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Kizuna 2020: Nikkei Kindness and Solidarity During the COVID-19 Pandemic

Un blog de cuarentena

Me tomé una selfie para colgarla en mi Facebook. Quería avisar a mis seguidores del blog que estoy bien, ya que días antes, estuve “molestándolos” con mis preguntas sobre cuarentena.

Hasta el 10 de mayo, el Perú seguirá en cuarentena. Yo esperaba ansiosa que terminara este 26 de abril como estaba fijado, pero el virus todavía sigue en las calles. Ni bien termine ese confinamiento, lo primero que voy a hacer es ir al centro comercial, comer en un restaurante y todo lo que ahora no podemos hacer. Pero lo que más quiero es ver a gente sin mascarillas y que ahora ocultan su rostro. No es lo mismo ver a otra persona a través de una pantalla. En mi casa, no hay nadie, excepto yo, y cuando salgo, lo único que veo es gente con mascarillas.

Desde hace un tiempo, yo vivo sola; bueno, me acompañan mis dos mascotas: un perro y un gato. Pero no lo decidí así, sino que es una situación temporal. Hasta quela familia no se reúna nuevamente, alejada por la distancia, tengo que vivir así. Mientras tanto, quería compartir con ustedes cómo estoy pasando la cuarentena en Lima, Perú.

El día que anunciaron la cuarentena aquí en el Perú, me enteré por una vecina. Yo estaba trabajando en la laptop, cuando escuché que la vecina gritó en su casa: “¡Cuarentena! ¡¿ahora, qué hacemos?!”. Su reacción me puso más nerviosa que la noticia en sí. Comencé a chequear las noticias, para ver si era verdad. Yo no tenía a quién preguntar. Comencé a sentirme ansiosa y para calmarme, abrí mi cajetilla “de emergencia”. Yo no suelo fumar, pero cuando lo hago es porque pasa hago que me pone muy nerviosa y ese algo, era esta cuarentena. Ya estaba imaginándome cómo sería. Los policías y militares estarían en las calles y todos estaríamos como en la época del terrorismo en el Perú (años 80 y 90); aunque ahora era por un virus. Pero ese fue el único día que fumé, porque me refugié en mi otro vicio: escribir en Jiritsu, que es mi blog y que actualizo via Facebook.

¿Me sentía sola para desayunar? Tomaba una foto a mi desayuno y la subía al Facebook. Con los comentarios y likes de mis seguidores, ya me sentía acompañada. ¿Se me acabaron las mascarillas y no sabía en dónde comprarlas? Peguntaba de frente al “Face” y mucha gente me aconsejó, incluso mejor de lo que hubieran hecho mis propios amigos. Y así fue como hice de mi blog un alivio a mi soledad de cuarentena. Cualquier duda, inquietud o miedo que yo tenía, los compartía con la gente que me seguía a través del Facebook, que en su mayoría era gente que yo no conocía. Realmente, las redes sociales han sido mi mejor compañía en estos días de encierro e incertidumbre. ¡Qué paradójico! Hace varios años atrás, yo había creado ese blog para hablar sobre historia y cultura nikkeiy ahora, se había convertido en una bitácora de una nikkei en cuarentena.

Este es uno de los desayunos que compartí por Facebook. Como la harina ha escaseado (porque mucha gente ahora está preparando queques en la casa para distraerse por la cuarentena) y ya no me quedaba pan, ese día hice galletas de avena en sartén.

Así es como he estado comunicándome con la familia y amigos, sean conocidos o virtuales: por internet y redes sociales. En estos días, hemos intercambiado mensajes por WhatsApp y Facebook, entre amigos y gente del “sonjin” [asociación que reúne a los nikkei según su prefectura de origen. Si tiene ascendencia okinawense, sería según su shi-cho-son]. Pero no han sido saludos, sino información vital para estos días: avisos de las tiendas que ahora están cerradas pero ofrecen sus productos vía delivery, los nuevos horarios de atención de la cooperativas de ahorro nikkei... Incluso, he recibido obituarios “online” de gente que ha fallecido en estos días, pero que por el aislamiento social no tuvieron velorios. Ahora los pésames se hacen de manera virtual. Creo que ahora cada uno de nosotros pertenece a un grupo de WhatsApp, sea del trabajo, del sonjin, del club, etc.

