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Collective Future

El ojo de un dragón en China - Parte 1 de 3

Entre Japón -el lugar de origen de mis abuelos- y China, mi esposa y yo elegimos China debido a la desgracia que sufrió Fukushima por sus reactores nucleares.

Para visitar Japón, hemos escogido esperar (paciencia, como característica oriental) a que los mismos japoneses retomen las energías anteriores para nosotros conocer a plenitud el país, sus paisajes, atracciones turísticas y, lo más importante, las costumbres de su gente y su cultura.

Turistas que estuvieron en Japón hace un mes cuentan que las personas en Tokio están frías y distantes ¿será que esperaban un recibimiento caribeño? pero también se puede especular que están con los ánimos bajos por ver sus vidas trastocadas de forma tan contundente, concentrando sus energías en la recuperación para, después, volcarse, nuevamente, al mundo.

Así es que el apagón nuclear es loable; buena decisión el que este gran país eligiera apagar sus reactores para mantenimiento y no volverlos a encender hasta tener todo bien claro; es un ejemplo mundial sólo el repensar volver a encenderlos…

Esto último es producto de la consideración y respeto por los demás y la naturaleza, heredada por muchísimas generaciones (aunque se esté perdiendo ante el consumismo actual y ante la alienación –negación de raíces- que sufren los jóvenes, lamentablemente, de forma pandémica en todo el planeta).

Puedo verlo de esta forma porque, en el Perú, la colectividad Nikkei tiene valores antiguos heredados de abuelos y bisabuelos que los trajeron del Japón del pasado, pre y post guerra.

Agradezco haber heredado algunos de estos valores y algunas costumbres aunque sé que he obviado la mayoría –incluido el idioma japonés- debido a la adaptación social que presiona a todos de igual forma.

Aparte, se suma el que muchas costumbres son arcaicas y se convierten en trabas para trotar junto con el avance de las sociedades (aquellos que se entercan en ser como siempre han sido, viven en obsolescencia… sólo hay que conservar lo que nos sirve, y esto es, lo que causa bienestar común).

Un viaje a oriente, lejano para occidente por distancia y costumbres, es esclarecedor y motiva a seguir viajando, a conocer a la humanidad, a apreciarla y a difundir lo que representa y lo que construye.

Beijing (Pekín), primera ciudad visitada

Llegar fue un suplicio físico para la cintura y el trasero; hoy admiro a los que van y vienen de oriente, acostumbrados a una cabina presurizada por más de medio día y a viajes de un día o más en pésimas condiciones de comodidad (sobretodo de higiene) con sustancias “aromatizantes” soltadas por las aeromozas de ida y de vuelta en toda la cabina (quién sabe qué otras sustancias contendrá además de aceites sintéticos olorosos… no puedo dejar de especular debido a las “utilidades” salvajes que muchas empresas destacan como su principal objetivo en vez del Servicio a los demás).

Ya con los pies en tierra, la primera tarde fue un tanto estresante porque todo son “garabatos” en chino (hoy, después de lo vivido, tengo muchas ganas de aprender el chino mandarín).

Marcas en chino

Las calles están muy limpias, bien señalizadas, con muchos policías y gente por montones entrando y saliendo de tiendas, caminando, paseando, comiendo grandes cantidades (sin ser obesos).

Esta ciudad es el centro político de este país comunista abierto al capitalismo.  Sin movimiento financiero, ninguna sociedad de la actual civilización materialista, sobreviviría.

El consumismo es evidente en todas sus calles, con sus grandes tiendas y marcas mundiales lujosas cuyas tiendas propias aún no se encuentran en el Perú, por ejemplo Ferrari, Bugatti, Maserati, celulares Tag Heuer (además de relojes) y Vertu (línea de lujo de Nokia, que está por venderla), impresionantes por sus diseños súper refinados y excelentes materiales además de precios exorbitantes.

