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Una escuela para familias

Los padres pasamos tres momentos iniciales de incertidumbre: cuando todavía no conocemos los resultados del test de embarazo, cuando ya en el vientre de la mamá descubrimos que no sabemos qué hacer ante la llegada del bebé y cuando, una vez en nuestros brazos, nos preguntamos cómo ser buenos padres.

Para lo tercero existen escuelas de padres e hijos que son una continuación de las clases de psicoprofilaxis que muchos reciben durante el embarazo. Solo que aquí quienes aprenden son los padres junto a sus niños. El Centro Educativo Inicial CEINE Santa Beatriz Jishuryo, fundado en Lima en 1928, ha sido uno de los pioneros en este tipo de enseñanza con el programa de estimulación temprana  “Crecer con mami”.

Por iniciativa de Sara de Yumi, administradora de Jishuryo, Mary Yamamoto y Rosy de Loayza, y contando con el apoyo de Elizabeth Sernaqué, este programa integral para niños desde los seis meses busca desarrollar sus potencialidades y habilidades físicas, intelectuales, afectivas y sociales. “Es importante que la gente le ponga atención a estos programas”, me dice la directora de Jishuryo, Katia Shiroma. “Los padres se preocupan cada vez menos por la crianza de sus hijos”.


Lecciones para papás

Javier Ignacio tiene un año y medio y esta es la segunda vez que ingresa en una piscina. Nachito, como le llamamos en casa, es mi hijo. Él asiste con mamá y papá, todos los sábados, desde los seis meses, al programa “Crecer en familia”, como pasó a llamarse hace diez años, cuando las psicólogas Miriam Kohatsu y Nancy Blas se encargaron de conducirlo.

“Al principio no teníamos alumnos, así que empezamos con una sola niña que era la hija de una profesora”, cuenta Miriam, recordando a quienes iniciaron el programa, como Diana Inami y Susy Nakatahara; sumándose después Cindy Uchima, Yuki Inami, Carla Vélez, Hiromi Kiuchi, Nadia Gómez y Cecilia Takamure, quien dirigió el programa durante el periodo de transición. Actualmente son diez las profesoras que conforman el equipo.

“El papá y la mamá forman el primer vínculo afectivo del niño. Son ellos los que le van a dar la seguridad”, explica Miriam. “Algunas veces viene solo uno de los papás, los abuelos, tíos o nanas, pero la familia tiene que involucrarse. La idea es darle una dedicación especial. A veces no sabemos lo importante que es el momento afectivo, el contacto físico con el niño. Son cosas que se van aprendiendo, aunque las mamás saben mucho intuitivamente”.


De bebé a niño

En el programa de Estimulación Temprana, los bebés aprenden texturas, sonidos y olores.

Cuando Nachito empezó en sus clases de estimulación temprana, aprendió a gatear empleando el patrón cruzado, a subir y bajar cuestas, a conocer texturas, sonidos y olores, a seguir órdenes (avanzar, parar, aplaudir, hacer silencio) y a bailar con canciones que le ayudaban a reconocer la izquierda y derecha. “Eso es importante para la escritura, para que no escriban la letra b o la letra e al revés”, explica Nancy Blas. 

De acuerdo con la psicóloga que ha trabajado cerca de 30 años en el Puericultorio Pérez Aranibar con niños de alto riesgo (prematuros, con desnutrición o de habilidades diferentes), la estimulación temprana es aquella que se da a tiempo, y no de manera precoz. “El cerebro del niño crece aceleradamente hasta los dos años. En adelante va a ir perfeccionando sus habilidades”, comenta.

Ganar seguridad y propiciar el desarrollo neuromotor con una dosificación de estímulos es parte del programa en el que aprenden hábitos de higiene, a comer (primero amamantados o con biberón, luego alrededor de la mesa con sus papás y finalmente solos) y a socializar. Para esto último se emplean muchos valores de la comunidad nikkei, como la solidaridad, el agradecimiento y la humildad. 

Los padres e hijos participan en actividades integradoras como en la clausura de año.


Crecer y aprender

Nachito ya patalea en el agua, camina con mayor seguridad (asentando toda la planta del pie) y guarda su material de clase al finalizar cada actividad. Sus fotos dejando la huella de sus manos y pies son recuerdos cercanos pero que muestran lo rápido que crecen los niños en esa etapa. Pronto ya están diciendo sus primeras palabras e imitando lo que hacen sus padres.

El taller de Estilos de Crianza ayuda a manejar la relación padre-hijo, para la que se busca adoptar estilos saludables de paternidad, con respeto mutuo y confianza. Así se logra tener un niño independiente, que después podrá ir al nido sin problemas; responsable (con buenos hábitos para relacionarse con otros niños), que aprende a buscar soluciones, a expresar sus sentimientos y disfrutar de sus logros.

En diciembre, Nachito asistió a la clausura del año para la que se prepararon números artísticos relacionados a la Navidad. Fue su primera vez en un escenario, compartiendo con los otros niños de su clase. Los padres recordamos esos instantes porque también aprendemos a madurar: un día no puede caminar si no lo llevas de la mano y al siguiente quiere que lo sueltes y caminar solo. “Cuando hay que dejarlos solos primero lloran los niños y luego los padres”, bromea Miriam.

Las clases en piscina son parte de este programa integral. Nachito y su mamá en el agua.


Piscina para bebés

Las clases en el agua de este verano no buscan hacer de niños de un año grandes nadadores. Lo que se pretende es que se desenvuelvan con seguridad en el agua, por lo cual ingresan a la piscina en compañía de sus padres. “El agua cumple una función vital en nuestras vidas, no solo porque la necesitamos para vivir sino que también provenimos de ella debido a que gran porcentaje del líquido amniótico es agua”, ha escrito para el diario Perú Shimpo la profesora Diana Inami.

En su columna, destaca esta técnica de aprendizaje porque ayuda a la relajación, porque es un medio lúdico y de exploración para los niños. “El contacto del agua con todo el cuerpo es el preludio de lo que será su consciencia corporal, ya que al sentir el agua entre sus piernas, pies dedos, vive de manera intensa la relación cuerpo-movimiento”.

Mientras más pequeño es el niño, más resultados mostrará. Miriam Kohatsu aclara que en el programa de estimulación temprana no se busca que todos los niños hagan lo mismo. “Cada uno va a su ritmo. Después de las clases, las profesoras nos reunimos y se hace una evaluación de cada uno”, explica. Ver a tu hijo hacer cosas que no sabías que podía hacer es sorprendente.

Las profesoras de "Crecer en familia". Arriba: Diana Inami, Cindy Uchima, Carla Vélez y Cecilia Akamine. Abajo: Martha Yabiku, Yuki Inami, Susana Nakatahara, Miriam Kohatsu, Nancy Blas, Katia Shiroma, Hiromi Kiuchi y Nadia Gómez. También integra el equipo Cecilia Yrey.

 

© 2016 Javier Garcia Wong-Kit

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