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Ryukyukoku Matsuri Daiko filial Perú: 15 años de brazos abiertos

Cuando Kuni Terukina llegó al eisa por uno de esos azares que parecen fabricados por el destino, Okinawa era para él sinónimo de aburrimiento. Había estado poco antes ahí, en 1998, para visitar a su familia. Se aburrió tanto que se prometió nunca más volver.

Era entonces un adolescente inquieto, con ganas de salir, jugar, divertirse, y Okinawa, la tierra de sus ancestros y donde él mismo nació (aunque se crio en el Perú), estaba lejos de ser divertida.

En pleno ensayo (Foto: © APJ / Óscar Chambi)

Todo cambió cuando fue a buscar a un amigo a un ensayo de eisa. Una tía de Kuni, que pertenecía al grupo de baile, creyó que había ido a inscribirse y lo apuntó. “Te espero el sábado”, le dijo. Como él tenía libre ese día, eligió no corregir el malentendido y seguir adelante. Hasta entonces creía que el eisa era una danza que practicaba gente con kimono. Probó, le gustó y se quedó para siempre.

En 1999, tras las celebraciones por el centenario de la inmigración japonesa al Perú, se formó la filial en el Perú del grupo Ryukyukoku Matsuri Daiko. Kuni fue uno de los miembros fundadores.   

Primera presentación en 1999, en el Estadio La Unión (Foto: © Archivo)

Dos años después, rompió su promesa y retornó a Okinawa. Era otra persona. O la misma, pero con otros ojos. Estaba fascinado. En tres semanas, con la ilusión de un chico que ha descubierto su vocación, intentó absorber todo lo que pudo de la cultura y la historia de Okinawa, visitando templos, informándose sobre la guerra, etc. Quería recuperar el tiempo que no había aprovechado en su anterior estadía.

Kuni Terukina es miembro fundador del grupo y su actual director (Foto: ©APJ / Óscar Chambi).

“¿Cómo pude haber dicho eso?”, se preguntaba, recordando al adolescente que alguna vez dijo: “Okinawa es un lugar tan aburrido que no regreso”.

Esa mutación fue posible gracias a Ryukyukoku Matsuri Daiko, que ahora lo tiene como director general. Su historia refleja, de una manera u otra, lo que esta agrupación ha significado para muchos jóvenes de ancestros okinawenses: la reconexión con sus raíces.

Chicos y chicas que entraron al grupo para conocer gente, o que fueron inscritos por sus mamás para que socializaran o llenaran su tiempo libre, y que sabían poco o nada de Okinawa, comienzan a interesarse por la cultura de sus antepasados. Ya no es solo bailar o tocar el tambor, sino averiguar qué bailan, por qué, dónde se originó la danza, etc. De ahí algunos saltan a temas mayores, como la historia de Okinawa cuando no pertenecía a Japón o sus padecimientos durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, esto no significa que el grupo esté restringido a descendientes de okinawenses. Siguiendo una filosofía que se remonta a los tiempos en que Okinawa era independiente, y que preconizaba una política de brazos abiertos sin distinción de ningún tipo vital para su supervivencia comercial, Ryukyukoku Matsuri Daiko acoge a todo el que desee sumarse. “Todo aquel que quiere venir con nosotros y aprender es bienvenido”, dice Kuni.


RECIPROCIDAD

Más de 420 personas del grupo de eisa de la Asociación Okinawense del Perú actuaron en la celebración central del centenario de la inmigración japonesa al Perú en 1999. Aún no existía la filial peruana de Ryukyukoku Matsuri Daiko, pero el camino ya estaba pavimentado para su formación. El éxito de la convocatoria para el centenario mostró que había un vasto capital humano que no podía desaprovecharse. 

En septiembre de ese año nació oficialmente la agrupación. Su primera presidenta fue Kiomi Moromizato.

Nadie imaginó que llegaría tan lejos. Se estima que en sus 15 años de existencia, entre 1.500 y 2.000 personas han pasado por ella.

Presentación en la Feria del Libro Ricardo Palma de Miraflores, Lima (Foto: ©APJ / Melissa Merino)

Hoy cuenta con dos filiales: la central, que opera en la Asociación Estadio La Unión, tiene entre 50 y 60 personas mayores de 15 años y 35 niños; y la del norte, en el colegio Hideyo Noguchi, está formado por nueve adultos y 16 niños. El mayor de sus miembros tiene 41 años y el menor 6.

Todos sus integrantes atravesaron por un periodo de prueba. Una vez superados, recibieron autorización para confeccionar sus propios uniformes.

El grupo tiene una regla fundamental que proviene de Okinawa: no se lucra. La idea es: así como aprendiste sin pagar, enseña sin cobrar. Sus miembros solo tienen que aportar diez soles por mes que se destinan a un fondo común para cubrir el alquiler del local que tienen en AELU. El club les ofrece varias facilidades: una mensualidad módica, un espacio para guardar sus tambores y acceso libre a los integrantes del grupo que no son socios. “Estamos bastantes agradecidos con AELU”, dice Kuni.

La filial peruana de Ryukyukoku Matsuri Daiko ha sido reconocida por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón por su contribución a la difusión de la cultura japonesa. Su arte los ha llevado por ciudades del Perú como Piura, Trujillo, Chiclayo e Ica, y países como  Bolivia, Brasil y Argentina.

La agrupación se ha presentado en diversas actividades. Aquí, en el Matsuri 2014. (Foto: ©APJ / Jaime Takuma)


Datos
 

  • El eisa es una danza okinawense que se escenifica durante el obon, festividad que se celebra para recibir a los espíritus de los antepasados que visitan las casas de sus familiares. En su último día de visita, los espíritus son despedidos al ritmo de los taikos (tambores japoneses), que acompañan su retorno al mundo de los muertos.
  • En 1982, se fundó en Okinawa el grupo Ryukyukoku Matsuri Daiko para encarrilar a jóvenes díscolos y canalizar sus ímpetus hacia la práctica del eisa. De este modo, también se buscaba preservar el acervo cultural okinawense transmitiéndolo a las nuevas generaciones.

Presentación el festival Nippon Ganbare organizado en 2011 en apoyo de las víctimas del terremoto y tsunami ocurridos en Japón. (Foto: ©Archivo APJ)

 

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 95, y adaptado para Discover Nikkei.

 

© 2015 Texto: Asociación Peruano Japonesa; © 2015 Fotos: Asociación Peruano Japonesa

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