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El Año Nuevo de los nikkei. Un repaso al Oshogatsu desde los tiempos de los issei

Fotografía de la celebración de año nuevo en 1953, entre familiares, captada por el recordado fotógrafo Kiyoshi Sato. (Foto ©Asociación Peruano Japonesa) 

Casi toda mi infancia la pasé con mi abuela. Sus costumbres, muy japonesas por cierto, podían reflejarse en la vida diaria. No celebraba la Navidad, pero sí el Oshogatsu (Año Nuevo en japonés).

En esa época, recuerdo que los preparativos para el Oshogatsu comenzaban el 31 de diciembre. Ni bien amanecía, todos limpiábamos la casa y mi mamá era quien cocinaba. Ella pasaba toda la mañana cocinando tofu, guiso de cerdo con nabo y zanahorias, nuditos de alga kombu, mucho sushi y hasta tempura de camote y verduras. Toda esa comida era para ponerla como ofrenda en el butsudan (altar budista) de la casa y compartirla con la familia en Oshogatsu.

Despedíamos el 31 acostándonos temprano. Al día siguiente, ya era Oshogatsu. Al bajar al comedor, lo primero que veíamos era una jarra con “wakamizu”. Mi abuela había llenado una jarra con agua de caño. Según ella, tomar un vaso en Oshogatsu nos auguraba buena salud durante todo el año. El wakamizu no podía ser agua hervida ni embotellada, sino el primer chorro que salía el primer día del año, sacado directamente del caño. “Es el elíxir de la juventud”, nos decía mientras lo tomábamos.

A veces, no entendía por qué hacíamos esto o aquello por Año Nuevo, pero aun así lo hacíamos en casa. “En mis tiempos…”, creo que así diría mi abuela sobre sus costumbres, las mismas que trajo consigo al Perú hace más de un siglo. Pero el tiempo no pasa en vano. Ahora los nikkei en general celebramos el Oshogatsu a nuestra manera. Algunos, con un toque más peruano y otros, conservando algunas de las costumbres japonesas.

Herencia familiar. La abuela y madre de Milagros Tsukayama (izquierda) y la autora de la nota con su madre (derecha), quienes han seguido las costumbres japonesas en las celebraciones de fin de año. (Foto: ©Archivo familiar de Milagros Tsukayama)  

Para escribir este artículo, pregunté a varias personas “¿qué recuerdan del Oshogatsu?” y muchas evocaron su infancia. Era como retroceder en el tiempo, escuchando recuerdos de toda edad y época.


RECUERDOS DE PREGUERRA: MOCHI

“Recuerdo que hacíamos mochi en la casa”, dice Itzue Murakami, nisei de 88 años que pasó su infancia en la hacienda San Nicolás. “Mi papá amasaba el arroz con el kine (mazo de madera) mientras mi mamá metía la mano, con un poquito de agua, para voltear la masa. Era bien divertido verlos haciendo mochi”. Itzue aún conserva con cariño sus recuerdos de niñez. Sus padres preparaban tanto mochi que hasta guardaban lo que sobraba, para comerlo incluso después de Oshogatsu. “Tostado en la sartén, con un poquito de aceite”, explica.

Eran tiempos de preguerra. La vida giraba en torno al trabajo y los primeros issei apenas tenían tiempo para pasarlo en familia. Sea en la chacra o en la ciudad, tuvieron que adaptar sus costumbres. Muchos issei trabajaban en las haciendas y otros ya tenían negocio propio en la ciudad. Aunque muchos trabajaban el 31 de diciembre, de alguna u otra forma todos celebraban el Omisoka (víspera de Año Nuevo).

Los preparativos comenzaban con la limpieza del hogar. Se hacía el osoji (limpieza) de toda la casa, botando lo que estuviera roto y viejo. Todo tenía que estar listo antes del Oshogatsu.


LA COMIDA UNE A LA FAMILIA 

Las familias se esforzaban por preparar una cena especial y la comida para el día siguiente, el Oshogatsu. No podía faltar el toshikoshi soba en la cena del 31 de diciembre, que es una sopa con fideos soba, cuya forma alargada representa larga vida. Si no había soba, podía reemplazarse con fideos similares.

