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Futuro Colectivo

Cómo ven los peruanos al Nikkei - Parte 1

Inquietud: No sólo investigo para saber qué piensa, sino también para definir (personalmente) cuál será el futuro de la colectividad Nikkei, que está entrelazándose con mayor velocidad a su entorno, propio y ajeno a la vez.

Estos artículos iniciaron por la curiosidad de saber cómo nos perciben aquellos que nos ven como externos a su cultura, que también es nuestra, pretendiendo así despertar la inquietud en los Nikkei de hoy sobre su papel en la sociedad, el rol de nuestras instituciones (a las que de una u otra forma pertenecemos) y el futuro de nuestra identidad – no tan japoneses no tan peruanos, lo primero por el origen legal, idioma y costumbres y lo segundo por los rasgos genéticos.

Estos artículos, además, están basados en conversaciones, opiniones y sentires de muchas personas con cierto grado de conexión -sea emocional, familiar o institucional- con la colectividad Nikkei, y sin ella.

Así nace Futuro Colectivo, la columna donde expondré puntos de vista sobre la procedencia, ascendencia y desempeño de miles (yo, junto con ellos) encaminados o filtrados o complementados a través de pareceres externos a la misma colectividad.

La razón de esta columna es la siguiente: en una sociedad hiperactiva donde el tiempo vale más que la calidad de vida, ya no tenemos "tiempo" para conversar e intercambiar pareceres ni opiniones, siendo éstas tan importantes para llegar a entender el entorno en el que vivimos.

Hubiera sido muchísimo más fácil preguntar a tantos Nikkei amigos y familiares cómo se sienten en Lima - Perú o qué opinan de sus legados después de tantas generaciones en este gran país; la mayoría me hubiera prestado su tiempo después de quedar en reunirnos en algún momento y lugar para responder a mis preguntas con tranquilidad y detalle.

También hubiese podido conversar con los abuelos y abuelas que aún están con nosotros (Issei y Nissei), sobre sus experiencias y anécdotas, vertiéndolas en letras como documentación verbal de agitares y largas vidas Nikkei en el Perú.

Pero más enriquecedor es hacer lo contrario a ello, no en oposición sino en franco complemento, ya que una opinión externa enriquece lo ya rico y resalta lo defectuoso (para ajustarlo y corregirlo), siempre que se procese, utilice y difunda la información con mente abierta.

Por ello agradezco a muchas personas no-ligadas a la colectividad que utilizaron parte de su tiempo en responder preguntas enviadas por e-mail y escritas, en reenviar ese mismo correo y pedir a amigos y conocidos que ayuden con sus respuestas a preguntas como ¿Tiene amigos íntimos Nikkei o conoce a alguno? ¿Qué cree que piensan los Nikkei peruanos sobre el Perú? ¿Cree que los Nikkei se encuentran integrados a la sociedad peruana y trabajan al unísono por el desarrollo del Perú?, entre muchas otras. Gracias a todos aquellos que me apoyaron para escribir este artículo, siendo sus respuestas, pareceres e impresiones, fundamento del mismo.

¿QUÉ ES UN NIKKEI... QUÉ SOY YO?

Considero que este cuestionamiento, personal y exteriorizado, es una forma más de mostrar al mundo la herencia Nikkei que transmitimos de una generación a la siguiente, reafirmándola así con cada acto que la involucre.

Soy 3ra. generación (paterna, sansei) y 4ta. (materna, yonsei, aunque se tome en cuenta sólo la más cercana al origen japonés). Estudié (aunque no tanto aprendí) en un colegio católico, como todos en el barrio, pensando que esto era una generalidad absoluta (así parecía hasta que me enteré de que existían otras religiones); comí todos los dulces limeños en la dulcería de la esquina, con varias repeticiones; vi los mismos programas de televisión que mis compañeros de colegio y vecindad, y que casualmente venían del lejano oriente (en ese momento no estaba ni lejano ni cercano para mí, simplemente no podía estar dentro de mis consideraciones si ni siquiera preocupaciones había).

