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絆2020:ニッケイの思いやりと連帯―新型コロナウイルスの世界的大流行を受けて

2020: confianza y ayuda mutua contra el coronavirus

En diciembre, después de casi nueve meses, me reencontré con varios amigos en dos ocasiones, ambas en espacios abiertos, al aire libre (una de ellas en un parque). 

Fue raro, sobre todo por los saludos, sin abrazos como se estila con entrañables y antiguos amigos, sustituidos por una tímida palmadita en los hombros, un choque de puños o lo usual ahora, una ligera inclinación de cabeza a cierta distancia, a la japonesa. En la Asociación Estadio La Unión, la institución deportiva de la comunidad nikkei en Perú, una pancarta advierte a los socios y visitantes de una serie de reglas preventivas contra el coronavirus, una de las cuales establece el “saludo a la japonesa”.

¡Cómo se ha pasado el año! Cuando el domingo 15 de marzo el presidente de Perú anunció una cuarentena de 15 días para restringir la propagación del coronavirus, qué cándidos fuimos al creer que la drástica medida lo doblegaría o controlaría.

Calles de Lima, desiertas durante la cuarentena. (Foto Andina/Braian Reyna)

También fuimos ingenuos al creer a los expertos —incluyendo al ministro de Salud— que nos decían que el virus alcanzaría su pico en abril, tras lo cual comenzaría su descenso. Las autoridades prorrogaban la cuarentena cada dos semanas, y crédulos aún, albergábamos la esperanza de que cada vez sería la última.

Se está acabando el año y aunque ya no hay cuarentena, la vida de muchos de nosotros apenas ha cambiado, minimizando en lo posible las salidas (y siempre en espacios abiertos). Ni la Navidad modificará eso. Visitar la casa de un familiar para almorzar o cenar (lo que implica quitarse la mascarilla), en un sitio cerrado (propicio para la expansión del virus), es una imprudencia.
 

REDES NIKKEI 

En este espeluznante año, gracias a las redes construidas en la comunidad nikkei, así como a sus instituciones, las cosas han sido menos difíciles.

Recuerdo cómo en los primeros meses de confinamiento una actividad tan simple como comprar alimentos era casi una operación de alto riesgo y una tarea que podía prolongarse durante horas. Las filas afuera de los supermercados eran larguísimas y una vez dentro tenías que hacer las compras con la mayor rapidez posible para que más gente pudiera ingresar y reducir los riesgos de contagio.

En aquellos tiempos, era usual que escasearan algunos productos (después de dos horas de cola entrabas al súper y descubrías que, por ejemplo, ya no había pollo o pan) o que a una hora tan temprana como las 2 de la tarde ya no admitieran más clientes, con lo cual volvías a tu casa con las manos vacías, como me ocurrió una vez.

Los servicios de delivery fueron nuestra salvación. Evitaban que saliéramos de casa y nos expusiéramos a una posible infección. Sin embargo, con tanta demanda, la oferta no alcanzaba. Era común que no te respondieran cuando solicitabas el envío de alimentos o artículos de limpieza, que te contestaran varios días después, o que te dijeran que podían cumplir con tu pedido recién dentro de tres semanas, un mes...

Intenté sin éxito usar los servicios de delivery de cinco o seis empresas o tiendas, hasta que me avisaron del de la Asociación Okinawense del Perú (AOP). Fue el primero que respondió y cumplió. Hasta hoy lo utilizo.

La confianza fue y es un factor clave. Cuando no se conseguían mascarillas u otros productos esenciales en tiendas o farmacias, la única alternativa era la venta online. ¿Pero cómo saber en quién confiar? Cada vez que encontraba a un vendedor, antes de contactarlo, googleaba su nombre, el de su empresa o su número de teléfono, y buscaba comentarios de clientes, para cercioriarme de que fuera fiable y no me estafara.

Con la AOP me ahorraba ese obstáculo, podía confiar a ciegas. Además, la confianza se extendía hasta el servicio. Una vez realicé un pedido a una gran cadena de supermercados, confiando en que serían eficientes. La operación se hizo por internet y los productos llegaron en la fecha acordada a mi casa. Sin embargo, se les había acabado uno de los artículos. Me aseguraron que me devolverían el importe. No lo hicieron y tuve que llamar repetidamente y enviar varios correos electrónicos para que casi un mes después me reintegraran el dinero. Nunca más usé su servicio. Ya no confiaba.

Todo lo contrario con la AOP. La primera o segunda vez que utilicé su servicio se olvidaron de una caja de huevos. Yo no me di cuenta hasta el día siguiente. No reclamé porque pensé que como no había verificado los artículos en el momento de la entrega, ya había perdido mi oportunidad. Me resigné.

Sin embargo, un día, sin que yo moviera un dedo, llegaron a mi casa con el producto olvidado. Rectitud y confianza, pensé. Valores que reditúan en fidelidad y reciprocidad. De un lado o de otro —productores, vendedores, distribuidores y consumidores—, somos parte de una cadena en la que todos ganamos.

La verdad, más que como eslabón final de una operación comercial, me siento integrante de una comunidad donde todos nos ayudamos mutuamente.

Gracias al valioso capital intangible de la confianza, la comunidad nikkei ha llegado lejos, y sus beneficios afloran en coyunturas difíciles como la actual.

Esa confianza ha permitido el surgimiento de redes en la comunidad nikkei que conectan a proveedores de productos y servicios con consumidores en un entorno seguro, donde los participantes pueden vender o comprar con la tranquilidad de saber que la otra parte cumplirá. La confianza ahorra dinero, tiempo y energía.

