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Comunidad japonesa en la Colonia Urquiza, Partido de La Plata

Parte IV: Jardines japoneses (Mizujo)

A través de un estudio histórico y antropológico, se ha abordado el paisajismo de los hogares de la comunidad japonesa, de donde surge la observación del uso del espacio, para vincularlo con la herencia cultural del paisaje asiático, es el caso de Mizujo1, “granja criolla con espíritu japonés”.

Los jardines japoneses, poseen un alto contenido simbólico sustentado en la simetría y en la filosofía zen. Buscan resaltar el equilibrio general del conjunto, y lo que los caracteriza es la relación que existe entre los elementos. La configuración del paisaje de los jardines se da a través de rocas, islas, puentes y cascadas que obedecen a un cierto fin: representar la esencia de la naturaleza, reflejando su belleza interna y externa a través de la simplicidad y la naturalidad.

Los primeros indicios de Jardines Japoneses surgieron en el período Nara (710-794 d.C.), dentro del palacio imperial, ninguno ha sobrevivido, solo existen evidencias gráficas de sus diseños en las pinturas de la época, las cuales muestran un paisaje natural con lagos e islas.

En el periodo Kamakura (1185-1392), una ola de influencia china llegó al Japón, y con ello la introducción del Budismo Zen, cuya doctrina sustentaba la austeridad, así como largos períodos de meditación. El zen se relacionó con los principios de estética y su percepción, proyectando su influencia en las artes japonesas. El nacimiento del "Jardín Zen" surge por la necesidad de crear un espacio que fuese utilizado como una ayuda para la meditación. En este período, las parcelas de tierra se reducen lo mismo que sus estanques que son diseñados en una escala menor. Para inducir la sensación de grandes ambientes en espacios más pequeños, se requirió representar el paisaje natural mediante la combinación monocromática de todos sus elementos. Como resultado, nació el jardín zen tipo "escenario," que se sofisticó con la incorporación de intrincadas líneas costeras en las orillas de sus estanques y el uso de rocas de varias formas. Durante el periodo Muromachi (1392-1573) el zen se popularizó entre los samurai como una disciplina necesaria para sobrellevar los momentos difíciles, y es así como el jardín fue patrocinado por el shogunato. El jardín zen tipo "paisaje seco" (karesansui) comenzó a aparecer en los templos. Esos Jardines fueron realizados con roca y arena en estrechos espacios ubicados frente a los cuartos de meditación.

Los jardines de la época Azuchi-Momoyama y la época Edo temprana son, copias estereotipadas del jardín con lago o variaciones del jardín de paisaje seco. Durante la tercera oleada de influencia china, el orden social de Japón se fue basando cada vez más en una ética práctica y neo- confuciona. El escenario característico del nuevo prototipo es el roji, la senda que lleva al so-an, la cabaña con tejado de paja (en general shoin, estancia del palacio o templo). El nuevo estilo sukiya aparece condicionado por la casa de té2. Luego se introdujo una segunda naturaleza, según las preferencias de los propietarios, implantando en el jardín formas (conocido como o-karikomi, arbustos y árboles recortados con distintas formas) y paisajes artificiales.

Los jardines de la época Meiji muestran, en principio, los estereotipos tradicionales del jardín con lago, el jardín de paisaje seco y el jardín del té de la época Edo. El nuevo prototipo, que surgió a comienzo del siglo XX y que ha mantenido su influencia hasta el mundo actual, está dominado por la piedra natural desbastada. Más tarde aparecerán los materiales sintéticos. Este prototipo ya no reproduce los paisajes que se encuentran en la naturaleza, sino que más bien se concibe como una proyección “egocéntrica”: el jardín como fruto de la fantasía. A partir de la II Guerra Mundial, el jardín se convierte en parte de la arquitectura de edificios administrativos, pabellones de cultura, museos, edificios de oficinas y plazas públicas. Los nuevos autores son ahora profesionales, escultores, arquitectos o paisajistas con formación universitaria.

