Elija un idioma principal para aprovechar al máximo nuestras páginas de la sección Artículos:
English 日本語 Español Português

Hemos realizado muchas mejoras en las páginas de la sección Artículos. ¡Por favor, envíe sus comentarios a editor@DiscoverNikkei.org!

Hijos de dekasegi, blingües y formados en Japón: La nueva generación de nikkei - Parte 1

José Iraha Flores tiene 23 años y estudia comunicaciones en la Universidad de Lima. José Bravo Kohatsu tiene 26 y trabaja en el consulado de Japón. Ambos son hijos de dekasegi1, nacieron en el Perú, pero se criaron y estudiaron en Japón, donde aprendieron a hablar el idioma japonés. ¿Por qué volvieron al Perú? ¿Añoran Japón? De esos y otros temas hablamos con ellos.

Ustedes se fueron de chicos a Japón, se educaron allá y luego regresaron al Perú. ¿Por qué decidieron hacer sus vidas acá?

José Iraha Flores y José Bravo Kohatsu, jóvenes nikkei peruanos que se criaron y estudiaron en Japón, donde sus padres migraron para trabajar y buscar oportunidaddes. Ambos están de vuelta en lima, redescubriendo su identidad.

José Bravo Kohatsu: Yo me fui a los ocho años, estudié primaria, secundaria y hasta en un instituto de dos años. Yo regresé para aprender el castellano, porque solo hablaba japonés. Incluso con mis padres nunca hablé en castellano una vez que aprendí el japonés. También, aparte, quise utilizar el castellano como (herramienta de) trabajo. Por eso decidí regresar por un tiempo al Perú. Mi idea era quedarme como un año, un poquito más, pero ya tengo como cinco años y creo que voy a cumplir más años todavía acá.

José Iraha Flores: En mi caso sucedió a la inversa. Yo me vine y no pensé regresar. Cuando me fui (a Japón) a los nueve años ya tenía planeado ir y volver. Fui con mis papás para que ellos trabajasen un par de años más y regresáramos, entonces desde que me fui estaba con la mentalidad de regresar a Lima a estudiar. Cuando terminé la secundaria (en Japón), ya estaba más o menos en la edad para regresar, readaptarme a la sociedad de acá y poder postular a una universidad.

¿Desde que volviste no se te ha pasado por la cabeza la idea de volver a Japón?

JIF: Para hacer una vida creo que no. De repente –creo que le pasa a mucha gente nikkei que tiene como una opción ir a Japón para hacer okane2– en el caso de que las cosas no fuesen bien, ir, hacer okane y regresar, pero evidentemente con el respaldo de una carrera. Dependiendo del trabajo que se presente, si es uno que me permite no tener el ritmo de vida que es el que la mayoría de gente que se va a Nihon3 tiene, que es el tema de trabajar en fábrica. Es más por la monotonía que siento ese rechazo a ir.

Tú aún no tienes del todo decidido qué hacer en el futuro. ¿Es probable que regreses a Japón y te quedes allá?

JBK: Bueno, sería una posibilidad, porque mis padres aún están allá, también tengo amigos. Pero también sería una cuestión de trabajo, si mi trabajo no me va bien aquí en el Perú sería una opción para mí regresar. Pero con el trabajo que tengo ahorita es un poco difícil, porque es estable.

¿Qué es lo que más te ata al Perú? ¿Por qué te has quedado cinco años cuando pensaste quedarte solo uno?
JBK: Tal vez sea la comunidad nikkei. En Japón estuve en Fukuoka, en realidad no conocía a muchos extranjeros, los extranjeros de mi zona eran mi familia. Mi papá sí conocía a otros latinos, pero eran de otras zonas. Yo no mantenía nada de contacto con ellos, pero regresando acá pude conocer a varias personas que han ido a Japón y que han regresado. Sí había escuchado que había una sociedad nikkei, pero más allá no sabía nada. Pero viviéndola acá es algo diferente. Ya me acostumbré a la vida acá, no hay problema en que me quede porque no me siento incómodo. Pero más sería por las personas, por la gente que he conocido.

