Escolha o seu idioma de preferência para tirar o máximo proveito das páginas do nosso Jornal:
English 日本語 Español Português

Fizemos muitas melhoras nas seções do nosso Jornal. Por favor, envie-nos a sua opinião ao escrever para editor@DiscoverNikkei.org!

Como celebramos el obon en casa

Ponemos caña de azúcar, frutas, piñas, ofrendas para nuestros difuntos

TANABATA

Mis recuerdos de niño son del día de Tanabata. Muy temprano, nos preparábamos con mi papá y mi mamá para ir al cementerio “El Angel” de Lima y también al cementerio “Presbítero Maestro. Llevábamos de todo para limpiar las tumbas y por si se necesitaba alguna refacción, ese día lo podíamos hacer. Me decía mi mamá: “la verdad es que en casa no teníamos butsudan en ese tiempo, pero siempre íbamos a visitar a todos nuestros difuntos”. Lo nuestro era una especie de tour, visitábamos a todos los familiares y conocidos, recuerdo que terminaba muy cansado, porque todas las tumbas que visitábamos no estaban cerca. El problema también era que eran tantas las tumbas que a veces perdíamos tiempo buscando dónde estaban o porque no las encontrábamos En esos cementerios el crecimiento era caótico, ibas después de tiempo y se encontraba una construcción nueva.

Debido a un conflicto familiar, mi padre no podía visitar el butsudan de mis abuelos paternos, quizás por eso en mi se marcó mucho lo del “butsudan”. Por considerarlo una injusticia con mi padre, siempre me he preocupado de llevarlo, porque quizás notaba que mi padre sufrió en silencio, ya que nunca pudo visitar el “butsudan” de sus padres. Murió con eso, con sus actos siempre me decía lo importante que era visitar a los difuntos, porque él era muy callado.

Lo que me llamaba más la atención era que había puro “jalado” (asiático) en ese día. Mi mamá veía a alguien y ella inclinaba la cabeza en señal de saludo. Le preguntaba: “mamá, ¿lo conoces?.....no… me decía, así con varias personas…..pero si no los conoces porqué los saludas. Ella decía: es por respeto, son niseis (en ese tiempo no se usaba la palabra “nikkei”). Veía que unos a otros se saludaban respetuosamente. Muchos años después, ahora que yo llevo el “butsudan” de mi papá y mi mamá, vamos al cementerio. Ahora al cementerio “Campo Fe” de Huachipa e igual veo que ese día (también los días anteriores), se ven muchos “jalados” en el cementerio. Pero pero esta vez, con decepción veo que ya nadie se saluda entre sí, incluso muchas veces rehúyen la mirada, a menos que realmente sean conocidos y se detienen para conversar, qué habrá pasado, será que estamos perdiendo ese sentimiento de familiaridad con todos los “nikkei”?

Los tiempos, la modernidad, la inseguridad ha hecho que muchos compren tumbas en otros cementerios, abandonando los cementerios antiguos y haciendo los traslados para que todos los difuntos de la familia estén juntos, incluso en “Campo Fe” hay un lugar sólo para los nikkei.


UNKE Y UKUY

Este año, en Obon, recibimos a mi papá y a mi mamá; el año pasado no lo pudimos hacer. Es una festividad en que se recibe con alegría a todos nuestros difuntos, es una fiesta, estamos contentos porque ellos vienen. En nuestro caso había fallecido mi mamá y nosotros todavía estábamos de luto, entonces no estábamos para celebrar y, más bien, eso sería una falta de respeto para con ella. Nosotros tenemos la costumbre de invitar para el butsudan y en el cementerio a los que están en él y también a los que no lo están (demás familiares). Si ellos desean venir de visita, serán bien recibidos. Si mi papá y mi mamá desean invitar a algunas personas más, lo pueden hacer. Esto lo hacemos porque ya muchos no lo celebran, están perdiendo esta costumbre, y me imagino que se sienten tristes de no recibirlos en sus casas, por eso los invitamos.

Nuestro chawaki, algunos dulces, su sopa fuchifú, unbusa, arroz, sushi, todo lo que les gustaba.

