel Bentin, protagonista de uno de los comerciales en los que Sasaki se encargó de la composición sonora y la cineasta Claudia Llosa, nominada al Oscar en 2010, de la dirección.

“Hay que esforzarse pero no forzarse”, dice la violinista que se ha inspirado en un viaje por la selva y el sicuri, un baile andino. En la “Metamorfosis” de Ovidio y el “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla. En los paisajes y la fotografía. La improvisación, en un teatro, un estudio de grabación o el techo de una casona, es el formato en el que se encuentran las artes que dialogan con la poética de sus cuatro cuerdas.

 

© 2015 Javier García Wong-Kit

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