Ambos tienen a sus padres y hermanos en Japón. ¿Cómo sobrellevan eso?

JBK: Con mi hermano no es que estemos peleados pero casi nunca nos hablamos. Es algo diferente acá, porque acá los hermanos, las familias, son bien unidas. Con mi hermano hablamos normal, pero las cosas necesarias nomás. A mis padres sí los extraño, pero siempre hemos vivido lejos, separados, porque con mis papás he vivido los primeros tres, cuatro años, porque se fueron a Estados Unidos, regresaron y de ahí se fueron a Japón. Desde los 4 hasta los 8 no viví con mis papás. Yendo a Japón, hasta kōkō4 sí estuve con mis papás viviendo, pero ellos trabajaban desde temprano hasta tarde y yo estaba practicando fútbol, y las horas que teníamos juntos eran una hora, dos horas. Y como yo no hablaba castellano, estábamos juntos pero no es que hablábamos, no había una conversación profunda.

Ellos no hablaban japonés.

JBK: No, mi mamá aprendió un poco, pero mi papá hasta ahora no habla japonés. Ahora ya normal, pero en esa época era difícil comunicarnos. Era por intermedio de mi mamá, o directamente con ella. Terminando kōkō me fui a vivir a Kanagawa y solamente regresaba en vacaciones que eran como dos meses, pero yo regresaba solamente una semana, y regresaba más para ver a mis amigos que a mis papás (ríe). Estando acá sí los extraño, pero tal vez no sea como las familias acá. Si estamos juntos chévere, pero si no ya pues, cada uno tiene su vida.

Aprendiste a hablar castellano en el Perú, entonces paradójicamente puedes hablar más con tu papá ahora que cuando estabas en Japón con él.

JBK: Claro, eso sí. A veces cuando los llamo, cuando me llaman, ahora sí normal hablamos en castellano, nos hacemos bromas. Con mi mamá nos escribimos cartas, aunque yo me demore en escribir por la excusa de que tengo trabajo, estoy ocupado (ríe).

JIF: ¿Cartas o mails?

JBK: Cartas. Eso lo empezamos desde que yo llegué acá. Aparte que mis papás no usan internet, solo teléfono. Con mi mamá, al año, como ella también trabaja, está ocupada, cansada, será dos o tres veces que nos escribimos. Pero eso se ha mantenido desde que yo llegué al Perú.

¿Y en tu caso?

JIF: En mi caso es bastante un tema de costumbre. Por decirlo de alguna manera, no me quedaba otra. La primera vez que ellos se van me dejan de cinco, seis años, estamos hablando de los primeros años en que la gente se iba (a Japón), la tecnología no estaba tan avanzada como para poder comunicarse.

No había internet.

JIF: Y el teléfono era carísimo. Trataban de llamar lo más posible, pero era una vez cada tres semanas, una vez al mes. Sí había ese contacto, pero de repente cuando eres chico hay tantas distracciones que en realidad no lo sientes tanto, o sea tenía a los primos, a los amigos, mis abuelos, no tenía la figura paterna, materna, pero sí tenía personas que podían “cubrir” esos huecos. Ya posteriormente, cuando estuve con ellos (en Japón), fue el cambio tan drástico, en una edad tan determinante, me adapté tanto a las costumbres japonesas, que esa relación padre-hijo, o madre-hijo, no fue tan estrecha. Paradójicamente estando más lejos la relación se ha hecho más cercana. No hay día en que no me escriba un mail con mi papá, con mi mamá un poquito menos porque no maneja muy bien el tema de la tecnología, pero siempre estamos en contacto.

Ambos han tenido a sus padres solo por épocas, ¿cuánto les ha afectado eso?

