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El imperio de vidrio. Una historia que rescata la disciplina y el valor de un inmigrante japonés

Nadie sabe por qué se decidió por los vidrios. Es como si el misterio hiciera más interesante su historia. Kamekichi Miyasato había ahorrado durante 10 años como peón en las haciendas, luego de haber llegado desde su Okinawa natal, para poner un negocio de vidriería.

Kamekichi Miyasato, forjador de un imperio (Foto: Archivo familia Miyasato)

“Siempre me hacen la misma pregunta y nunca la puedo responder”, dice con toda honestidad don Enrique Miyasato, actual presidente del directorio de la Corporación Miyasato. “Mi padre escogió un rubro que no tenía que ver con lo que usualmente hacían sus paisanos. Por lo general se dedicaban a las fondas, las peluquerías o carbonerías”, recuerda.

El negocio empezó en el Callao. Los clientes, poco a poco empezaron a llegar. Kamekichi no hablaba bien el castellano, pero de una manera u otra se hacía entender. Los límites del idioma no son un problema para alguien que busca un mejor futuro para su familia. Poco a poco aprendió más palabras y terminó comunicándose con más afectividad.

“Luego de que a mi padre le fue bien en el Callao, decidió irse al Centro de Lima a buscar un mercado más grande. Allí, mi hermano Pedro lo empieza a ayudar inaugurando la segunda generación de la familia que incursiona en el negocio”, afirma don Enrique, el único varón sobreviviente de los cuatro hijos que tuvo su padre. En total fueron 8 (cuatro niños y cuatro niñas) los hijos de Kamekichi Miyasato.

Siempre centrándose en la buena atención a los clientes, haciéndolo sentir seguro y respetado, y con la idea clara de siempre ofrecer los mejores productos, la familia Miyasato empezó a hacerse un nombre dentro de los negocios más solicitados de la Lima de mediados del siglo pasado.  Nunca se demoraban en una entrega, una característica que los hizo sobresalir por encima de la competencia, donde era recurrente que los trabajos se entregaran con un par de días de atraso.

Enrique Miyasato, presidente del directorio de Corporación Miyasato.

Luego, le llegó el turno al pequeño Enrique, hoy presidente del directorio, empezar a trabajar al lado de su padre. Pero las personalidades eran diferentes. El progenitor mantenía aquel espíritu tradicional y oriental que llamaba a la sobriedad y seguridad, mientras que su hijo poseía la vehemencia de los años jóvenes y la valentía de quien no teme equivocarse.

“Él siempre me decía que debía ser más conservador. Yo era ambicioso. Quería hacer las cosas más en grande y mi padre me llamaba a la reflexión. Era lo que él consideraba que estaba bien. Pero el tiempo me ha dado la razón, porque hemos hecho operaciones exitosas no solo con vidrio, sino también con demás materiales de la construcción”.

Fue con el ingreso de un joven Enrique Miyasato que la corporación empieza a incursionar en el aluminio, producto que hasta hoy los convierte en líderes del mercado peruano. “Nos habíamos dado cuenta de que muchos diseñadores y constructores solicitaban el aluminio para los marcos de las ventanas. Antes se hacían con fierro, pero resultaban muy pesadas. En cambio, el aluminio era más fino, decorativo, ligero pero resistente, así que entramos de lleno con eso”, asegura don Enrique.

La Corporación Miyasato es líder en su sector. (Foto: Corporación Miyasato)

Pero no existe negocio exitoso que no haya superado problemas. En el caso de la corporación Miyasato, los momentos difíciles nunca fueron por ventas de sus productos o servicios, sino por las ventas de sus locales. “Antes existía la comunidad industrial que se opuso a que vendiéramos dos de nuestros locales. Estuvimos en juicio durante varios años, pero finalmente la justicia nos dio la razón”, dice el presidente del directorio de Miyasato, quien recuerda que su padre siempre se portó bien con los trabajadores de la empresa. “Era un hombre muy consciente de la responsabilidad social en una época en la que todavía no estaba de moda. Ayudaba a los familiares enfermos, era comprensivo con ellos, incluso más que con sus propios hijos”, menciona Don Enrique casi entre risas.

Hoy la Corporación Miyasato es líder en su sector. No solo cuenta con ocho locales, uno de ellos en Chile, sino también se encarga de exportar y llegar a mercados como Ecuador, Bolivia, Colombia, Venezuela y Estados Unidos. El año pasado las ventas alcanzaron los 90 millones de soles y para fines del 2012 esperan superar los 100 millones.

“Nuestro éxito radica en la voluntad, en la motivación de hacer bien las cosas, en la puntualidad, la honestidad y trabajar duro. Esos son los cimientos sobre los que se construyó esta empresa”, afirma don Enrique.

(Foto: Corporación Miyasato)


* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 59, agosto 2011 y adaptado para Discover Nikkei.

© 2011 Asociación Peruano Japonesa; © 2011 Foto: Asociación Peruano Japonesa / Erika Kitsuta

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