Es una foto de mi Facebook. Quería avisar a quienes me leen que me “iba de viaje”, en plena cuarentena. Ese día, tocaba ir al supermercado, mi “único destino” en estos días. Con este carrito, traje mis maletas del aeropuerto cuando regresé de Nihon; pero ahora, lo estoy usando para traer la comida del supermercado.

En estos 40 días de cuarentena, creo que he salido una vez por semana, solo para comprar comida o mascarillas. Solo he ido una vez al banco, pero ya hice que todos los pagos sean online, así como hago con mi trabajo. Aquí en Perú, hasta antes del coronavirus, muchos preferíamos ir personalmente al banco. Así que, por esta situación de emergencia, el celular y la laptop se han convertido en nuestra herramienta de trabajo, nuestra billetera, nuestro medio para comunicarnos y nuestra mejor compañía, para quienes vivimos solos (o somos bloggers).

Ahora, ya no veo tantos policías en la calle como antes. Tampoco he visto ningún militar. Antes, yo tenía miedo de salir porque nos dijeron que ya no existían garantías y cualquier policía y militar podía detenerte en la calle y pedirte que te identifiques y digas a dónde vas. Pero ahora, veo más carros circulando, a pesar de que hay cuarentena y luego, de 6 p.m. a 4 a.m., toque de queda.

Y, ¿cómo hice para no volver a fumar, sobre todo en estos días, siendo yo una persona ansiosa? Bueno, estuve tomando efervescentes de magnesio+zinc, por una feliz equivocación. Yo suelo tomar vitamina C todos los días para mantener mis defensas altas, pero por dejarme convencer por la farmacéutica, terminé comprando un nuevo producto. Pensé que era “vitamina C”, pero en realidad era “magnesio+zinc con sabor a naranja”. Googleando, me enteré que el magnesio y zinc tiene varias propiedades y una de ellas, es bajarte la ansiedad. ¡Uf!, sí que tuve mucha suerte en esta cuarentena. Me he sentido tranquila en estos 40 días de confinamiento, y que continuará hasta el 10 de mayo. Me he sentido acompañada, aunque sea de manera virtual. Además, he cuidado mi salud, porque dejé de fumar.

Esta soy yo, con una de mis mascotas.

Pero sí, me siento más cansada, sobre todo, cuando regreso de la calle. Tengo que desinfectar todo: la manija de la puerta, la ropa, la billetera, los productos que he comprado, el protector para los ojos, ¡hasta el celular y las llaves! Y cuando ya estoy bañada, recién puedo saludar a quienes me esperan en casa, en mi caso, son mis mascotas.

Muchas veces, se me pasa por la cabeza: “¿cómo estarán haciendo los viejitos?”. En la colectividad nikkei, hay muchos adultos mayores que viven solos. No creo que todos sigan esta rutina: desinfectarse uno mismo y desinfectar todo lo que han tocado y traído a la casa, antes de sentarse a descansar. Si eso se hace por mucho tiempo, creo que llegaría a ser agotador, física y mentalmente. Y, además, no me imagino cómo estarán pasando estos días de cuarentena, sobre todo, aquellos viejitos que no saben usar el celular ni las redes sociales.

 

© 2020 Milagros Tsukayama Shinzato

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About this series

In Japanese, kizuna means strong emotional bonds. In 2011, we invited our global Nikkei community to contribute to a special series about how Nikkei communities reacted to and supported Japan following the Tohoku earthquake and tsunami. Now, we would like to bring together stories about how Nikkei families and communities are being impacted by, and responding and adjusting to this world crisis.

If you would like to participate, please see our submission guidelines. We welcome submissions in English, Japanese, Spanish, and/or Portuguese, and are seeking diverse stories from around the world. We hope that these stories will help to connect us, creating a time capsule of responses and perspectives from our global Nima-kai community for the future.

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