Pero también era "adicto" al arare (blancos pedacitos de masa de arroz frita) y al omochi ("masacote" de arroz en diversas presentaciones) preparados por mi obaachan (abuela) y alguna vez manoseados (ayudando) por mí en el proceso casero antes de comerlos tirado en la alfombra viendo televisión; además, al misoshiru (sopa de fermento de soya, algas, pescado rayado y otofu – conocido como queso de soya), al tororo increiblemente baboso (o yamaimo rayado, raíz de una planta pantanosa: Dioscorea japonica ) y a la bolita tempura dulce llamada popo (aún no sé porqué) o andag i (en Okinawa).

Estos platillos, y algunos otros comidos con ohashi , sumados a los videos –en formato Beta de Sony-, juguetes plásticos y tarjetas coleccionables que los abuelos encargaban de Japón, empezaron a formar el pedacito de cultura japonesa que llevaré siempre como bagage colorido, lleno de robots y monstruos invasores y símbolos raros llamados hiragana, katakana y kanji (escritura japonesa)... vistos en los manga que jamás leí.

El idioma nunca cuajó, quizás porque la sensei en algún momento me tironeó de las patillas, sin razón y con furia (de la antigua, casi con cólera). La supuesta justificación para dicha agresión fue que le tiré (lo empujé para que estuviera al alcance de sus manos) un papel donde había escrito una plana de letras en hiragana ... pero así se vio el momento a través de ojos antiguos. Por ello jamás quise volver a pisar su departamento con olor a viejo apolillado (el departamento, no ella... que olía a naftalina)... sé que soy temperamental.

De allí, nos fuimos a Panamá (mi familia), lo que nos alejó de la colectividad Nikkei en el Perú manteniendo el vínculo únicamente a través de la comunicación familiar por cartas, videos y cintas de audio grabadas... estas últimas como claros testimonios de que el tiempo pasa, no porque ahora sean usb o archivos enviados por internet, sino porque esa vocecita aniñada que dijo tonterías graciosas, jamás volverá a escucharse. En Panamá no tuvimos conocimiento de alguna asociación de inmigrantes japoneses y sus descendientes.

Ya en el Perú, de mis vivencias como si fuese "Nikkei en otro planeta" puedo recordar aquellas miradas extrañadas en la plaza de armas (plaza central) de alguna capital de provincia o de algún pueblito cercano a la carretera Panamericana, ya que todos tienen su plaza de armas por mas pequeños que sean.

Eran miradas por encima del hombro que no me sacudía sino con el voltear de la esquina; o también como si fuese mundialmente famoso (cosa que no quiero ser), grupitos cuchicheaban entre ellos, mirones o chismosos, riéndose bajito mientras me perdía de sus vistas... o tal vez como novedad cirquera cual "atracción jamás vista" o freak , como dicen algunos alienados que sólo ven televisión por cable.

Cómo verlo y sobre todo cómo tomarlo, depende de la carga cultural de cada cual; al inicio me parecía insultante por culpa o gracia de las estandarizadas normas de conducta que transmitían los manipuladores programas educativos para niños sobre respeto, tolerancia, civismo, etc, pero después me dí cuenta de que en la mayoría de situaciones son sólo letras y palabras al viento y que uno debe adaptarse a cada situación, es entonces, cuando comencé a entender que no era tan igual a ellos y que todo lo que hacía, sea hablado o actuado o por mi simple apariencia física, era escudriñado por aquellos que me veían, sí o sí, diferente.

De esos ojos provincianos que apenas han visto a un "chino", en lugares turísticos pero lejanos a la convulsionada capital, caminan y medran donde no hay asociaciones de descendientes de japoneses (ni de chinos) sino juntas comunales para desarrollo agropecuario y agrupaciones para producción de artesanías siendo estas y sus comercios, una gran oportunidad para conocer cómo funcionan aquellas mentes que nunca o casi nunca han tenido contacto con un Nikkei.

