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Onigiri: del manga y el anime a la historia de la inmigración japonesa

Gustavo Barreda Fudimoto y Gerardo Higa Arakaki son amigos desde que estudiaban en el colegio La Victoria. (Foto: Onigiri Producciones)

La palabra onigiri, incluso para quienes están familiarizados con la comida japonesa, es pegadiza. Tiene imán, gancho. Fue el nombre que eligió el comunicador Gerardo Higa Arakaki para bautizar un emprendimiento universitario en línea que difundía el manga y el anime en el Perú en la década de los 2000.

Esa apuesta lúdica de juventud, Onigiri TV, se fue transformando con los años en una empresa, Onigiri Producciones, dirigida por Gerardo y su amigo de colegio, Gustavo Barreda Fudimoto, que realiza documentales sobre la historia de la inmigración japonesa al Perú, transmite eventos de la colectividad nikkei en vivo y produce un canal de YouTube que hace de puente con comunidades de origen japonés de otros países, entre otras cosas.


SALTO CUALITATIVO 

En la vida profesional de Gerardo y Gustavo hubo un trampolín: Watshoi TV. Fue como llegar a ligas mayores. La Asociación Peruano Japonesa (APJ), a través de su Departamento de Juventudes, les encomendó en 2013 la creación de un canal en internet para difundir actividades de la institución entre los jóvenes nikkei de una manera ágil y, así, acercarlos a la comunidad.

Cuando hacían Watshoi TV, canal en línea dirigido a los jóvenes nikkei. (Foto: Onigiri Producciones)  

Ya no se trataba de cubrir eventos sobre manga y anime que podían convocar público o no, salir bien o mal, en fin, que se hacían como buenamente se podía, sino de un proyecto institucional que si bien buscaba atraer al público joven con una propuesta fresca, alejada de rigideces, su confección y puesta en escena entrañaba orden, estructura y responsabilidad.

El salto cualitativo y cuantitativo a Watshoi TV implicó para ambos la adquisición de más equipos, el reclutamiento de colaboradores, la ampliación y diversificación de sus operaciones y, sobre todo, su inmersión en la colectividad nikkei, el ingreso a un mundo que les abrió muchas puertas.

Poco a poco comenzaron a abrirse paso. Desde entonces han elaborado cuatro documentales de corte histórico: Chancay Nikko, Odori: 110 años de historia y tradición en el Perú, Descendientes (testimonios de cuatro nikkei de origen okinawense) y uno inédito sobre los yanaconas (agricultores issei) que esperan publicar este año.

Rubén Sugano, embajador de buena voluntad de Okinawa y difusor de la historia de la inmigración japonesa, fue clave en la aproximación de Onigiri a los documentales.

Asimismo, se convirtieron en los transmisores del matsuri de la Asociación Estadio La Unión, la actividad anual organizada en el seno de la comunidad nikkei que más gente congregaba antes de la pandemia de coronavirus (hasta 20 mil personas).

A medida que se iban haciendo conocidos, también hacían trabajos con otras instituciones, como las organizaciones prefecturales (kenjinkai, shi-cho-son).

Las cosas no fueron fáciles al principio. Gerardo y Gustavo tuvieron que vencer la resistencia o escepticismo de quienes no creían en las transmisiones de eventos por internet, en una época en la cual todavía se apostaba por formatos físicos.

Gustavo recuerda que había personas que les preguntaban dónde podían comprar las grabaciones, si vendían DVD, etc. Cuando respondían que podían verlas por internet, que cualquier persona —desde cualquier parte del mundo— podía hacerlo, que estaban disponibles en YouTube, a sus interlocutores les costaba asimilar la innovación. Hubo que “romper estructuras mentales”, dice.

Una vez publicados los videos en internet, asomaba un nuevo obstáculo: que los nikkei comentaran en las redes sociales o plataformas virtuales. Ahora es habitual, pero en aquella época no. Su participación se limitaba a likes. No había comentarios. La poca expresividad de los descendientes de japoneses también se hacía notar en línea, hasta que de manera paulatina se acostumbraron a manifestarse.

Watshoi TV acabó un ciclo, pero Gustavo y Gerardo no se cruzaron de brazos y abrieron un nuevo canal, Kizuna TV, que muestra al mundo a la comunidad nikkei peruana, su historia y actividades.

Una de las secciones del canal es “Ganbatte”, dedicado a negocios nikkei, como restaurantes. Al principio sus protagonistas fueron exdekasegi, pero después se abrió al resto de la comunidad.

Onigiri Producciones creció, dentro y fuera de la comunidad, embarcándose también en lanzamientos de productos en streaming, la realización de videos institucionales, manejos de redes sociales de organizaciones, entre otras tareas.

El emprendimiento de los dos amigos de colegio llegó a ser una empresa con diez trabajadores, departamentos de marketing y diseño, un calendario lleno de proyectos laborales, hasta que llegó la pandemia y, como todo el mundo, pararon en seco.