En esos días se crea un pequeño alboroto en casa, se programa desde ir al cementerio, hacer las compras necesarias, los encargos para la caña de azúcar que se va a preparar y que se va poner en el chawaki, los dulces. Entre todos estos preparativos, mi hijo pregunta: ¿qué van a poner de comer?, ¿Cuándo?, ¿la piña la vas a rodar?, pregunta tras pregunta, él tiene 14 años. Pregunta por curiosidad y también porque a esa edad siempre están con hambre, dice que va haber bastante “gochizo”. Ante tanta pregunta le digo: pero si todos los años hacemos, porque tanto preguntas, se queda callado, quizás un poco resentido; como muchas cosas, las hacemos sin pensar y prácticamente le quitamos la curiosidad, reflexiono y me digo: como quiero que el siga llevando el butsudan, si no le explico todas las cosas y no lo hago parte de toda esta festividad, estoy cometiendo el mismo error que mis padres, hacer las cosas sin explicar y sin tomar en cuenta a los hijos.

Recuerdo que hace unos años atrás el médico de mi mamá, también nikkei, vino para su visita médica a casa, justo en uno de estos días de obon. Me contó que él, por su trabajo, muchas veces no podía asumir la tarea como jefe de familia ante el butsudan, por lo que había preparado a su hijo adolescente y él tenía que asumir la responsabilidad en su reemplazo, porque muchas veces lo llamaban para emergencias. Me sorprendió que, a pesar de ser el un hombre de ciencia, también estaba convencido que se debe seguir esta costumbre okinawense.

Son tres los días que están en casa, servimos los tres días: desayuno, almuerzo y cena. El primer día “unke”, la bienvenida, les digo que estamos contentos de recibirlos, ponemos las dos piñas, dos varas grandes de caña que representan bastones, dos paquetes con cinco pedazo de caña de azúcar, como ofrenda, frutas en número impar en dos platos. El segundo día, en la cena, ofrecemos dos platos de “yushime”, el tercer día es el de la despedida y el más importante. Se pone el “chawaki”, los dulces; en ese día le tratamos de ofrecer lo mejor. Este año me deja una sensación de satisfacción porque mi hijo se interesó un poco más, participó preguntando más, rodando la piña, incluso estuvo ayudando a mi esposa para preparar las cosas, creo que sobre todo comiendo y por eso le gustó más. Nos visitaron algunos familiares que también trajeron cosas para el butsudan, mi hija tímidamente trajo también unos dulces para su “oyi” y “oba”, qué más puedo pedir?

A mi papá y mi mamá les gustaba mucho la música enka, por eso estos días le pusimos y estén muy contentos.

Yo no sé si es religión, yo no sé si es costumbre okinawense, no soy teólogo ni quiero filosofar, tampoco me quiero pelear con nadie, ni quiero discutir si está bien o está mal. A mis 53 años, sólo quiero hacer caso a mi corazón. Para mí el “obon” es una fiesta, donde recibimos a los familiares que nos dejaron, en este caso a mi papá y mi mamá. Es como pedirle a “kamisama” que nos dé una licencia y poder tener a mis papás en casa, darles lo que les gustaba y que quizás en los últimos tiempos no les pudimos dar. Cuando ambos fallecieron, tenían diversas enfermedades, por lo que se prohibían algunas comidas, como el tradicional chancho hecho con “shimiti” (salsa de soya, sazonador y azúcar) o un “chancho al cilindro” que tanto le gustaba a mi mamá, pero que no podía comer. La bebida “Inka Kola”, que tanto le gustaba a mi papá y que no podía beber por la diabetes. Se preparan casi todas las cosas en casa: los “tempura”, “konbu”, “tofu frito” y algunas cosas que se compraron, porque es demasiado trabajo. Pero, en esta aventura, me acompaña siempre mi esposa, sin quejarse nunca, acompañándome siempre en todo, porque en vida le dio todo a mi mamá, como si fuese su hija y eso nadie lo puede negar, porque ella cree, igual que yo, lo que nos dicta nuestros corazones.

 

© 2017 Roberto Oshiro Teruya

family food obon peru