JBK: Para mí, yo lo quiero tomar así, son cosas de la vida. Porque como soy ahora todo se lo debo a mis padres, a pesar de que estamos lejos, de que he vivido un tiempo corto con ellos, de que no se ha tenido una familia como la de mis amigos que yo a veces envidio, o sea una familia unida, que para cualquier cosa todos van juntos, pero a mis padres les estoy muy agradecido.

JIF: Lo normal es que creas que lo idóneo es haber estado todo el tiempo con ellos. Sin embargo, yo también asumo el hecho de que no estuvimos juntos por una cuestión de que ellos sabían que estando acá no me hubieran podido dar lo que me querían dar. De hecho me afectó, pero de manera positiva, en dos aspectos. Si mis papás no se hubieran ido a Nihon no me habrían podido de repente pagar la universidad.

Por otro lado, me ayudó bastante con el tema de madurar, porque tienes que madurar a una velocidad increíble. A los 18 años me dejaron a mi hermana que tenía 15. Y no solamente eso, desde antes, el escuchar que tus papás están allá trabajando para darte esto, entonces tienes que estudiar, de alguna u otra manera te hace darte cuenta de que tú tienes que responder a lo que tus papás están haciendo. Entonces vas desarrollando el sentido de la responsabilidad, esas cosas a medida que pasan los años te ayudan a madurar. Y como te digo, me dejan a mi hermana a los 18, cuando ella tenía 15, estás hablando de una persona que está empezando a madurar en teoría con una persona que está en plena época complicada, entonces tienes que reaccionar como adulto y no como  hermano, que te vas a poner boca a boca con ella porque los dos son todavía “chicos”. Tenías que poner cabeza fría y pensar como adulto.

Tú te hacías responsable de ella.

JIF: Yo era responsable de ella. El que tenía que llamarle la atención por algo era yo, el que tenía que castigarla –nunca lo hice porque le ponía el castigo y se lo levantaba (ríe)– era yo. Tenía que ver en mí siempre la figura paterna. Entonces a la fuerza tienes que madurar.

¿A ti te pasa lo mismo? ¿La ausencia de tus padres te ha hecho más maduro, más responsable?

JBK: Pienso también como él. No estar con tus papás significa que tú mismo te tienes que hacer responsable de varias cosas. Nuestros padres estuvieron lejos para darnos algo, y en base a eso nosotros siempre pensamos: mis papás están trabajando para darnos algo y nosotros tenemos que corresponder a eso. Estando cerca tal vez la responsabilidad sería diferente. No lo pensaríamos tanto como si nuestros padres estuvieran lejos. Cuando están cerca, siempre van a estar a nuestro lado, tal vez nos ayuden, pero cuando están lejos, no, ellos no están, tenemos que sacar la cara por ellos, ser más responsables. Eso es algo que nos ha hecho madurar bastante.

JIF: Lo que pasa es que valoras el sacrificio de irse tan lejos para hacer algo por ti. Lo que le entiendo a él es que estando aquí, OK, están trabajando para darte lo mejor, pero como que es lo que tienen que hacer, es lo obvio, entonces de repente no valoras eso. Lo lógico es que mi papá trabaje para darme lo que yo necesito. Cuando están lejos lo ves de otro lado: se están yendo tan lejos, dejando prácticamente su vida porque están saliendo del lugar al que pertenecen, para irse a otro lado totalmente distinto. Entonces lo que valoras más que nada es el sacrificio que hacen al irse tan lejos, más que el tema de que están trabajando.

Parte 2 >>

Notas:
1. Dekasegi. Persona que deja su tierra natal para trabajar temporalmente en otra. Se aplica a los peruanos que trabajan en Japón
2. Okane. Dinero
3. Nihon. Japón
4. Kōkō. Grado de instrucción similar a la secundaria

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 48, agosto 2010.

© 2010 Asociación Peruano Japonesa y Enrique Higa Sakuda © Fotos: Asociación Peruano Japonesa

children dekasegi identity Japan peru