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Comunidad japonesa en la Colonia Urquiza, Partido de La Plata

Parte XIII: Estudio de inmigrantes japoneses, Familia Fujita — Parte 2

Nota de la autora: El poema que se transcribe a continuación, es un homenaje de Noriko Fujita a su madre, y en él se relatan las penurias y las dificultades que debió sortear una niña, adolescente, mujer y madre.

OKAASAN

La escuché cuando nuestra madre relataba su niñez humilde y simple
sus chiquitas travesuras con sus hermanos compartidas.

La rigidez de su padre, la comprensión y complicidad de su madre,
la oí que contaba de sus amigas, de la escuela, de los dulces a escondidas compradas.

De penitencias, de ropas remendadas pero limpias,
de tiempos maravillosamente pobres, pero felices.

Escuché de su boca sobre el terror de la guerra,
del dolor, del hambre, de las veces que, arrastrándose
en el pantano, trucaba una taza de arroz por una de azúcar,
Hasta que llegó la paz, y fue música en sus oídos.

La oí cuando contó que pidieron su mano, y así del “tambo” pasó a jimesan,
en señora se convirtió , y un día de Kobe partió hacia la América Lejana;
donde cuarenta y cinco años pasaron en un suspiro.

La vi a nuestra madre doblarse sobre las plantas de té,
bajo un sol abrazador cosechando sus brotes,
cargándolos en las alforjas que colgaba sobre su vientre,
en su rostro tostado por el sol, surcos de sudor y lágrimas
rodaban muchas veces en silencio por sus mejillas.

Árboles gigantes, sus brazos extendían
y sobre la colorada tierra, extrañas figuras dibujaban.

Calor, humedad y algunas veces la torrencial lluvia
y una fresca brisa, le deba el tiempo para sentarse junto
a la ventana de la cocina, y entonces sus ojos se perdían en la espesura,sus pensamientos volaban a través de la maraña, de los mares y los cielos
a otras tierras, las propias, las añoradas.

Yo la vi a nuestra madre, esperar desesperadamente ésa carta, que en sus líneas tal vez traería alguna noticia de su madre y sus hermanos,
misiva que leería junto al “sol de Noche” una y mil veces, enjugando sus ojos con el delantal de la cocina.

Vi a ésa mujer parir con valentía a mis hermanos, en el medio de la selva misionera, mujer de principios firmes, delicada como la mota del algodón,
fina como una “kokeshi”, tigresa para defender los suyos, “MADRE CORAJE”.

La vi doblegada sobre la tabla fregando, hasta gastar las ondas de la madera,
Con las manos heladas, rojas por el frío, y sabañones.

También la vi feliz con nuestros pequeños logros en los estudios, gozosa
miraba los boletines y sus notas, orgullosa de sus cuatro polluelos.

Nos enseñó el don de la humildad, la sencillez, la paciencia,
la honestidad y el amor por la tierra suya.

Yo la vi a nuestra madre, en épocas de cosechas, sobre lo sembrado
por sus manos, con entusiasmo trabajar y con aquello elaboraba el fruto que, su esfuerzo produjera.

La oí cantar, reír y llorar, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

Jamás reclamó por nada, sus sueños los guardó en ése baúl de madera
que trajera en ése barco y allí quedaron sus anhelos, y mil proyectos e ilusiones.

Recordó ese trayecto, su historia de vida, de pañuelos agitados, de sueños
y despedidas, de serpentinas cortadas, que el mar se ha devorado.

La vi mirando un partido de fútbol en la tele, entusiasta gritar:
“Dale, dale, dale…Gooolll!

Cambió así los sones del “shamisen” por los acordes del bandoneón,
y el sabor del “sashimi” por el asado criollo, y el “ochá” por el mate argentino.
La vi emocionada y con orgullo acunar en sus brazos a sus nietos,
jugar en su lenguaje telegráfico con ellos y hasta cantarles con felicidad.

La vi descubrir en el buzón, las cartas de sus hijos tan esperados,
que a veces no llegaban, y entonces su yerno, la engañaba inventándolas,
con sobre y estampillas recortadas, que con gran sigilo en ése buzón colocaba.
Un día vio descubrir ésa trampita y con asombro y una gran sonrisa agradecida,
sin enojo alguno dijo, entre carcajadas :
“Orulandoiatsta!!!”, (eras vos).

La vi cuando papá partió, recriminarle su abandono, parece que se habían prometido hacer el viaje juntos, y, entonces su cabecita abrió el arcón de los recuerdos, y con su atadito de ropas, nostalgias y lágrimas, partió de nuevo a su tierra natal.

Emociones a montones, el reencuentro con sus hijos, sus hermanos, su suelo,
le colmaron el pecho y se sintió satisfecha de la tarea cumplida y de pronto,
en el silencio, escuchó el llamado de su compañero, que desde ésa estrella que
brilla en el firmamento, bajó a buscarla, cumpliendo su promesa de eternidad compartida.

Y así vestida, nuevamente como una novia, con su rostro maquillado y una tranquila sonrisa, nos dejó…
Y anoche, yo los vi, juntos, en ésa estrella que en la noche brillaba…
Dejó en cada uno lo mejor de sí, sus enseñanzas y su sabiduría, y sobre todo su paciente amor silencioso…
ARIGATO OKAASAN!!!!...(gracias mamá).
Noriko.


Gracias a la buena predisposición y memoria de la entrevistada, hemos logrado acercar las vivencias de la familia Fujita, en la construcción de una historia viva, ya que se consideran a las historias orales, vitales en el rescate de los acontecimientos vividos y corroborados a través de archivos y bibliografía, sino lo más importante, el sentimiento, la subjetividad del entrevistado y su entorno.

 

© 2015 Irene Isabel Cafiero

argentina Colonia Urqguiza family poem

About this series

Esta serie trata sobre la comunidad nikkei asentada en Colonia Urquiza, en La Plata - Argentina, desde la década del sesenta, con el arribo de los primeros inmigrantes, sus actividades en la agricultura, la práctica y difusión de su cultura ancestral y su proyección sobre la sociedad argentina.