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Collective Future

Mi identidad ("Mi" como "Nuestra") – Parte 1

El Perú es una mixtura de culturas sobre entretejida vialidad y yuxtapuestos intereses, que arman esta capital de arcilla (la que por desgracia se adjudica el derecho de representar al país pero igual debo referirme a Lima ya que casi todo sigue centralizado); los peruanos somos parte de una sumatoria de costumbres y tradiciones; ignorante aquel que se crea superior... o inferior.

Foto: Victor Nishio Yasuoka. Cerro Mirador, Tablada de Lurín, Lima

Soy Nikkei; vivo en un país con herencia milenaria que tiene exportados  y contrabandeados huacos en vitrinas, huecos en casi todas sus pistas y huacas invadidas con insertados tendales llenos de calzoncillos viejos y casacas "blin-blin" como banderas punzando el “esto es mio” del terreno propio que en realidad no lo es porque es patrimonio cultural de todos los peruanos aunque pocos lo sientan así.

Mis abuelos fueron japoneses, soy "3ra. y ½ generación"... me dijeron que ya estamos en la 6ta, asi que tripas-corazón para aquellos que creen ser "puros" sin conocer toda su ascendencia, que en verdad se va hasta China (tal vez resulte que todo, todo, todo sea para nosotros Nikkei, en el momento en que nos pongamos a investigar, Made in China... y con el TLC, activo y listo para contaminar nuestras costumbres sin DNI y tradiciones petrificadas por la globalización, aún más).

Esa pureza mencionada -excusa antigua- no existe tanto como las razas son una falacia: nuestros rasgos son determinados por la genética y ésta no define razas sino características biológicas, esto es, todos somos iguales con diferencias en la apariencia; el término raza ha sido utilizado para discriminar intelectual, sexual, corporal, etárea (edades) y culturalmente y seguirá utilizándose así, por tanto es una diferenciación enteramente social.

Si, según su definición vulgar, creemos en las razas -que son apariencia-, por relación simple y directa nuestras existencias también son apariencia; si así lo queremos, al tiempo, también en apariencias se transformarán nuestra ética y nuestros valores, mutando consecuentemente, a la moral, en algo utilitario y sensacionalmente mediático.  Al vivir así, la carga social crece como una gran mentira dificilísima de desatar pero fácil de anudar una vez más, y esa soga nos la ponemos al cuello generación tras generación.
 
DEL PASADO

Jamás me he mirado al espejo con ropa tradicional japonesa pero sí he participado en celebraciones de la colonia (por ejemplo, cargando el Mikoshi –previo al sake- en un, lejano ya, Matsuri)... ¿Por qué se sigue diciendo colonia?

No hay japoneses que se comporten como los primeros inmigrantes excepto ellos mismos, porque han ido falleciendo, y con ellos la integridad de esos actuares antiguos e irresquebrajables que construyeron la imagen del "japonés" en este país que es nuestro.

Después de tantas décadas desde la llegada de ese primer barco cargado de trabajadores y esperanzas mal estructuradas (ya que en la generación siguiente recién dio frutos tanto sudor y sacrificio emocional), tenemos muchísimo para pensar –aún sabiendo que lo venimos diciendo y haciendo por más de 2 décadas- porque la imagen del Japón de hoy no tiene un atisbo de lo que los inmigrantes trajeron.

Lo bueno, de aquellos primeros que pisaron tierra peruana, fueron (y siguen siendo) sus valores fuertemente arraigados: respeto, puntualidad, cumplimiento, responsabilidad, cuidado de ancianos y niños, etc; trato de conservarlos en mí, todos apretujados bajo la idea global de integridad (y sin convenientes torceduras).

Lo malo que arrastramos de esa época –traumatizada por las dos guerras- es que ya no existe ni en Japón, lo que creíamos que debía ser; se ha reinterpretado muchísimo desde la posguerra y es tiempo de hacerlo aquí (no esperemos un hecho contundente para empezar a pensarlo).

Esa reinterpretación, como adaptación concreta pero siempre tradicionalista en cuanto a pertenencia social, es necesaria para evitar la desintegración institucional y la posterior desaparición de la colectividad (en forma de valores y enseñanzas) debido a la total asimilación de los Nikkei por organizaciones y agrupaciones que poca o ninguna relación tendrán con nuestras raíces e identidad; entonces, sólo restará, como esperanza última, la formación en el hogar (de existir uno) para no ser indiferentes pisadas sobre suelo polvoriento, mas esto no nos dará algo con qué identificarnos y que funja como lazo entre nosotros.

Cuando distintos pueblos se mezclan también lo hacen sus costumbres, y con el tiempo, sus tradiciones; por ello tenemos fiestas populares que pasean cruces en andas mientras conceptuales personajes les abren camino con trajes multicolores, agradeciendo el fruto de la tierra al apu... y varios diablillos de ojos saltones animan la fiesta.  Así, parece inevitable una visión apocalíptica sobre el destino de la colectividad... ¿tenemos en este momento alguna visión común que pueda reemplazarla?

Part 2 >>

* Publicado en el Anuario Prensa Nikkei 2007, Lima, Perú.

© 2007 Victor Nishio Yasuoka

identity peru

About this series

Victor Nishio Yasuoka experiments with Nikkei life in Peru. He asks himself, “What is being Nikkei?” so as to imagine a local and global collective future. Besides, he examines historical and contemporary racism, offering an explanation of the consequences of the expression “Chino” [akin to “Chink”] and its deep-rooted reasons. And finally, from his professional vantage point, he provides a personal overview of the field of Fine Arts and the cultural support given to artists in the community.