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Luis Kawano Iwasaki: testigo de época

La segunda generación de descendientes de japoneses –es decir los hijos de los inmigrantes, a los que se conoce como ‘nisei’– está marcada por la impronta de uno de los períodos más nefastos de la historia. Las experiencias de los que vivieron los sinsabores de una época signada por guerras y conflictos y por la formación de identidades se constituye sin duda una valiosa fuente información.

Es por ello que entre setiembre y octubre de 2008, el Museo de la Inmigración Japonesa al Perú “Carlos Chiyoteru Hiraoka” emprendió una campaña de recopilación de testimonios de nisei peruanos.

Luis Kawano Iwasaki (Lima, 1930) fue uno de los que acudió al llamado de la campaña. Aquí parte del testimonio de quien ha sido presidente en varias ocasiones de Perú Kumamoto Kenjinkai y es el actual presidente de la Asociación de Ex Alumnos de la Ex Escuela Japonesa de Lima (Lima Nikko).

Saru mo ki kara ochiru

Sobre mi niñez, me acuerdo mucho que a los 4 ó 5 años mi mamá me llevaba a acompañarla donde la señora Margarita Uchiyama, que tenía una academia de modas. Mi mamá iba a aprender y con eso pudo mantenernos a mí, a mi hermana y a mi papá, quien enfermó de los pulmones por trabajar en una lavandería y tuvo que ir a Jaula1. En ese tiempo, a todos los que estaban mal de los pulmones los mandaban a Jauja.

Yo también adquirí esa enfermedad a los 14 años, por contagio seguramente de la familia, pero cuando tenía 20 años se descubrió el ácido isonicotínico que era para curar el pulmón. Hicieron la prueba conmigo, como conejito de indias.

En mi niñez hablábamos 70% en japonés, yo por eso he sido criado bajo los dichos japoneses. Cuando mi mamá me decía ‘Anda estudia’, yo decía ‘Ya lo sé todo’. Pero ella me insistía diciendo: ‘Saru mo ki kara ochiru’, que significa ‘Hasta los monos caen del árbol’.

Y cuando yo le decía ‘Tengo hambre’, me respondía ‘Hara hachi ni isha yaraku’: ‘Con 85% de estómago no necesitas médico’. Todo era en base de dichos nomás. Entonces yo, sobre esos dichos, a pesar de que era muy palomilla, siempre tenía ese freno, no me excedía.

Lima Nikko2

En ese tiempo la enseñanza era 80% en nihongo (japonés). La enseñanza era la de Monbusho, o sea del Ministerio de Educación de Japón, por lo que he sido criado como cualquier niño en Japón.

Hay muchas personas a las que a veces les pesa tener dos culturas, pero yo vivo orgulloso de haber tenido dos culturas. Uno es romántico como latino y tenaz como el japonés.

La disciplina en el colegio era muy fuerte. Recuerdo que yo tenía un shinnai con el que se hace kendo. Y el mismo profesor me dio con el shinnai cuando me porté mal. Pero nos preparaban para todo. Por ejemplo, como en el Japón hay muchos terremotos, nos enseñaron cómo debíamos comportarnos. Por eso cuando pasó lo del terremoto del 40’, los muchachos de Lima Nikko no salimos volando a la calle. Nos quedamos en el umbral de la puerta, todos agarrados de la mano.

Saqueo

Pero recuerdo que antes del terremoto hubo el saqueo. Eso fue en el 40’, yo tenía 10 años. Durante el saqueo a mí me sacaron del colegio en un carro. Estuvimos encerrados como 20 días, y después al poco rato hubo el terremoto. La gente salía a la calle a rezar para que ya no haya más saqueo. Creían que el terremoto era el castigo de Dios por el saqueo a los japoneses. Eso también caló en mi alma, que el mal no se debe hacer.

La guerra

Después vino la guerra. En ningún país trataron a los japoneses como aquí. El Perú le declaró la guerra a Japón y recién firmó el armisticio en el ‘58, cundo la guerra había terminado en el ’46.

Lo que más me duele de esta época es que en el entierro de mi padre, que murió en febrero de 1942, no pudo ir nadie. La guerra había empezado dos meses antes, el 8 de diciembre de 1941, y el gobierno de Prado había ordenado que no se podían reunir más de tres japoneses.

Al entierro de mi padre fui yo. Yo lo saqué del hospital, yo lo vestí ¡a esa edad! y tuve que ir en una carroza sólo con el chofer y mi padre atrás.

Recuerdo también que después de año y medio fui a Lima Nikko (el gobierno expropió el colegio). Lo habían convertido en reformatorio y el patio grande donde jugábamos lo convirtieron en chacra. Yo lloré a esa edad viendo mi colegio.

Después de salir de Lima Nikko me chocó horriblemente. Me enfermé, me fui a Huancayo3. Ahí mi mamá nos mantenía a todos, pero no daba para tanto. Por eso yo trabajaba de día y de noche estudiaba en el colegio Santa Isabel de Huancayo. Fui uno de los que fundó la Asociación Nisei de Huancayo.

Cerrando heridas

Pero la guerra ya es un tema que debería cerrarse, más que nada porque hubo compensación. El Japón de hoy se debe a un general norteamericano, que entró al Japón, que respetó al Emperador y le dio lo que es ahora, dio la reforma japonesa. Antes Japón era netamente feudal, eran dueños 280 familias. Hoy es completamente democrático, a pesar de que se respeta al Emperador, pero siempre tiene a un primer ministro que gobierna.

Por otra parte, el Perú tuvo un presidente aristócrata como Prado, y quizás hasta los propios peruanos, la gente del pueblo, sintió en esa época que fueron maltratados.

¿Si queda rencor? Quizás en algunos que son débiles. Pero yo no. Ha sido el avatar de la guerra.

Notas:
1. Jauja es una provincia del departamento de Junín, en la sierra central del Perú.

2. La ex Escuela Japonesa Lima (Lima Nikko) se fundó en Lima en 1920 y se constituyó como el plantel educativo más importante de la comunidad peruano japonesa, llegando a tener un alumnado de 1800 alumnos. El colegio fue expropiado durante la Segunda Guerra Mundial.

3. Huancayo es otra provincia del departamento de Junín.

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Informativo de la APJ, Nº 39, diciembre de 2008.

© 2008 Asociación Peruano Japonesa and Harumi Nako

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