Los jardines fueron evolucionando pasando las fronteras del Japón al continente, en especial a Europa y a Estados Unidos, donde no solo reprodujeron su relación con lo religioso, con la meditación, la reflexión sino que se transformaron en jardines de contemplación, de descanso, de paseo, de decoración y esta visión en general, ha llegado a nosotros, a Sudamérica donde confluye con el aporte de japoneses, producto de la inmigración, que por tradición conocen de modelos y prototipos y lo fusionan con las nuevas tendencias contemporáneas.3

A continuación una breve reseña de los elementos básicos de un jardín, que luego visualizaremos en los casos estudiados de Colonia Urquiza. Las rocas son los elementos base, simbolizan montaña o isla. También se puede representar el agua, corrientes y olas rastrillando la arena y dándole la forma de cascada seca. Las rocas más usadas son aquellas de origen volcánico, sobre todo el basalto. No se diferencian ente sí, deben ser colocadas de acuerdo a la tradición oral.

Un jardín puede contener, en forma real o simbólica, los siguientes elementos: agua, una isla de verdad, un puente a la isla, una linterna de piedra, una casa de té, pero también elementos vegetales como bambú y plantas relacionadas, plantas de hoja perenne, como el pino negro japonés, y árboles de hojas caducas, tales como, arces en cuya sombra se desarrolla una alfombra de helechos y musgos. En algunos casos, se recurre al arte del bonsai para generar un micropaisaje (para representar la eterna juventud). El espacio, a través de la superposición de fondos, genera un escenario, donde se combina el paisaje exterior con el interior del jardín, y en Japón hay diferentes tipos según su tamaño

Acerca de los simbolismos y tomando como ejemplo el Jardín Japonés de Buenos Aires,podemos observar como se ha intentado reproducir en Argentina el típico jardín japonés, y se manifiesta a través de la profusión de los elementos, diseños que son parte de un modelo o prototipo. Se ha visualizado al visitarlo: los islotes del jardín que representan las cuatro islas principales del Japón; los pinos colorados y negros, que ofrecen un refugio del sol y simbolizan la vida; el agua, muestra el fluir de la existencia y nos brinda la purificación; los peces carpa o koi, que representan la fuerza masculina por su capacidad de nadar contra la corriente. El puente plano: construido con madera y pintado de color rojo, ofrece una hermosa vista a la cascada y desde allí es posible alimentar a los peces koi. El puente truncado: representa la dificultad para llegar a la isla de los dioses y de los tesoros. El puente curvo (taiko bashi): supone el estado intermedio entre la tierra y el paraíso. El puente en zig zag (yatsu hashi): conocido como el puente de las decisiones, debe ser cruzado por las personas que tienen que realizar una elección. Su diseño ayuda a la meditación.

Ese es el modelo más cercano a nosotros, por lo tanto, a partir de él, comenzamos a analizar en forma general los jardines en Colonia Urquiza, para detenernos en uno en particular: Mizujo. Se pudo observar que muchos de los espacios hogareños analizados, mantienen muy pocos elementos que nos indiquen que siguieron patrones orientales para su conformación. En algunos casos, no sólo la predilección de la familia se ve reflejada en forma particular por el color de las plantas o flores o el uso de ciertos árboles como el momiji o el sakura, árboles que se transforman con las estaciones, y dan la idea de renovación, de evolución permanente, sino también el de algún paisajista contratado como artífice de un estilo particular que demanda alguna de las familias de la Colonia Urquiza. Por lo tanto, estos hogares le han dado en cierta medida una resignificación a sus jardines. En muy pocos casos, se observó el intento de reproducir el jardín japonés tradicional con los elementos característicos.                 

En fotografías del frente de la casa y jardín de uno de los pioneros de la Colonia, tiene la característica común de las casas de la zona: árboles a los laterales donde predominan momiji y sakura y un macetero con flores de estación de variados colores, delante de la puerta principal, y en general detrás puede haber varios árboles o uno que sobresale por sobre los demás. Los elementos que se distinguen en general son árboles, flores, rocas o piedras pero sin el estanque que existió en algún momento.