En un país de instituciones débiles como Perú, la solidez institucional en la comunidad destaca como dique contra la crisis. Si el servicio de delivery de la AOP no arrancó de cero fue porque tenía el respaldo de una institución, lo que permitió que se organizara con prontitud.

El hecho de tener instituciones fuertes facilitó, por citar otro ejemplo, el acopio y entrega de ayuda a la casa de reposo Emmanuel, que aloja a ancianos de la comunidad y donde el virus también causó estragos.

La campaña de ayuda a los sectores más vulnerables, Perú Ganbare, impulsada por la Asociación Peruano Japonesa (APJ), fue posible gracias a la fortaleza de una institución de más de cien años de antigüedad que sobrevivió a una guerra y su cierre, dispuesto por el gobierno peruano, aliado de EEUU, en la década de 1940.

La Asociación Peruano Japonesa, con el respaldo de otras instituciones nikkei, llevó ayuda a sectores pobres, golpeados por el coronavirus. (Foto Asociación Peruano Japonesa)

Si bien la pandemia ha trastornado nuestras vidas, estas de alguna manera tienen que continuar. Se vive de la comida, pero también de la cultura, y la APJ ha organizado eventos como el Salón de Arte Joven Nikkei, que congrega a jóvenes artistas de ancestros japoneses, o el Perú Kohaku Uta Gassen, que fue transmitido en vivo con la participación de músicos en Perú y Japón.

Por otro lado, la APJ llevó a cabo una misa virtual en recuerdo de los miembros de la comunidad fallecidos durante la pandemia.

Cuando uno revisa la historia de la inmigración japonesa al Perú, llama la atención cuán rápido y eficazmente se organizaron los japoneses y fundaron instituciones que sirvieron de soporte social, económico y moral a los miembros de la colonia. Más de 120 años después del arribo de los primeros issei al país, las redes que tejieron nuestros antepasados continúan sosteniéndonos y adquieren particular relevancia en estos tiempos de crisis.

En tiempos normales no reparamos mucho en su presencia, pero cuando brotan plagas como la actual, entonces nos percatamos de cuánto las necesitamos y agradecemos a nuestros abuelos y padres por haber creado instituciones hace 50, 100, 110 años, que hasta hoy nos ayudan.

RESISTIR, UN POCO MÁS 

Hace unos meses leí que en un país europeo que había atravesado la primera ola de coronavirus sin mayores sobresaltos (la segunda sí es devastadora) existía gente que no creía en el virus porque muy pocos de sus habitantes (alrededor del 11 por ciento) conocían a personas que se hubieran infectado. Me sorprendió el gran contraste con el Perú, uno de los países más golpeados por la pandemia. No creo que aquí exista alguien que no conozca a una persona fallecida por covid-19 (pariente, amigo o conocido).

Hace más dolorosa la situación la soledad de las despedidas, la imposibilidad de acompañar a los deudos y, en el caso de la comunidad nikkei, de colaborar con los gastos a través de sobres (aunque, por suerte, están surgiendo iniciativas para mantener esta arraigada práctica).

En fin, solo queda seguir cuidándonos y resistiendo. Todos queremos que el 2020 se acabe ya. Sí, sabemos que el virus, así como no distingue fronteras, etnias o culturas, tampoco se fija en las convenciones humanas sobre la división del tiempo. Le da lo mismo el 31 de enero que el 1 de enero. De un día a otro —aunque este pertenezca al siguiente año— no se va a debilitar o volver menos contagioso.

Sin embargo, el principio de un nuevo año genera un efecto psicológico positivo, nos recarga, como si volviéramos a empezar, como si aún estuviésemos enteros (aunque la carrocería esté dañada). Hay que aprovechar el envión (que inexorablemente se diluirá con el transcurrir del tiempo) para reforzar el ánimo y almacenar suficiente energía hasta que llegue la vacuna. Ha sido un año horrible, pero al menos lo despedimos con la certeza de que la pesadilla tiene fin a mediano plazo. A mantener la esperanza.

 

© 2020 Enrique Higa Sakuda

community covid-19 Kizuna2020 Lima pandemic peru

このシリーズについて

人と人との深い心の結びつき、それが「絆」です。

2011年、私たちはニッケイ・コミュニティがどのように東日本大震災に反応し、日本を支援したかというテーマで特別シリーズを設け、世界中のニッケイ・コミュニティに協力を呼びかけました。今回ディスカバーニッケイでは、ニッケイの家族やコミュニティが新型コロナウイルスによる世界的危機からどのような打撃を受け、この状況に対応しているか、みなさんの体験談を募集し、ここに紹介します。 

投稿希望の方は、こちらのガイドラインをご覧ください。英語、日本語、スペイン語、ポルトガル語で投稿を受け付けており、世界中から多様なエピソードをお待ちしています。みなさんのストーリーから連帯が生まれ、この危機的状況への反応や視点の詰まった、世界中のニマ会から未来に向けたタイムカプセルが生まれることを願っています。 

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新型コロナウイルスの世界的大流行に伴い、世界中で多くのイベントが中止となりましたが、新たにたくさんのオンラインイベントが立ち上げられています。オンラインで開催されるイベントには、世界中から誰でも参加することができます。みなさんが所属しているニッケイ団体でバーチャルイベントを開催する予定があるという方は、当サイトのイベントセクションに情報の投稿をお願いいたします。投稿いただいたイベントは、ツイッター(@discovernikkei)で共有します。今自宅で孤立している方も多くいらっしゃると思いますが、オンラインイベントを通して新しい形で互いにつながれることを願っています。