SOBREVIVIENDO A LA PANDEMIA 

Hoy, de Onigiri Producciones solo quedan Gustavo y Gerardo. Al frente de la empresa, le dieron alas a su gente para que volara a otros destinos ante la escasez de trabajos.

Por fortuna, con el país instalado en una extraña normalidad forzada por el virus, comenzaron a llegar los proyectos (aunque sin alcanzar los niveles prepandémicos). “Gracias a Dios hubo chamba”, dice Gerardo. Cuando es necesario, llaman a sus excolaboradores para trabajos específicos.

En este año y pico de pandemia, Onigiri se ha encargado de la transmisión en línea de eventos como el Salón de Arte Joven Nikkei, el Congreso Nikkei o el Perú Kohaku Uta Gassen.

En paralelo, lanzaron la revista Gambateando, que nació como un directorio de empresas nikkei, y que hoy es una publicación con artículos, entrevistas y una sección cultural a cargo del escultor Haroldo Higa, promotor del arte joven nikkei.

TU HISTORIA, TU FAMILIA

Gerardo y Gustavo se conocen desde que estudiaban en el colegio peruano japonés La Victoria. Como miembros de la comunidad nikkei, sabían un poco de su historia, pero ha sido gracias a su trabajo que han profundizado su conocimiento de ella y, en especial, revalorado a su familia como parte de un colectivo con 122 años de presencia en el Perú.

“Cómo quisiera entrevistar a mis abuelos, a mi mamá, que ya no están”, dice Gustavo, que ha entrevistado a numerosos nikkei para indagar sobre sus historias. No pudo hacer lo mismo con sus ancestros y le hubiera gustado, por ejemplo, interrogar a sus abuelos sobre sus vidas en Barranca, provincia donde se asentaron ellos, así como muchos inmigrantes japoneses.

Conocer mejor la historia le ha ayudado a entender cosas que antes le resultaban difíciles de captar, como el hecho de que su abuela no hablara en japonés con él. Gustavo entendió que debido a las traumáticas secuelas de la guerra los inmigrantes prefirieron que sus hijos se formaran como ciudadanos peruanos, motivo por el cual la transmisión del nihongo perdió fuerza. También entendió costumbres o hábitos familiares. “Entiendes mejor a tu familia”, apunta. “Si no buscas tu historia, no vas a entender”.

Bucear en la historia también le ha permitido ser consciente de que si hoy existen instituciones como APJ fue porque antes hubo personas que la construyeron y aportaron ideas y brazos para que creciera. “Hay un trabajo antes que yo”, afirma Gustavo, como integrante de una comunidad que avanza sobre lo forjado por sus antepasados.

Los nikkei ven instituciones, edificios, infraestructura, y lo dan por sentado, desconociendo cómo se levantaron, añade.

En el caso de Gerardo, las investigaciones en busca de insumos para los documentales lo han aproximado a su historia familiar, han hecho posible que conozca mejor a sus ancestros. Su abuela, por ejemplo, fue una de las primeras profesoras de odori en el Perú, y su abuelo enseñó en Lima Nikko, el colegio japonés más grande de la comunidad, clasurado durante la Segunda Guerra Mundial. Más conoces, más valoras y más quieres conocer, resalta.

El trabajo les ha deparado satisfacciones. Acercar a jóvenes nikkei a su comunidad, a sus instituciones, es una de ellas. “Hemos acercado gente, ha sido algo muy bonito”, manifiesta. Conocer países, personas, historias, es otra. Gerardo recuerda en particular su experiencia en Okinawa en 2016, para grabar el Uchinanchu Taikai. “Fue increíble”.

Gerardo y Gustavo en el Uchinanchu Taikai, Okinawa, en 2016. (Foto: Onigiri Producciones)

Todos los trabajos han representado un reto para los dos. “En todos hemos aprendido algo”, dice Gustavo. Por su parte, Gerardo quiere todo lo que han hecho, no tiene preferencia por ninguno en particular.

No hay límites para ellos. “Hacemos realidad las ideas locas que tengan. Ni siquiera pensaban que se podía, pero nosotros lo hicimos”, dice Gerardo en alusión a sus clientes.

SUEÑO PENDIENTE 

Hace años, Gustavo y Gerardo comenzaron a preguntar a descendientes de japoneses de toda condición, desde renombrados artistas hasta personas comunes, qué significa para ellos ser nikkei.

¿Su objetivo? Hacer un documental sobre la nikkeidad. Y no solo en el Perú, pues también han hecho la pregunta en Argentina. Su idea era llevar el proyecto a Japón, donde el significado de ser nikkei no necesariamente coincide con el de los descendientes en el Perú. Un proyecto prometedor que no avanzó más por falta de financiamiento, pero que esperan reanudar. Algún día la pandemia acabará y su sueño todavía seguirá en pie.

 

© 2021 Enrique Higa Sakuda

Gerardo Higa Arakaki Gustavo Barreda Fudimoto Onigiri Producciones Peru Watshoi TV