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110° Aniversario de la Inmigración Japonesa al Perú - Una reflexión necesaria: El aporte de lo peruano japonés al país

La comunidad peruano japonesa, que suma alrededor de 50 mil miembros en el país –y cuenta con un número similar en el Japón–, celebra este año el 110º aniversario de la inmigración nipona al país con una serie de actividades que se han concentrado en los meses de octubre y noviembre.

Las actividades se iniciaron en los primeros meses del año y como parte de ellas, en junio último el Perú recibió la visita del príncipe Hitachi, hermano del emperador del Japón.

Para darle un marco adecuado a estas celebraciones, la Asociación Peruano Japonesa nombró una comisión especial que, al tiempo de destacar la importancia de  la llegada de los primeros 790 japoneses al Perú el 3 de abril de 1899, se ha centrado en algo que estima es mucho más importante que la fecha en sí: reflexionar sobre los aportes que desde ese entonces a la fecha ha hecho la colectividad peruano japonesa en favor del desarrollo social, cultural y económico del país.

La Comisión 110, como es conocida ya, entiende que sólo así tendría sentido una celebración de esta naturaleza, pues los miembros de la colectividad peruano japonesa son peruanos, se deben al país y han de sembrar la simiente de la peruanidad en las futuras generaciones.

Por eso es que en el curso de estos meses se analizará el aporte hecho por el Japón en los campos de la arqueología, gastronomía, literatura, artes plásticas, etc., los mismos que serán evaluados y comentados por los especialistas peruanos de ascendencia japonesa, para ver hasta dónde se produjo esa asimilación y cuánto aportó la comunidad peruano japonesa.

Porque, en el fondo, los peruanos de ascendencia japonesa se sienten integrados al país y se identifican con lo peruano, aunque el aspecto físico pueda no decir eso. “Somos una botella de sake llena de Inca Kola”, suele decir el pintor Eduardo Tokeshi.  Para el poeta José Watanabe, “Nuestros rasgos, tiempo más, tiempo menos, terminarán como debe ser: disueltos en el paisaje mestizo de nuestro país.”

En la ruta hacia ese mestizaje, los peruanos de ascendencia japonesa destacan en todos los campos del saber y esgrimen con orgullo lo peruano, porque les pertenece y se sienten parte de él.

Así es como en la lista de los peruanos destacados se encuentran nombres como el del sismólogo Julio Kuroiwa, el poeta José Watanabe, los pintores Tilsa Tsuchiya y  Venancio Shinki, el chef Humberto Sato, el escritor Fernando Iwasaki, el compositor Abelardo Takahashi Núñez, la cantante folclórica Angélica Harada, el billarista Humberto Suguimizu, el karateca Akio Tamashiro, entre otros, quienes además han logrado poner en alto el nombre del Perú.

Esos logros no son de ahora. Se han ido cimentando a lo largo de los años. Si bien se tiene como fecha de inicio el 3 de abril de 1899, el primer japonés que pisó tierra peruana lo hizo en 1596, y desde ese entonces la presencia de lo japonés se hizo patente en el país.

Hoy, hasta en el habla popular se escuchan y escriben palabras tan comunes como karaoke, judo, karate, sushi, sayonara, kimono, bonsai, ikebana, katana, entre otras, prueba de que la integración se está dando inclusive en el lenguaje.

No hay que olvidar además que el Perú fue uno de los primeros países en América Latina en establecer relaciones de paz, amistad, comercio y navegación con Japón. Lo hizo en 1873 y cuatro años después en 1877, el Perú le compraba al Japón cepillos por un valor de 14,582.05 soles, aunque las estadísticas de ese entonces no registren ninguna exportación hacia ese país.

Otro hecho a destacar es que en 1890 el Japón hizo su primera inversión en el exterior, y lo hizo en el Perú, cuando Korekiyo Takahashi, que luego sería ministro de Finanzas del Japón, se vino al país con 500 mil yenes con el fin de explotar las minas de plata de Cahuaracra, en Junín.

Las relaciones entre los dos países tienen pues larga data, con mucho que mostrar. Desde los primeros japoneses que llegaron al país para trabajar en las haciendas cañeras y contribuir al desarrollo de la industria azucarera, hasta la fecha, donde destacan grandes corporaciones de propiedad de peruanos de ascendencia japonesa, el mensaje ha sido y sin duda será uno solo: engrandecer al país que cobijó a sus ancestros y les dio una nueva patria, a ellos y a sus descendientes.

* Este artículo se publica bajo el Convenio Fundación San Marcos para el desarrollo de la Ciencia y la Cultura – Japanese American National Museum, 2009- 2010.  Fue originalmente publicado en Panorama Mundial, Boletín electrónico del IDEI (Instituto de Estudios Internacionales) de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Año 1  No 4,  septiembre - octubre 2009

© 2009 Alejandro Sakuda

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