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"Se Colecciona Suerte": Breve Introducción al Tema De Las Yuta – Parte 1

El mundo era todavía un proyecto por ser creado y entre la multiplicidad de formas y de representaciones surgieron las figuras de Amaterasu y Susanoo. Ambos son dioses y hermanos, y es justamente esa misma unión el nexo que los complementa en sus polaridades. Ella es esbelta, resplandeciente y amable. Él es violento, temperamental y egoísta. Aquella oposición es la que constituye el contraste entre el día y la noche, entre la Diosa Sol y el Dios Tempestad. Según un cuento japonés, Susanoo fue desterrado a la tierra como consecuencia de sus malos actos, los mismos que llevaron a que la bella Amaterasu se refugiara en su habitación, evitando que los rayos del Sol pudiesen iluminar el mundo de los humanos. Y fue precisamente Susanoo quien al llegar a la Tierra comienza su descendencia, mezclando su sangre con la nuestra.

La existencia de varios niveles permite a los espíritus adoptar diferentes formas: humanas, animales, inertes y vivas. Esta comprensión y visión del cosmos concibe el diálogo directo, la mayoría de veces, entre el plano superior (espiritual) y el terrenal (mundano). Dicha tradición se expande a los diversos cuentos japoneses, en donde los hombres reciben obsequios, recompensas y lecciones provenientes de los dioses. La bipartición de esta realidad, entre aquello fáctico y mensurable versus aquello que existe pero que no puede ser constatado, genera un canal que requiere de un puente para su asimilación. En otras palabras, se trata de jalar de una orilla para llevarla a la otra.

Para la tradición okinawense ese puente es trazado a través de la figura de la yuta como intermediaria, elemento indispensable para el éxito en la comunicación de esos dos planos, pero que se caracteriza también por forjar las tradiciones y los rituales ceremoniales.

A través del ojo de vidrio

A pesar de formar parte de la cultura okinawense, la figura de la yuta ha sido obviada en la mayoría de estudios realizados sobre migración japonesa al Perú. Esta ausencia genera una serie de interrogantes que, si las asociamos a los mitos existentes alrededor de este personaje, podrían indicar que la división entre espacio público y privado mantiene sus límites como murallas altas y ajenas.

Un primer punto a ser aclarado es la definición de yuta. Dado que la bibliografía resulta inexistente o insuficiente, asumo a la yuta como la persona conocedora y difusora de las tradiciones a partir de un elemento primordial: el butsudan. La capacidad de la yuta para adivinar el futuro resultaría insuficiente si es que no estableciera como conector directo del pasado al butsudan, aquel altar de madera que suele encontrarse en los hogares de las familias nikkei.

Hace un tiempo había entrevistado a un yuta (varón) para un trabajo de la universidad y, dado que el tema de la lectura de cartas no fue tratado, me pareció que esta vez sería interesante realizarlo. Es así que comencé por buscar recomendaciones que se adecuaran a mi presupuesto: cada yuta tiene un costo determinado, si bien la más conocida cobra de 50 dólares a más, yo sólo podía costear un promedio de 50 soles. Antiguamente las yuta no tenían tarifa, el pago era voluntario y cada uno entregaba un sobre cerrado que contenía una cantidad de dinero que variaba según las posibilidades económicas del cliente. Sin embargo, y para mi mala suerte, esta costumbre se perdió hace muchos años; de esta manera, y con un presupuesto limitado comencé la búsqueda de una yuta. A los pocos días una tía mía me recomendó a una señora que encajaba en el estereotipo que buscaba: mujer y nikkei.1

Tras realizar la llamada y concretar la cita, alisté mis cosas: cuestionario, cuaderno, lapicero, pilas, grabadora y casete. Como no estaba segura de que ella accediera a una entrevista, mi estrategia consistió en pactar primero una consulta común (lectura de cartas), ya que la entrevista vendría al finalizar la sesión tras una breve explicación acerca de mi trabajo de investigación para la universidad (en ese momento este era mi proyecto de tesis de grado). En realidad, ésa era mi única alternativa; pues anteriormente, hace más o menos unos 2 años, mi papá había intentado conseguirme una cita comentándole sobre mi interés en el tema, sin embargo ella nunca le devolvió la llamada.

