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Futuro Colectivo

La función de los kenjinkai - Parte 1

Esta es una opinión personal que tal vez sirva para evaluar el título.  Fue motivado por el artículo Does the Kenjinkai Have a Future? de Kristine Haenschke -en este sitio web- en el que la autora describía un evento celebrado en marzo 09, del que espero con curiosidad, se publiquen las conclusiones.

Tengo más de 30 años, desde niño participé en las actividades de varias asociaciones prefecturales instado por mis padres –como todo niño, no tenía ni sustento ni derecho para discutir, era una cuestión de “hazlo porque te digo que lo hagas” como pasa con todos (si tuviese hijos, probablemente, también sería así aunque con otras tonalidades).

Lo “bonito” de esas actividades era llevarme regalos, no sabía para qué servirían pero contento los llevaba (como prueba del materialismo en que todos estamos imbuidos); mientras más paquetes, mejor, aunque contuvieran envases de vidrio, toallas, frutas, canastas o merchandising de alguna empresa Nikkei, y ninguna de esas cosas iba a utilizar para jugar.

Creciendo, por cosas de la vida, nos alejamos –la familia nuclear- del Perú; cuando regresamos, la reintegración dentro de la sociedad fue lenta, descubrimiento y aprendizaje, y dentro de la colectividad lo fue aún más, ya que se sentía raro (incertidumbre) al ver a caras conocidas –lejanamente- y a la vez extrañas porque ni el nombre sabía (aún no me sé el nombre de casi nadie… para eso, como para caras, mi cerebro utiliza ciertos volúmenes que no he fortalecido aún).

Lo extraño lo veía en cara de mis padres que debían hacer memoria acelerada, por lo menos durante el primer año después del retorno (hace casi 15 años) al encontrarse con “viejas” amistades y no tanto, además de tratar de “cuadrar” en un sistema-país que salía de la destrucción social (y que, décadas después, entró en la destrucción moral que actualmente vivimos).

Por alguna razón que la vida nunca me explicará, pasé mi adolescencia lejos de la colectividad Nikkei, lejos del Perú, tal vez para no pelearme con mis coetáneos o para no estresarlos con visos de cambio que hasta ahora me resulta difícil distinguir como auras (salvo contadas excepciones), que crecieron juntos y conocidos –yo estuve solo-, frecuentando los lugares propios de la colectividad y participando y organizando sus actividades; no tenía esos lugares porque no había colectividad Nikkei organizada en Panamá, donde estuvimos por casi 10 años.

Lo máximo que llegué a realizar en el Perú durante ese período fueron, como preadolescente, las “vacaciones útiles” en 2 ó 3 veranos durante los que regresamos a Lima para “ver” a la familia… estaba aburrido y me iba como tal a los 2 y medio meses, quizás por estar en ambiente extraño a pesar de haber crecido en él, quizá por hacer lo mismo que el verano pasado o tal vez por ser como soy (mejor dar el beneficio de la duda).  Ni mi identificación ni pertenencia sociales se desarrollaron en esa época con una ciudad que salía de depresión total y que, hasta hoy, no se ha librado de complejos y estereotipos gratuitos.

DE REGRESO

Una vez que nos reestablecimos en Lima, empecé mis estudios universitarios -donde jamás fui comprendido sino por un alma o dos- pero terminaron en otro lugar y relacionados con la publicidad, felizmente, donde la mente es tremendamente abierta a pesar de ser un círculo más cerrado que el de arquitectura, la cual sigo diseñando –por amistad- en pequeñísima escala (casas, distribución arquitectónica, remodelaciones).

En ese lapso, aproximadamente 10 años, mi participación en los kenjinkai fue esporádica, remitiéndose a eventos por centenarios de inmigración -armando muestras institucionales- y a celebraciones anuales que involucraran algo de diseño, sea gráfico o espacial.

También en ese lapso, sugerí muchas veces que la institución buscara presencia web, que discutiera sobre otras actividades y lugares de reunión, que se abriera para fusionarse con otras instituciones Nikkei y así fortalecer su presencia y duración en el tiempo… mas los cambios no se dieron porque algunos los tildaron de “estrambóticos” o radicales y porque no existía una voluntad férrea de cambio (por ello, hasta hoy, no hay cambio tangible).

CAMBIO

La filosofía del cambio debe estar presente, siempre, porque lo que no está en constante movimiento, muere; aquellos que se oponen al cambio sin entenderlo, están en vías de extinción… aunque, lamentablemente, es una especie pandémica.

En este momento varios kenjinkai parecen estar cambiando, lentamente, reinterpretándose basados en sus integrantes jóvenes, pero hay otros que siguen haciendo lo que hace 3 décadas, en franca inercia que va perdiendo fuerza porque no recibe nueva motivación ni energías.  Cuando deje de moverse el resto estará tan adelante que será imposible alcanzarlos, y menos en este acelerado presente.  Las palabras les sobran para seguir justificándose, inertes; la fuerza para efectuar el cambio parece que no existe porque hasta pensar “cansa”.

Pero el actuar y pensar institucional deberían ser opuestos a los actuales porque los adolescentes y jóvenes tienen, hoy, más intereses personales que generaciones anteriores; la sociedad es así en cada cambio generacional además de estar muy acelerada.  Entonces, ¿cuántos de aquellos “pilares del futuro” cambiarán un domingo de chat por ir a participar en concursos donde el premio será algo para la casa y no algo curioso para él y el juego será el mismo que la temporada anterior?

¿Cuántos quieren dar su tiempo al año siguiente, aunque sea un domingo, para hacer lo mismo si internet cambia cada mes, si los productos tecnológicos dejan de tener validez en menos de 4 meses, si cada vez hay mejores películas en el cine, más centros comerciales y más saturación mediática para la moda en general?

Un kenjinkai no puede existir para siempre si no se reinterpreta, sino tiene un soplo de “modernidad”, de tecnología o de lo que adolece -como la participación juvenil- y por ello, la sempiterna rúbrica para realizar las actividades es aquella “participación de los jóvenes”… ¿Que se interesarán a través de qué?.

El estancamiento es negado tanto como la vejez.  Cómo animar y llamar la atención de aquellos que tienen tantas cosas a su alrededor a qué dedicar su tiempo libre.  Existe un cisma generacional y el “rollo” para la integración es el mismo de siempre, que por imitación, se reproduce; pero la atención se deriva hacia otros lares que precondicionan a gastar el sueldo mensual antes de tiempo, y lo harán cuando dispongan de él en vez de dar su tiempo a las actividades que recibieron por herencia, de un kenjinkai.

Continuará... >>

© 2009 Victor Nishio Yasuoka

community kenjinkai

Sobre esta serie

Victor Nishio Yasuoka experimenta con la vivencia Nikkei en Perú. Se pregunta: ¿Qué es ser Nikkei? Para imaginar un futuro colectivo local y global. También, analiza el racismo histórico y contemporáneo, incluso explaya las consecuencias del denominativo “chino” y sus razones profundas. Finalmente, aporta un panorama personal de las Bellas Artes y el apoyo cultural dado a los artistas de la colectividad desde su mirada profesional.