En Oshogatsu nadie trabajaba ni cocinaba. La comida ya estaba hecha desde el día anterior y solo quedaba pasar el día en familia. Recién por la tarde, salían a visitar a los familiares para saludarlos por el nuevo año.

“Cuando estábamos en (la hacienda) San Nicolás, mi mamá preparaba ozoni para Año Nuevo. Hacía un caldo y le echaba alga kombu, kamaboko, hongos shiitake, nabo, zanahoria y bastante pollo. Y al final, mochi”, recuerda Itzue. Así como el ozoni para el desayuno, también preparaban onishime (guiso de verduras) y sekihan (arroz con frijoles azuki) para el almuerzo.

Con una fuerte creencia en el mundo espiritual, los issei solían colocar ofrendas a los kamisama (dioses) y a los difuntos, pidiendo por un mejor año. El osonae (ofrenda hecha con mochi), velas encendidas y hasta el sueldo o las ganancias del día eran colocados como ofrendas para pedir prosperidad, bienestar y mejores ganancias para el nuevo año.


DESPUÉS DE LA GUERRA, LA VIDA CONTINÚA

Después de la guerra, los issei continuaron celebrando el Oshogatsu, pero algunos preparativos ya se hacían fuera de casa.

Muchos issei tenían negocios propios y las ventas aumentaban en vísperas de Navidad y Año Nuevo. Ya no había tiempo para preparar mochi en casa y muchos preferían comprarlo en las dulcerías japonesas de la época, como Kotobuki del Centro de Lima o Tsukayama de la Calle Capón. El onishime y el sekihan seguían siendo los platillos infaltables en Oshogatsu.

En aquellos años, la colonia ya contaba con espacios ideales para celebrar sus fiestas sociales. Pero la aún tímida colonia japonesa seguía celebrando el Oshogatsu en casa y con la familia.

Kazue Yabiku de Kohatsu, conocida cultora de danzas okinawenses en el Perú, recuerda uno de estos espacios sociales. “Mi papá era el dueño de Jardín Ancash. Allí la colonia celebraba sus matrimonios y cumpleaños. Fiestas por Oshogatsu, no había. En víspera, más bien, cerrábamos Jardín Ancash y nos poníamos a hacer osoji (limpieza) para recibir el Año Nuevo con la familia”.

Celebración de Año Nuevo de la Asociación Femenina Peruano Japonesa, 1971. (Foto ©Asociación Peruano Japonesa)  


LOS AÑOS 60: OSHOGATSU “A-GO-GO”

Ya por los años 60, el sabor local para celebrar el Año Nuevo parecía opacar al tradicional Oshogatsu. Los jóvenes nikkei conservaron las costumbres japonesas de sus padres, aunque no con la misma intensidad.

La cena seguía siendo en familia. Pero antes de la medianoche, muchos jóvenes se alistaban para salir a bailar. Las grandes fiestas por fin de año ya estaban de moda entre los nikkei. Eran los años 60 y 70, la época de Fresa Nisei, Caramelo de Menta, Seventy Seven, Blue Star, entre otras orquestas que amenizaban las fiestas de fin de año.

“¡Quién no recuerda el Majestic! Casi media colonia nikkei ha bailado allí”, recuerdan los esposos Masami y Julia Kamiyama. El Majestic era uno de los salones de baile en Pueblo Libre más conocidos y emblemáticos de la época. Otros locales preferidos por los nikkei eran La Bomba de los bomberos en el Callao y el colegio La Victoria en Manco Cápac.

Las fiestas de Año Nuevo en el Majestic empezaban antes de la medianoche y terminaban al día siguiente. Con un amplio salón, fácilmente podíamos encontrar centenares de personas en plena pista de baile. Pero el boom de las fiestas de fin de año en el Majestic acabó en los años 80. Con el tiempo, el Estadio La Unión y la Asociación Okinawense del Perú se han convertido en los locales preferidos por los nikkei para despedir el año.