Hay que sumarles las conocidas Apple, Nike, Adidas, Puma, Swarovski (aunque sea vidrio tratado) y tantas marcas que sí podemos encontrar en el Perú con tiendas propias, que muchas veces, lamentablemente, las personas utilizan para definirse a sí mismas (“mírame, soy lo que uso y lo que tengo y voy a comprar allí”).

Como ficticia contraparte a este materialismo consumista de lujo… yuxtapuesto, en realidad, el partido comunista está presente en todos los “anillos” urbanos que definen el crecimiento de la ciudad a través de edificios estatales con sus necesarios símbolos y banderas del país en muchas avenidas; dicen que hay 6 anillos urbanos hasta el momento aunque en Google maps sólo se identifican 5 pero es el primero el que no está definido y parece que se remite a los alrededores de la Ciudad Prohibida.

Lo opuesto a la idea del comunismo que tiene casi todo visitante occidental, fue el lujo extremo que se encuentra: además de las marcas y hoteles boutique y de lujo, los edificios nuevos con “courtain walls” (cerramientos de vidrio) son muy notorios y las construcciones en proceso se ven por donde se voltee la cabeza (los libros Cuentos chinos y ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y la clave del futuro del argentino Andrés Oppenheimer lo retratan muy bien).

También hay que mencionar la iluminación de edificios que hace que los centros de algunas ciudades chinas sean espectaculares de noche.

Caminando en Beijing

La ruta en Beijing… en chino, y nombrado “Pekín” por los ingleses, provino de un paquete turístico que creí iba a desmerecer conocer a la China ancestral detrás de las fotos en Internet y videos en YouTube (al que no se puede acceder en China, como tampoco al popularísimo y –para mí- sin objetivo, Facebook).

Creí que por ser “turístico” no iba a ver lo que está en los idílicos de folletería promocional y comentarios “super” de viajes que otros tuvieron… pero fue un viaje excelso.

Todo estaba bien engranado, bien pensado inclusive una “consulta médica” a través del pulso tomado con los 3 dedos centrales por doctores jubilados para recetar hierbas que, utilizando al miedo inherente en toda enfermedad, sumado a un buen marketing de palabras vendedoras, es parada para muchos buses con turistas como parte del recorrido.

Muy aparte de estos doctores milenarios (no por edad aunque algunos podían serlo, sí por conocimiento mantenido como buena herencia) los lugares de visita incluidos en el tour eran “firmes”, legales, creíbles: fábricas grandes y con muchos clientes que sumaban en los turistas un ingreso más.

Lo peculiar fue encontrar un Chinatown en la capital China, tal como hay otras agrupaciones por etnia o nacionalidad en distintas ciudades de este país (rusos, japoneses, musulmanes, coreanos, etc).

De vez en vez nos cruzábamos con palabras en japonés, que no entendíamos pero sí reconocíamos… pero al mirar, se perdían ya que al no vivir allí, “todos son iguales”, como pasa cuando se visita cualquier lugar con distintos genes y con tantas personas alrededor, siempre.

Algo que sorprende a occidentales es ver a caucásicos hablando por teléfono móvil en chino mandarín.  El sonido del idioma es elegante y rítmico cuando se habla con tranquilidad y buen tono de voz; nada tiene que ver con los gritos que escuchamos en los restaurantes chinos en Latinoamérica ni en las películas que muestran a cocineros chinos con bigotito tirando ollas, limpiando pisos, fumando y cocinando mientras hablan gritando, todo a la vez.

Gente por todos lados

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© 2012 Victor Nishio Yasuoka

china peru travel

このシリーズについて

Victor Nishio Yasuoka experiments with Nikkei life in Peru. He asks himself, “What is being Nikkei?” so as to imagine a local and global collective future. Besides, he examines historical and contemporary racism, offering an explanation of the consequences of the expression “Chino” [akin to “Chink”] and its deep-rooted reasons. And finally, from his professional vantage point, he provides a personal overview of the field of Fine Arts and the cultural support given to artists in the community.