Muchos se sorprendían de que hablara el español mejor que ellos. Es mi lengua nativa como la de ellos, su ascendencia tanto como la mía, tenían un lenguaje distinto: dialecto nativo de la zona / japonés de mis abuelos, mas sólo atinaban a reír o a sonreír de vergüenza por haber creído cosa errada, como que era turista del tipo " mister, good price for you... discount ".

RACISMO

Las razas no existen, insisto en todo medio posible. Venimos todos, según un documental de National Geographic, de los negros; no es para reír y tampoco para detestar sino para pensar... ¿en qué? En que todos somos iguales aunque nos veamos diferentes; aunque comamos comida cruda, como el sashimi con wasabi o con la mano derecha como en India, porque la izquierda es para limpiarse lo del inodoro; aunque los ojos sean como de "alcancía" o los tengan tan grandes que a mediano plazo tendrán algún tipo de deficiencia visual; aunque seamos oscuros y chatitos o jorobados seres lánguidos cubiertos con pálida piel, casi transparente.

Como toda minoría étnica, los Nikkei peruanos a través de la historia, hemos sufrido racismo malintencionado teniendo algunos de sus picos en el período convulsionado previo a la 2da. guerra mundial y durante ella cuando el Perú declaró la guerra a Japón y deportó a miles a los campos de concentración o "internamiento" en Estados Unidos; y recientemente en la primera postulación de Fujimori a la presidencia del país, luego, convirtiéndose él en fenómeno político-social de masas (esto es, que el racismo se dio en la "clase alta" y algo de la "media", mas en la "clase baja" fue tomado con más gracia, mostrando así un poco menos de ignorancia que aquellos que cultos se creyeron... por irónico que suene, y justamente esta "clase" fue la que lo re-eligió presidente). Además, en la elección presidencial entre Toledo (en su 1ra. postulación) y Fujimori, los partidarios del primero, durante la agitación llamada " de los 4 suyos " dijeron a los medios que iba a aparecer muerto un "japonés" diario en las calles si Fujimori salía reelegido; ciertamente que eso nunca se iba a dar, pero la colectividad y los japoneses en el país sufrieron esta violencia verbal debido al racismo político... a fin de cuentas, ignorancia.

Aunque utilicé la diferenciación por clases, debo decir que las clases tampoco existen ya que la discriminación por poder adquisitivo es una falacia, así como lo son el derecho legal, la política y la economía (gran titiritera de la anterior)... sin éstas la humanidad viviría tranquila consigo misma, en franqueza con las verdades generales y universales de la vida, entre ellas, el que todos somos iguales y por eso estamos conectados; pero como no lo hacemos así, debemos regular todo para evitar desmanes y abusos, pero por eso mismo estamos como estamos, con gasto militar en decenas de miles de millones al año mientras miles mueren de inanición cada minuto y cientos de miles se enferman todos los meses debido a la contaminación de la depredación corporativista.

Retomando al Nikkei en el Perú, que igualmente sufre de estos males globales, también lo hace a manos del racismo costumbrista o de transmisión por ignorancia, recibido por la mayoría de nosotros con sonrisa forzada pero nada más, dando así a entender que sabemos que no es sino la autoseparación inconciente del yo [ignorante] de los demás diferentes a mí , resumiéndose en “yo no soy como tú, sino que tú no eres como yo”.

Parte 2 >>

© 2008 Victor Nishio Yasuoka

identity peru

Sobre esta serie

Victor Nishio Yasuoka experimenta con la vivencia Nikkei en Perú. Se pregunta: ¿Qué es ser Nikkei? Para imaginar un futuro colectivo local y global. También, analiza el racismo histórico y contemporáneo, incluso explaya las consecuencias del denominativo “chino” y sus razones profundas. Finalmente, aporta un panorama personal de las Bellas Artes y el apoyo cultural dado a los artistas de la colectividad desde su mirada profesional.