Ese sábado hacía mucho calor, el interior del automóvil quemaba y tras ponerme el cinturón de seguridad bajé la ventanilla. Para llegar a la cita contaba con la ayuda de Julio, un amigo de mis papás, quien dado que conocía a la yuta, podía conducirme hasta su casa sin ningún reparo y además darme cierta información extra sobre ella.

Entre las yuta no existe un método específico de lectura, este puede variar desde las cartas hasta los frejoles, hojas de coca e incluso arroz. La más famosa de ellas, la yuta Chinen, es muy recordada no sólo por su fama en las premoniciones, sino también por su carácter. Delgada, con pelo largo y negro, solía ser vista siempre en las reuniones con un cigarrillo en la boca.

“Yo me acuerdo uno de la oba Chinen, la oba Chinen era bien conocida. En ese tiempo había un amigo que se ahogó, acá en el Norte, y no lo encontraban durante quince, veinte días, no encontraban al cuerpo. Inclusive molestaron a la Marina de Guerra del Perú para que encuentren al cuerpo porque era un lugar bien peligroso donde había bastante remolinos. A las finales llamaron a la yuta oba Chinen, rezó, agarró una gallina, le cortó la cabeza. Era en época de verano, nos hemos amanecido ayudando a la familia a buscar el cuerpo pero no lo encontrábamos. Pensamos que había varado el cuerpo, habían fallecido como tres personas ahí. Y la oba Chinen agarró la gallina y comenzó a rezar con la sangre, porque todo el mundo pensaba que la corriente del mar lo había jalado para Ancón pero lo encontraron en el mismo sitio atorado sobre una peña, no salía el cuerpo, estaba atracado ahí. Lo único que la oba señaló y dijo: ‘allá está a medio nivel del mar y no puede salir porque está atorado. Y fueron y lo encontraron2.”

La fama de la yuta Chinen es tal que incluso se dice que este poder está depositado ahora en su nuera, quien es ahora una de las más solicitadas en la colectividad.

“Se lee de todo: coca, cartas y caracoles”3

San Juan de Lurigancho es uno de los distritos más grandes de Lima y el trayecto desde mi casa me pareció un viaje sumamente largo. El Estadio de San Juan anuncia en dos de sus carteles un partido de box y la construcción de un skatepark. Paradójicamente, mientras continuamos el trayecto no dejamos de recorrer parques con temática oriental, es realmente curioso sentirse como en un restaurante chino con un gran jardín que nunca acaba.

Ya nos estamos acercando, “aquí está la pollería Rocky’s y al frente hay un grifo, tienes que fijarte en el grifo, doblar a la izquierda, entrar por Rocky’s y doblar a la derecha, casi después de una cuadra vuelves a doblar”. Tanta explicación detallada por parte de Julio, quien también ha sentido el calor y la pista larga; memorizo esos locales pero ya no recuerdo cómo llegar hasta aquí. “Déjame retroceder un rato para estacionar bien el carro. Te acompaño a la puerta”.

Julio se ha quedado en el automóvil y yo entro sola a la casa, es una construcción grande de tres pisos con reja y un timbre de color gris. Debo ingresar por un pasadizo que tiene dos puertas. Entré por una, ella se va y me quedo sola en un gran salón que ha sido acondicionado en un local que antiguamente fue una tienda (se conservan aún la puerta metálica corrediza y un baño ubicado al fondo). Ella ingresa luego al salón, me saluda y me pide que tome asiento. Lleva el pelo corto y castaño, es un poco baja de estatura y de contextura gruesa. Se mueve con naturalidad, como quien está dispuesto a iniciar una conversación con alguien que ya conoce. Le sorprende que yo sea joven y me pide que parta el mazo de naipes (cartas).

