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Bonsái: la constante búsqueda de la perfección

A Luis Takehara su vida profesional lo llevó a trabajar con agencias marítimas, barcos pesqueros y la exportación de productos marinos, especialmente al Japón. Toda una vida dedicada al mar que hace 13 años encontró en la tierra y las maravillosas plantas que ésta produce la razón que hoy ocupa sus días.

En 1997, Takehara vivía una pausa en su vida laboral y recién se había mudado a Cieneguilla (en las afueras de Lima). En sus paseos para conocer el vecindario una planta de hojas rojas llamada humalanta, que abundaba en las casas vecinas, atrajo su atención.

Después de mucho observarlas, cortó algunas ramas que escapaban de los cercos para sembrarlas en su jardín y ver si prendían. Y lo hicieron. Verlas crecer bajo su cuidado lo iniciaron en el cultivo de las plantas y lo alejaron definitivamente del mar. Recordar a su padre trabajando en un bonsái lo impulsó a buscar libros sobre el tema,  que además de escasos resultaron costosos. A pesar de ello, poco a poco e intuitivamente se inició en el arte del bonsái, y es hoy uno de los mayores conocedores en nuestro país.

En busca de la perfección

Pero ser un conocedor no es tarea fácil y Luis Takehara se lo debe a una constante dedicación que lo lleva a empezar sus días a las 5 de la mañana, con el calculado riego que necesita cada planta. Con más de 30 mil plantas a su cuidado, su día de trabajo culmina entre las 11 y 12 de la noche.

¿Qué lo impulsa a dedicarse al arte del bonsái de tal forma? Que a diferencia de otras artes éste es un arte vivo, donde el trabajo nunca termina, que sumado a la búsqueda de todo artista por lograr la perfección, resulta un trabajo continuo que siempre puede mejorarse. “La formación de un bonsái no tiene fin si lo que uno busca es la perfección”, enfatiza.

De todas las plantas que posee, entre pre bonsái y bonsái, le es difícil elegir una como la más apreciada. “Cada planta es parte de uno y tiene su anécdota de cómo se consiguió, cómo se ha ido formando y cuáles son los problemas que has tenido con ella, pues algunas casi han muerto, como la buganvilla que rescaté de un botadero de maleza. Y es que debido a tantas construcciones y expansión, se derriban casas, se destruyen jardines y los árboles y troncos se botan simplemente. A veces uno tiene la suerte de pasar por ahí y recuperar alguna de estas plantas”, señala.


Retos

En 2001, tras cuatro años preparando sus plantas, Luis Takehara empieza a exhibir su trabajo con los bonsái, y aunque ahora al ver las fotos se pregunta cómo se le ocurrió traer tal planta, reconoce que  transcurrido el tiempo se va mejorando y que al igual que con las plantas, en lugar de forzarlas, es mejor la constancia y la paciencia.

Pero, además de la experiencia ganada, el tiempo alimentó un sueño: la formación, junto a quienes llevan más de 30 años cultivando este arte, de una Federación Peruana de Bonsái dedicada a su práctica y difusión. Y que, además, ayude a superar las dificultades que encuentran quienes lo practican o desean iniciarse en él, pues la falta de herramientas necesarias para cortes especiales o el conseguir macetas apropiadas para los ejemplares, desanima a muchos de los interesados en aprender este arte, y como federación se podría no solo difundir su práctica sino facilitar la importación de las herramientas e insumos que aquí no existen.

Otra de sus razones para impulsar la creación de una federación es que mientras jóvenes de toda Europa acuden a la ciudad del bonsái, ubicada en Omiya, Japón, a aprender de los mejores maestros de bonsái, en el Perú, un país tan ligado al Japón, sean aun pocos los interesados en su práctica.

Un consejo para quienes empiezan

“Además de conocimientos básicos de horticultura o jardinería, lo más importante es el cuidado y la dedicación que tienen que dar a las plantas, verlas todos los días por lo menos una vez. Este arte no solo disciplina a quien lo practica enseñándole constancia y paciencia sino que lo mantiene en contacto con la naturaleza. Y si yo puedo hacerlo, creo que todos están en condiciones de hacerlo”, finaliza sonriente.

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 51, noviembre 2010 y adaptado para Discover Nikkei.

© 2011 Asociación Peruano Japonesa / © 2010 Fotos: Asociación Peruano Japonesa

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