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Recuerdos de vida: Testimonios de nikkei de Lambayeque

[Nota de edición]: Lambayeque es un departamento en la costa norte del Perú, a donde llegó un importante número de inmigrantes japoneses desde fines del siglo XIX, para trabajar en las haciendas agrícolas. Hoy cuenta con una comunidad nikkei que llega a la quinta generación.

“El colegio japonés marcó mi vida”

Luis Kanno, nisei de Ferreñafe

Una silla de peluquero, un gran espejo en la pared y la foto de una pareja, un inmigrante japonés y una peruana, nos dan la bienvenida a la casa de Luis Franco Kanno Núñez, un nisei oriundo de Ferreñafe. Los de la foto son sus padres.

Su papá, Satashichi Kanno, o Roberto como se hacía llamar por la difícil pronunciación de su nombre, llegó en 1916 al Perú, procedente de Fukushima, para trabajar en la Hacienda Tumán. Luego se mudó a Ferreñafe, donde abrió una peluquería y conoció a su futura esposa, Virginia Núñez Delgado.

Como a tantos japoneses, a Satashichi lo engañaron. El contratista que lo trajo le prometió que con el dinero que ganaría en un año podría retornar a Japón y establecer un negocio. Sin embargo, al cabo de un año no tenía ni para el pasaje.

Luis, que se dedica a la peluquería como su padre, estudió en el colegio japonés de Chiclayo desde los 7 hasta los 10 años. Con lágrimas y voz entrecortada evoca: “Muy buenos recuerdos tengo del colegio japonés. Marcó mi vida porque supe la importancia de la formación japonesa, sobre todo los principios y valores. Había una limpieza de alma única”.

La casa de los Kanno Núñez era punto de encuentro de los japoneses residentes en Ferreñafe. Se reunían los domingos para evocar su patria y hablar sobre sus vidas, mientras comían sukiyaki.

Luis no participa actualmente en las actividades de la colectividad nikkei, pero su hija sí lo hace en representación de la familia. Recuerda que tras la Segunda Guerra Mundial, los entonces jóvenes nisei comenzaron a agruparse para reconstruir la colonia. “Me siento peruano, pero es un honor para mí tener sangre japonesa”, subraya.

EL PERÚ ERA SU PATRIA

Martha Uchiyama

Martha Uchiyama Takayama conserva con cariño las fotos de su padre, Takeaki Uchiyama. Son un tesoro para ella. Takeaki arribó al Perú en 1929, llamado por uno de sus primos, para trabajar en un bazar en Chiclayo. Tenía apenas 16 años y era natural de Kumamoto.

En el Perú formó familia y halló una nueva patria. Retornó a Japón 62 años después de migrar, pero ya no era el país que había dejado. No se sentía cómodo en él. Su vida estaba en el Perú.

La guerra era un tema tabú para Takeaki. No hablaba con sus hijos sobre la más dura etapa que enfrentaron los inmigrantes japoneses en el Perú. En su casa solo se hablaba español.

Sobre su madre, Martha recuerda que no toleraba que en la calle las llamaran “chinas” o “chinitas”. Cuando alguien lo hacía, ella lo encaraba.

Foto del archivo familar de los Uchiyama Takayama.

HISTORIAS DE JAPÓN

Amanda Takahashi Núñez, con su hija y nieta.

Amanda Takahashi Núñez es hermana del famoso compositor Luis Abelardo Takahashi Núñez, que falleció en 2005 en Japón.

Su padre, Sakuzo Takahashi, llegó a Ferreñafe en 1916 procedente de Fukushima para trabajar en la Hacienda Batán Grande. Tiempo después se independizó abriendo un restaurante llamado Tokio,donde vendía comida criolla.

Tras la muerte de su esposa Tercila Núñez, Sakuzo tuvo que sacar adelante a sus cinco hijos. Amanda recuerda que su padre se sentaba en las tardes con ellos para contarles historias sobre Japón.

Actualmente, su hija, su nieta y su bisnieta la representan en las actividades de la colectividad nikkei.

EJEMPLO DE LABORIOSIDAD

Yoshio Oyama nació en el campo de concentración Crystal City en 1944. Su padre, antes de ser deportado, tenía una relojería. Vestía bien y ostentaba objetos de oro.

Tras culminar la guerra y ser liberados, la familia Oyama retornó a Japón. Al cabo de aproximadamente doce años, el padre de Yoshio recibió el llamado de un primo establecido en el Perú que necesitaba brazos para su restaurante. De ese modo, los Oyama retornaron al país, primero a Talara y luego a Chiclayo.

Cuando el tío de Yoshio se apartó del restaurante para abrir una ferretería, su papá se quedó con aquel negocio.

Yoshio recuerda que su padre trabajó hasta una avanzada edad. Cuando le decía que descansara, que no trabajara tanto, él le replicaba que uno, aunque viejo, tiene que seguir luchando y estando en actividad.

Impulsado por el espíritu de laboriosidad que le transmitió su padre, Yoshio busca incentivar a los jóvenes nikkei de Chiclayo para que se unan, pues de ellos depende el futuro de la colectividad.

Yoshio Oyama nació en Cristal City

FIEL A SUS COSTUMBRES

El padre de Juana Matsuoka, Shiguete, llegó al Perú en 1915. Estudiaba agronomía en Japón y su familia era dueña de una planta de procesamiento de gusanos de seda, pero decidió migrar para huir de su madrastra, que lo maltrataba continuamente.

Shiguete se instaló en el norte del Perú y trabajó en la Hacienda Tumán. Era un hombre muy apegado a los costumbres de su país. En su tiempo libre preparaba platos japoneses y les ponía osenko a sus padres.

Juana, dueña de una pollería desde hace más de 25 años y la mayor de ocho hermanos, recuerda que su padre intentó sin éxito enseñarle japonés. “Yo me reía y él me botaba”, narra entre risas.

Juana Matsuoka (segunda de la derecha), junto a familiares.

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 74, y adaptado para Discover Nikkei.

© 2013 Asociación Peruano Japonesa

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