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¿Por qué existen las minorías étnicas? - Parte 1

*Esta es una opinión, extendida, motivada por el artículo de Tilsa Guima “Porqué no puedo hablar de una minoría étnica, siendo de una minoría étnica ”, en este sitio web; felicito aquel escrito, y comento.

Las minorías –en una urbe- se etiquetan para identificarlas (por aquellos que quieren controlarlas, sea cual fuere la definición de control, benigna o no, llámese estadística, racismo, fricción urbana, etc.; todos lo hemos hecho en algún momento, sobretodo académico) y también para limitarlas según sus propias expresiones culturales que afectan a su espacio vital y urbano.  Si delimitamos, podemos controlar, por tanto, el control evitará la afectación de intereses propios ya que permite tomar acciones antes de que la situación se vuelva caótica (caos es una gran colección de variables que impiden la comprensión total mas, el caos en usanza vulgar, no existe).

Esa delimitación hace creer que deben –las “minorías”- someterse a sus propias costumbres y circunscribirse a límites tácitos como un barrio y tiendas "sólo para ellos ya que venden sus productos" porque, tal vez, sienten que lo otro no les corresponde.  ¿Por qué sienten eso los limitadores y los limitados?

Esta situación se resiente más en inmigrantes, sobretodo si son ilegales, lo que los convierte en una sub-minoría o en un doble etiquetado porque además de no sentir pertenencia, se les enrostra su estado de ilegales, muchísimos sin derechos y explotados.

Se cree, por traspaso en el aprendizaje, en esa delimitación física que –lamentablemente- va aunada a una autodelimitación personal llena de complejos y estereotipos malheredados, produciendo una limitación de acción y pensamiento.

Esto también ha sucedido entre los Nikkei del Perú al inicio de la inmigración, hace 110 años, dejando problemas coleréticos (sustancias que aumentan la producción de bilis) hasta el siglo 21.

El juntarse en grupos afines no sólo ha dado seguridad en muchos sentidos sino que reafirmó el rechazo que se siente al formar parte de una “minoría” y, además, el que se resiente contra aquellos que agreden por la apariencia o procedencia de la ascendencia. La agresión a través del rechazo y malas miradas, alejamiento y calificativos van en ambos sentidos, de ida y de vuelta.

Aunque el rechazo y el racismo sean producto del miedo y ese miedo sea producto de una mala autoestima comunal, el sufrimiento es tan real como el hecho de que las razas no existen bajo la premisa de que todos somos iguales (aunque a muchos no les parecerá, ni biológica ni existencialmente posible, que las razas no existan).

Por eso se practica ese etiquetado y autoetiquetado: “bajo la cabeza para que no me obliguen a bajarla“, “no juzgo para no ser juzgado“, “no intervengo para que no me acusen de algo“... mala autoestima heredada; el que quiere abusar y da cuenta con esa mala autoestima, basado en apariencias, abusará de los conceptos erróneos que maneja la sociedad para minimizar a muchos de sus símiles.

TODO ES NUESTRO

Si todos creyésemos que pertenecemos al todo y que todo es derecho nuestro –con respectivas responsabilidades- entonces, el planeta sería algo idílico mas, ideas como esta seguirán siendo utópicas porque creemos en las delimitaciones bajo la careta de “definiciones culturales” y otras tantas frases y nos sometemos a ellas.

Si a esto le sumamos los límites (reglamentos, estatutos, normas…) económicos, legales y religiosos obtenemos un planeta como en el que estamos viviendo, con guerras que el otro hemisferio desconoce; con hambrunas que se podrían resolver, en su totalidad, con parte del presupuesto armamentista de cada año; con discordias basadas en egoísmos materiales que llevan al asesinato; con imperativos exabruptos religiosos de calificación y clasificación de los que no creen lo mismo; con discriminación fundada en apariencias facial y corporal, incluidas las personas de trato preferencial (que no son solamente los discapacitados corporales evidentes y los neuronales), etc. -siempre existirá un etcétera-.

Así, tal vez (yo) pueda hablar de alguna minoría étnica basado en su apariencia y resaltar las diferencias físicas ligadas a las diferencias culturales sólo con la intención de reconocer la variedad de la que está compuesta la humanidad pero siempre con la idea de que todos somos iguales tal como lo dicen la religión, las leyes, la economía, la política… aunque no lo practiquen ya que coartan esa libertad de igualdad a través de múltiples canales imperceptibles (creando dicotomía a gran escala, entre otros).

La religión nos dice que todos somos iguales ante los “ojos de dios” mas califica de impíos a los que no ostentan sus símbolos, otros los llaman infieles, calificativos sobran; las leyes dicen que son ciegas porque juzgan a todos por igual pero los escándalos no dejan de verse a través de sensacionalistas medios; la economía dice ser libre y funcionar en democracia pero está mermando la salud a través de dependencias emocionales innecesarias (como llamar desde un celular para contar a alguien que se está subiendo al bus) y del consumismo desmesurado que sólo hace caso al que tiene dinero; la política predica igualdad pero las promesas siempre se las lleva el viento y son reemplazadas por justificaciones “fuera de nuestro control que impidieron que se ejecutara” tal y tal plan.

Si sumamos el pertenecer a una “minoría étnica”, pareciese que hay mucho en contra y demasiado por lo qué pelear… y así estamos –peleando-; no tendríamos porqué si no prestásemos atención a las diferencias que nos cuentan como cosa normal, que nos estratifican por poder adquisitivo, que nos califican hasta por capacidad intelectual y que nos clasifican según el apellido relacionado a la apariencia facial y a la ropa que se lleva puesta (la vanidad es parte del problema: “yo quiero ser mejor que los demás”).

Si nadie quisiera ser mejor que los demás todos nos concentraríamos en nosotros mismos, engrandeciéndonos hacia adentro en vez de la piel hacia fuera; no tendríamos problemas de autoestima ni traumatizaciones psicológicas que cargasen nuestro, ya pesado, caminar.

Por ello, en este momento, el mirar hacia adentro es mejor y más productivo que mirar hacia fuera.

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© 2009 Victor Nishio Yasuoka

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