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NOVELA: Evodio el suertudo - 15 de 16

Parte 14 >>

Mi viaje a Japón

El arribo de los mini submarinos a Las Palmas me despierta el interés por regresar a Japón y lo acuerdo con Koichi. El viaje es confortable y rápido, pero llego a un país totalmente cambiado; una potencia comercial y militar. Las ciudades de Yokohama y Tokio, son otras, diferentes, enormes, modernizadas.

Ya en Fuji, mis padres que son ancianos, no me reconocen y a mi hermana también le cuesta trabajo reconocerme; ella  me recrimina el olvido hacia mi familia.

“No viniste a despedirte, no escribiste, no nos visitaste”

“Akemi se embarazó de ti y perdió al bebé; ella se cansó de esperarte, dejó de comer, y se  murió de tristeza”.

¡Incineramos todas tus cosas, pues para nosotros tú estás muerto!

¡Sentí que el mundo daba vueltas; estuve a punto de caer y me senté en el piso!

¡Hice ejercicios de respiración y  me recuperé lentamente!

A mi hermana le asiste toda la razón. Para sostenerme de algún recuerdo de mi juventud, salgo a caminar y saludo a las personas, pero en Fuji nadie me conoce.

¡Todo ha cambiado!

¡Hasta la laguna del amor se está secando!

Ante este ambiente tan difícil para mí, decido irme a vivir a Tokio, pero Japón está en guerra. El timorato ataque a Pearl Harbor fue para alborotar a las avispas de un enorme panal. Las noticias son optimistas; aseguran que Japón está ganando la guerra, que la armada naval Imperial con Isoroku Yamamoto, el mejor Almirante del mundo, está acabando con las fuerzas enemigas, que Japón está protegido, que es un lugar seguro, impenetrable, Etcétera, Etcétera.

¡Pero una mañana escucho un ruido ensordecedor; gran parte del cielo se oscurece!

¡Es la aviación americana que está bombardeando a Tokio! 

Tres meses de estadía en Japón, me siento raro, aislado en mi propio país, en otro mundo que no es el mío. Como decimos en Chiapas: “Ya no me hallo” y convencido de que no quiero morir en Japón emprendo el retorno a la tierra de la esperanza

La Concentración de los japoneses

Cuando regreso a Escuintla me encuentro con la sorpresa de que mi ferretería ha sido saqueada, y que de los potreros del rancho han robado varias reces. Los encargados de la ferretería me explican que los ladrones se llevaron las cosas en pleno día, hombres peligrosos, fuereños mal encachados.

- Los amigos están conmigo y me confortan: “Kuma, no te apures, el dinero se repone; estábamos afligidos por ti porque desapareciste todos  estos meses. Nadie supo dónde te metiste; pensamos que estabas en la sierra. Tu hija Ojina vino muchas veces a preguntar por ti; avísale que ya apareciste. La novedad es que México está en guerra contra Alemania, Japón e Italia. Bendito sea Dios que los campos de batalla están muy lejos, en Escuintla no pasa nada y sin embargo algunos comerciantes sin justificación encarecen las cosas:  “Está caro por la guerra” responden a los compradores.

El nueve de enero de 1942, la Secretaría de Gobernación con sendos oficios ordena:

“A todos los ciudadanos extranjeros de la costa de Chiapas, alemanes y japoneses en su calidad de extranjeros, pertenecientes a los países beligerantes del Eje, Alemania, Japón e Italia; para su seguridad personal y de sus familiares, en primera instancia serán concentrados en la ciudad de Tapachula; posteriormente en determinados lugares del país. El gobierno de la república aboga su cooperación a fin de facilitar este procedimiento”.

Gracias a las gestiones del Gobernador del estado de Chiapas, Doctor Rafael Pascasio Gamboa, la fecha es diferida a 1943. En lugar de cuatro pasamos tres años concentrados en la población llamada Perote, estado de Veracruz, cerca de la colindancia con el estado de Puebla. 

Comparado con el maltrato que les dieron a los japoneses del norte de México, a nosotros los japoneses del sur nos trataron bien. Ciertamente suspendieron nuestros derechos como ciudadanos japoneses-mexicanos, pero nuestros bienes fueron respetados.

Los agentes de la O.S.S., ahora de la C.I.A., quizás rebasados por el volumen del trabajo, no alertaron a las autoridades mexicanas de mi calidad de espía japonés. Yo estaba muy preocupado de que investigaran mis actividades secretas, me entregaran a las autoridades americanas y éstas me desaparecieran.

Afortunadamente nada sucedió, Japón capituló, la guerra caliente terminó y empezó la guerra fría. El 28 de diciembre de 1945, México abrogó la suspensión de garantías individuales y los concentrados felizmente regresamos a nuestros lugares de origen.

¡A la Tierra de la esperanza!

Parte 16 >>

Nota de editora: Ésta es una obra de ficción. No está patrocinada ni afiliada de manera alguna por ninguna institución, instalación o familia. La historia está basada en lugares, personas y hechos históricos, pero está escrito enteramente desde el punto de vista del autor.

Referencia:
Evodio el suertudo - Modismos >>

 

© 2013 Florentino de Mazariegos

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