ジャーナルセクションを最大限にご活用いただくため、メインの言語をお選びください:
English 日本語 Español Português

ジャーナルセクションに新しい機能を追加しました。コメントなどeditor@DiscoverNikkei.orgまでお送りください。

Bicentenario del Perú, 122 años de presencia nikkei

El 28 de julio de 2021 el Perú cumplió 200 años de existencia como país independiente. En 1976, Estados Unidos celebró su bicentenario con festividades realzadas por la visita de la reina Isabel II, con fuegos artificiales y desfiles. La conmemoración en el Perú, con alrededor de 200 mil personas muertas por Covid-19 y una sociedad dividida por las recientes elecciones presidenciales, fue muy diferente. El país no estaba para fiestas.

Sin embargo, la vida continúa. Ampliar la perspectiva para rebasar la lúgubre coyuntura y no extraviarse en este maremágnum de conflictos y fuego cruzado en que se ha convertido el país, con el fin de afrontar el futuro mejor equipados, se hace necesario.

No existe futuro sin historia, y en los 200 años de historia del Perú la comunidad nikkei ha tenido una significativa presencia en los últimos 122.
 

CONTRIBUCIONES AL PALADAR Y LA SALUD 

A los habitantes del hiperconectado siglo XXI nos resulta muy difícil imaginar qué pasaba por la cabeza de los 790 japoneses que formaron parte del primer grupo de inmigrantes que arribaron al Perú en 1899 cuando viajaban en barco desde Japón.

Si para actividades tan simples como ir a un restaurante o un cine leemos antes críticas o reseñas en línea, ¿cómo concebir lo que habrá significado para ellos emprender una travesía de más de un mes a un país del que no sabían nada, completamente distinto del suyo? Hasta un vuelo al espacio exterior hoy tiene más certidumbre que la travesía que hicieron ellos a fines del siglo antepasado.

Lo que sí es posible imaginar es que esos cientos de hombres jóvenes y de mediana edad, de 20 a 45 años, tenían la certeza de que volverían a su país. Viajaron con contratos de trabajo de cuatro años y la expectativa de trabajar, ahorrar y pegar la vuelta a Japón para retomar sus vidas.

Ya sabemos que no fue así. Y que ellos, sin saberlo ni proponérselo, fueron los primeros hombros sobre los cuakes se edificó la comunidad nikkei peruana, sin cuya presencia la historia del Perú hoy sería distinta.

Cuando se repasa la historia de la inmigración japonesa al Perú y los reflectores apuntan a las contribuciones de la comunidad nikkei al país, brillan nombres como los de los artistas Tilsa Tsuchiya y Venancio Shinki, el escritor José Watanabe o el empresario Carlos Chiyoteru Hiraoka.

Sin embargo, más allá de luces individuales, destacan las creaciones colectivas. Y, quizá, ninguna tan generosa y mediática como la cocina nikkei. Si bien en esta descollan individuos como Minoru Kunigami, Rosita Yimura o Humberto Sato, su nacimiento es obra de una comunidad que hizo de la fusión un arte.

El tiradito, uno de los platos más celebrados de la cocina nikkei (foto Andina)    

Lo decía el mismo Humberto Sato cuando lo señalaban como el maestro de la cocina nikkei. El nisei se bajaba del pedestal donde lo ponían otros y atribuía los méritos al colectivo: a los issei, la generación a la que pertenecía su padre oriundo de la prefectura de Fukushima, así como a sus hijos, que mantuvieron el legado culinario de sus progenitores y lo enriquecieron con sus propios aportes.

El legado hoy recae en los sansei y las generaciones posteriores, que están llevando la cocina nikkei al mundo, internacionalizando una culinaria que no es japonesa, como algunos todavía creen, sino una de las vertientes más ricas de la diversa y copiosa gastronomía peruana.

Si el término “nikkei” ha alcanzado cierta trascedencia fuera de los confines de la comunidad, si acumula acepciones positivas incluso en el extranjero, es gracias a esa cocina que nació del ingenio y la creatividad de inmigrantes japoneses hace más de un siglo.

Las contribuciones de la comunidad nikkei no los agradecen solo el palador o el estómago, sino también la salud o el espíritu.