“Chamba, chamba, chamba…” es una característica mía que ella repite mientras acomoda las cartas. Ya me ha llamado la atención por renegar mucho, lo único que hice fue preguntarle cuántas veces debía partir la baraja pero me imagino que eso le habrá dado pistas sobre mi personalidad. Recojo cada frase que ella menciona y la interpreto, trato de adivinar el origen y el por qué de todo lo que señala. Me senté en la silla equivocada y eso puede ser símbolo de pretensión, pregunté cuántas veces debía partir las cartas y aquello puede indicar inseguridad. “Pero debes dejar de pensar tanto en las cosas” acaba de afirmar como si se diese cuenta de que he estado retornando al inicio de cada acción realizada, buscando acaso una consecuencia entre sus juicios y el despiste de mi comportamiento.

Me acaba de decir que me parezco a mi papá en el físico pero tengo el carácter y el color de la piel de mi mamá. No los conoce pero siente este parecido, por eso lo afirma. “Hay un chico trigueño que está pensando en ti”. Acertó en algunas cosas pero decir que un chico trigueño piensa en mí me parece demasiado general. Las posibilidades de ser cierto son altas, considerando que en el Perú el porcentaje de personas trigueñas resulta enorme. Ella continúa y escucho: “Tiene cejas pobladas, buena talla y es un poco alto”. Mi enamorado es trigueño, tiene las cejas pobladas y es un poco alto. La yuta me indica que mide más o menos 1.70 m. y le respondo que es 1.75 m. Finalmente agrega: “Tiene frente amplia, dos hermanos. Él se parece a su mamá de cara, pero en su manera de ser se parece a su papá”. Es cierto, tiene dos hermanos y tiene parecido físico con su mamá, pero la personalidad del papá….inverso a mí, pensé.

“Es un buen chico, es tranquilo y a los dos les va a ir excelente juntos. Además, no es bueno esperar mucho. Mi hija estuvo de enamorada diez años con un chico muy bueno, ¿tú cuánto tiempo llevas con él? Más de un año… Aprovecha, no tengas miedo, dile que sí. Mi hija estuvo diez años, yo le decía siempre ‘cásate’, pero ella decía que todavía no, primero quiero terminar mis estudios. Luego le volví a decir ‘cásate’, pero tampoco, quería tener un mejor puesto en el trabajo y ganar más. Al final no se casaron, terminaron, mira tú… DIEZ AÑOS. Es que mientras más tiempo pasa es más difícil. Pero a ustedes les va a ir muy bien, sí…”

La yuta trata de describir cómo llegar a mi casa desde el paradero. Pero yo ya no entiendo nada de lo que me dice y solamente asiento por inercia, soy de las personas que carecen completamente de inteligencia espacial. Es gracioso como la yuta se desespera porque no sé darle una respuesta que confirme o niegue sus indicaciones. A este punto, la yuta se dio cuenta de que me perdí en las referencias sobre calles y prefirió hablar sobre mi casa. “Es como un laberinto, es grande y las entradas están bien mezcladas. Tienes una puerta pero para entrar a tu casa tienes que abrir otra”. Sí. “Tu cuarto queda al costado del baño. En tu casa hay un cuarto que no se está usando, está vacío”. Es cierto, todo eso es cierto.

>> Parte 2

Notas finales
1. Estos puntos resultan importantes, pues con el yuta anterior a la gente le llamaba la atención que fuese hombre, periodista de profesión y sobretodo, haffu (mestizo). Al respecto, puede decirse que la categoría yuta sobrepasa la efectividad de la misma sobre sus premoniciones o consejos; esto está relacionado también a la cercanía o pertenencia a una misma raíz étnica. En ese sentido, es más confiable que la yuta sea mujer y nikkei (tanto por línea materna como paterna), pues remiten a un mismo referente cultural que no la encasilla netamente en pitonisa o “chamán”. Al mismo tiempo, la formación profesional desvirtuaría a la yuta por exponerla como manipuladora. Y es que en la medida en que la yuta no posea una carrera universitaria sus fuentes serán la tradición y sus “dones”, pero en caso contrario ella sería una persona hábil en el lenguaje que podría engañar a sus clientes.
2. Entrevista realizada en el año 2005.
3. Etnografía realizada el 4 de noviembre del año 2006.

* Este artículo se publica bajo el Convenio Fundación San Marcos para el Desarrollo de la Ciencia y la Cultura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Japanese American National Museum, Proyecto Discover Nikkei.

© 2008 Tilsa Guima