El campo libre Mizujo, o “granja criolla con espíritu japonés”, tiene varias instalaciones: restaurant-comedor con platos orientales, vivero, invernáculos, verdulería y frutería, jardín japonés, granja educativa, parque de recreación con quinchos y juegos para niños. Es propiedad de la familia Sato, que se instaló en Colonia Urquiza en la década de 1970. El Sr. Sato, en Japón trabajaba en el mantenimiento de parques. Cuando se instaló en Colonia comenzó con el cultivo de frutillas y se dedicó, por un tiempo, al asesoramiento y diseño de jardines de la zona. Sus hijas se educaron en la Escuela Agraria y, en sus viajes de estudio a Japón, adquirieron experiencia en el tema de espacios verdes. La mayor fue a realizar estudios de carpas- koi, formas de cultivo y a buscar asesoramiento de parques; en cambio, la segunda se especializó en cría de animales de granja y en cocina oriental. En la década de 1990 nace Mizujo (inaugurado en 1996), que se fue convirtiendo en un “complejo productivo atípico, en el que todo lo que se produce se comercializa”. El área de quintas, flores e invernaderos se transformó en un circuito de paseo para que la gente que lo visita pueda disfrutar de un escenario por demás diverso dentro de un marco de intercambio cultural.

Allí cultivan especies infrecuentes para la mayor parte del público. Uno de los invernáculos, por ejemplo, es el reino de las uvas sin semillas (que en la Colonia Urquiza fue difundido por Tsuroka4, un Ingeniero Agrónomo). Cultivan además: higos bajo cubierta plantados en forma rastrera (bajan las ramas hasta el ras de la tierra) para aprovechar todos sus brotes; robustos bonsai; plantines de todo tipo, flores de corte y un listado de treinta vegetales de origen asiático como el daikon (nabo japonés que puede llegar a medir 50 centímetros de largo), hakusai, la más popular de las lechugas orientales; nasu, una pintoresca mini berenjena; shoga, conocido en la Argentina con el nombre de jengibre; edamame o poroto de soja para consumo humano; nira, verdeo de ajo; shishito, un ají no picante, y shinguensai, una suave y tierna clase de acelga. Además se cultivan carnosas frutillas y plantas como las exóticas peras nashi y los caquis.

Se destaca dentro del complejo un típico jardín japonés, donde los elementos del paisaje como el agua, una isla de verdad; un puente a la isla; una linterna típica de piedra; una Casa de Té, varios puentes construidos en madera como: puentes planos, truncado, curvo y zig zag junto con rocas de diferentes tamaños y formas, árboles grandes como pinos colorados y negros y pequeños bonsái, los peces carpa o koi, conforman el prototipo ya mencionado.

Con el presente trabajo se ha hecho una descripción de uno de los aspectos de la Colonia Urquiza, en el que se reflejan algunos conocimientos heredados o aprendidos, acerca de la concepción del espacio con base oriental.

Notas:

1. Palabra antigua que simboliza a Japón, lugar de buenas cosechas de arroz, lugar paradisíaco.

2. Shokoku chaniwa meiseki zue: un libro ilustrado sobre famosos jardines del té del siglo XVII, que resulta ser un resumen del Kokin chado zenshu., compendio de la ceremonia del té, editado por primera vez 1694.

3. En síntesis el Jardín Japonés con el correr de los siglos fue sufriendo cambios. A partir de arquetipos fueron surgiendo prototipos nuevos y originales los cuales evolucionaron en cada época histórica, donde este debe entenderse más bien como una reinterpretación de un modelo anterior. (Nitschke, G: El jardín japonés. Ed. Taschen, 2007, pág. 27).

4. Uno de los primeros inmigrantes japoneses que se instaló, en la década de 1960.

 

* “Algunas voces, mucha tradición” Pasado y presente de la Comunidad japonesa de Colonia Justo José de Urquiza. Por Irene Isabel Cafiero y Estela Cerono. Primera edición. Ediciones Al Margen. La Plata. 2013. ISBN 978-987-618-163-1.

 

© 2014 Irene Isabel Cafiero

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About this series

Esta serie trata sobre la comunidad nikkei asentada en Colonia Urquiza, en La Plata - Argentina, desde la década del sesenta, con el arribo de los primeros inmigrantes, sus actividades en la agricultura, la práctica y difusión de su cultura ancestral y su proyección sobre la sociedad argentina.