El policlínico Peruano Japonés y la clínica Centenario velan por la salud de una gran cantidad de personas en Lima. El teatro Peruano Japonés es uno de los grandes escenarios artísticos (obras teatrales, conciertos musicales, etc.) de la capital peruana. El Centro Cultural Peruano Japonés alberga numerosas actividades culturales, desde la Semana Cultural de Japón hasta presentaciones de libros, mientras que la Asociación Estadio La Unión (AELU) es uno de los principales clubes deportivos del Perú.

Estas grandes obras de infraestructura se construyeron con el propósito original de atender a miembros de la comunidad (AELU fue fundado por los issei para que sus jóvenes hijos tuvieron un campo deportivo) o a partir de determinadas efemérides nikkei (la clínica Centenario nació, por ejemplo, con ocasión del 100 aniversario de la inmigración japonesa al Perú). Empero, superaron con holgura su objetivo primigenio y hoy su alcance es nacional. Son obras que traducen en actos la vocación de servicio de una comunidad.
 

UNA GUERRA CON RESONANCIAS 50 AÑOS DESPUÉS 

El acontecimiento que más impacto ha tenido en la historia de la comunidad nikkei en el Perú es, sin duda, la Segunda Guerra Mundial. Fue la más golpeada en América Latina: deportación de alrededor de 1.800 personas a campos de internamiento en Estados Unidos, saqueos de cientos de negocios, cierre de instituciones, colegios, medios de comunicación, etc.

Los gobiernos de Estados Unidos y el Perú se coludieron para aniquilar la prosperidad que los inmigrantes habían alcanzado gracias a la fuerza de sus brazos y su determinación. Además de perderlo todo, fueron expulsados de territorio peruano y recluidos en otro país sin haber cometido ningún delito.

Tras el fin de la conflagración bélica en 1945, la comunidad se puso manos a la obra pronto. Eran tiempos de reconstrucción. Como ejemplo, en 1953, apenas ocho años después, se colocó la primera piedra de AELU.

La comunidad volteó la página con rapidez. Los planes se modificaron: ya no habría retorno a Japón; el Perú sería el hogar definitivo.

La guerra fue aparcada del imaginario colectivo nikkei, pero no enterrada. Casi medio siglo después resucitó en los recuerdos cuando Alberto Fujimori postuló a la presidencia del país en 1990.

Gran parte de la comunidad (probablemente la mayoría) se opuso a su candidatura, no por razones políticas o ideológicas, sino por el temor a que un gobierno defectuoso o malo de Fujimori derivara en represalias u hostilidad contra los nikkei como durante la guerra.

El miedo se acrecentó debido a que durante la campaña electoral hubo algunos actos antinikkei (insultos, impedimento de entradas a negocios, etc.) por parte de sectores de la clase alta limeña. Parecía que la historia se repetía (aunque a mucho menor escala). El sector más reacio al candidato Fujimori fue el de los issei, aquellos que habían sufrido en carne propia los efectos de la guerra (sus hijos aún eran chicos o no habían nacido).

En 1990, no se podía desligar a Fujimori del colectivo del que procedía. El ingeniero nisei no era solo un individuo, sino también una comunidad. Tanto así que la buena imagen de los nikkei contribuyó a que ganara.

31 años después, sin embargo, las cosas han cambiado. Su hija, Keiko, que ha postulado sin éxito tres veces a la presidencia del Perú, no es asociada con la comunidad. La suerte de esta y la de la excandidata transitan por carriles distintos.

DE UN CENTENARIO A OTRO 

En 1921, el Perú cumplió cien años de su independencia de España. La colonia japonesa decidió sumarse a los festejos obsequiando al país que les ofreció una tierra para construir su futuro una estatua de Manco Cápac, mítico personaje del imperio inca. El monumento fue inaugurado cinco años después en una plaza de Lima, con presencia del presidente del Perú.

PlazaMancoCápac.jpg

Un siglo después, los descendientes de japoneses conmemoran el bicentenario de la independencia del Perú como parte intrínseca del país, ya no como un enclave que ofrece un regalo a la tierra que lo hospeda. Nikkei tiene su origen en Japón, pero es Perú.

 

© 2021 Enrique Higa

bicentennial Comunity Peru