Fiesta de Año Nuevo en la Asociación Okinawense del Perú. (Foto ©AOP)  

Contrastando con la tranquilidad del Oshogatsu de antaño de los issei, la nueva generación ya despedía el año con alegría y mucho ruido. Además de los bailes, otro recuerdo de Oshogatsu son los cohetecillos. Don Masami recuerda su infancia en Barrios Altos, por los años 60. “La gente ya reventaba cohetecillos el 31. Recuerdo que todo estaba de rojo el primero de enero. Había cohetecillos rojos por todas partes, las calles y techos. Algunos no habían reventado y estaban como nuevos. Yo salía a buscar y si tenía suerte, podía encontrar cohetecillos nuevos en el suelo y llenarme una bolsa”.

Pero después de la fiesta, venía la calma. Al día siguiente, ya en Oshogatsu, las costumbres japonesas se imponían otra vez, especialmente entre los mayores. Continuaba la costumbre de visitar a los familiares llevándoles un obsequio.

Por lo general, este contenía una lata de té verde o jazmín, una lata de durazno o cocktail de frutas, un paquete de somen (fideos), uno de sazonador, galletas y osenko, todo envuelto en papel de regalo. Para las familias que tenían butsudan, se colocaba este obsequio como ofrenda antes de abrirlo. Y para los niños de la casa, algunas familias acostumbraban a darles dinero en sobre (otoshidama).

En la actualidad, poco o nada ha cambiado. Muchos de nosotros seguimos visitando a la familia llevándoles un obsequio y colocando osenko en el butsudan por Oshogatsu.


OSHOGATSU EN LA ACTUALIDAD: BONENKAI Y SHINNENKAI

Con el tiempo, las celebraciones por Oshogatsu ya no solo se celebraban en casa. Actualmente las instituciones nikkei organizan reuniones de camaradería para despedir el año viejo (Bonenkai) y recibir el nuevo año (Shinnenkai).

Instituciones como la APJ celebran cada año el Shinnenkai. (Foto ©Asociación Peruano Japonesa)  

En diciembre, los kenjinkai, clubes e instituciones en general organizan el Bonenkai. Despiden el año viejo con una reunión especial en donde se agradece y se reconoce la labor de los colaboradores de la institución. Los números artísticos no faltan, así como deliciosa comida y el brindis por un año mejor.

Con el inicio del nuevo año, durante el mes de enero las instituciones nikkei organizan el Shinnenkai. Aprovechan esta celebración para recordar los eventos importantes que pasaron por el año y homenajear a sus miembros que cumplen años en ese año según el horóscopo chino.

El mochi, símbolo de la longevidad y prosperidad en estas fiestas, es infaltable en el Shinnenkai. La Asociación Peruano Japonesa, institución representativa de la colectividad nikkei, incluye también el tradicional decorado Kagami Mochi y la ceremonia del Mochitsuki en la celebración.

El arroz para hacer el mochi es amasado con el kine (mazo de madera), en una celebración de la APJ por el Shinnenkai. (Foto ©Asociación Peruano Japonesa)  

En casa, la costumbre de celebrar el Año Nuevo aún persiste, aunque con matices más locales. Es común organizar cenas por fin de año como si fuera Navidad. Aunque también las fiestas con baile y cotillón son las preferidas por muchos nikkei para anunciar la llegada del nuevo año. Y ¡cómo olvidarnos! de las infaltables cábalas de la suerte, en donde abunda el color amarillo o el champán y las uvas.

Sea como lo celebremos, todos esperamos recibir siempre un nuevo y mejor año.


AGRADECIMIENTOS: Itzue Murakami, Kazue Yabiku de Kohatsu, esposos Masami y Julia Kamiyama. FUENTE: Mary Fukumoto. “Hacia un nuevo sol” (Lima, 1997).

 

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 107, y adaptado para Discover Nikkei.

 

© 2016 Texto y fotos: Asociación Peruano Japonesa

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