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"Se Colecciona Suerte": Breve Introducción al Tema De Las Yuta – Parte 2

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El dulce misterio de la vida

La definición de yuta1 es muy variada, sin embargo el término de adivinadora le queda muy corto. La yuta es la encargada de guiar a las personas en cada una de las tradiciones y los rituales a seguir. Es muy común entre los nikkei okinawenses acudir a la yuta cada vez que fallece algún familiar; esto ocurre debido a que el entierro supone un proceso largo. Frente a un fallecimiento, la familia del deudo acude a ella para saber cuáles fueron los últimos deseos del muerto e inmediatamente se le harán las consultas necesarias acerca del entierro que se le debe dar.

Sin embargo, no debe ser confundida con un chamán. Las yuta no tienen una técnica específica de trabajo; es decir, pueden adivinar pero algunas lo hacen leyendo las cartas, otras el arroz, los frijoles e incluso las hojas de coca. Además, no realizan ningún tipo de espectáculo ni usan una vestimenta especial, de ahí que a simple vista uno no las puede reconocer; tampoco les es ajeno realizar baños o curaciones. En ese sentido, la definición postulada en este artículo es que la figura de la yuta está determinada por el alcance y el grado de conocimiento que tiene sobre el butsudan y los rituales. De no poseer conocimiento alguno sobre este tema, la yuta podría ser considerada como una adivinadora más; sin embargo, concentra en el butsudan y en las fiestas tradicionales (obon, misa de los 49 días, etc.) el nexo que la integra a la cultura compartida, en este caso la okinawense, y lo que en última instancia vuelve esta práctica distintiva de un componente étnico.

Este apego por el butsudan no determina la religión de las yuta ni de los creyentes. La religiosidad nikkei es un campo que se compone de lo shintoista y de lo católico-cristiano. Esta bipartición es asumida como natural, pues mientras el primero está ligado a la tradición familiar (abuelos y padres), el segundo forma parte del entorno social (educación católica). Por lo tanto, al interior de la mentalidad nikkei peruana esto no genera mayores consecuencias ni complicaciones, pues cada una de estas prácticas se destina a campos diferentes, como lo son el privado (shintoista o budista) y el público (católico-cristiano). Será en las ceremonias y rituales mortuorios donde ambos convergen, la resolución del mismo presenta ciertas peculiaridades y explica un poco más el tema del yuta2.

Se había mencionado antes que la yuta no necesariamente era budista, y, en efecto, los yuta entrevistados se identificaron como católicos. Es notorio en ambos casos encontrar estampas o santos religiosos adornando sus habitaciones. Estas creencias no obstaculizan su acercamiento con el butsudan. Si notamos cómo se realiza un velorio nikkei, sobresalen los elementos budistas (se elabora un pequeño altar al pie del ataúd donde se ubica una fotografía del fallecido, un plato pequeño con arroz y con un par de ohashi, omochi, ihai y el senko), cada persona que se acerca a saludar debe colocar un incienso y hacer una reverencia (orei). Pero lo curioso es que la mayoría de las veces la misa que se realiza posteriormente, junto al entierro, es católica.

Es curioso también que no exista una manera única de llevar el bustudan, ya que varía según la familia y la yuta a la que se le consulte. Este hecho dirige la atención no hacia la veracidad y eficacia de lo técnico (órdenes, consejos o maneras de llevar el butsudan) sino hacia la confirmación o asunción de la necesidad de la yuta. Y es que, no obstante que existen pautas que cambian muy poco de yuta en yuta (por ejemplo acerca de quién es la persona encargada de cuidar el butsudan, los días de misas, la ubicación del butsudan en una casa, etc.), otras sí lo hacen muy radicalmente (el tipo de ofrendas para el butsudan, la celebración de las misas, etc.).

Consecuentemente, la necesidad de la presencia de una yuta conduce también a señalar que existe una multiplicidad de formas adoptadas para las prácticas tradicionales okinawenses. Si existe, por lo tanto, tal pluralidad, quiere decir también que de alguna manera el sentido es implícito pero lo que se construye y cambia es la forma. Esta última, la forma concebida como la praxis cultural es secundaria a lo étnico per se. La experimentación de lo étnico se da a través del contacto con la yuta y la presencia del butsudan.

De esta manera podría explicarse porqué se ha institucionalizado una práctica que no posee un método en particular. Es como si existiese una sustancia sobre la cual giran diversas interpretaciones que, sin embargo, no desvirtúan el motivo de su presencia sino que, por el contrario, se fortalecen a sí mismas en estas diferencias para dar legitimidad al sentido de la práctica.

Lo anterior puede deberse tal vez a que la presencia del butsudan implica necesariamente la del antepasado y por lo tanto la del fallecido3. Además, no se cuenta con una organización que regule o paute el comportamiento. Incluso la persona encargada, la yuta, se caracteriza por ser una figura alejada del espacio público y a quien no se le reconoce oficialmente en las ceremonias, motivo por el cual se desenvuelve dentro de un halo mítico que refuerza su rol como elemento marginal pero necesario al interior de la cultura nikkei okinawense. En ese sentido, dado que el nexo es personal y privado, el deber es con los antepasados y con la tradición, no con la yuta: por eso no resulta tan contradictoria la pluralidad de formas en llevar el butsudan.

Contornos y recuento final

Una teoría acerca de la yuta no podría, ni debería, ubicarla dentro de un espacio religioso ya que la yuta no pertenece a una religión específica, no existe un tipo de creencia que conduzca a ella y tampoco se desarrollan pautas para consolidar un nexo. Por lo tanto, la relación entre el butsudan y la yuta se traduce como el medio a través del cual se entablan relaciones con los antepasados, el mismo que para su desenvolvimiento requiere también de una conciencia de grupo o, en todo caso, de una identidad grupal.

En efecto, la costumbre de ir al yuta no es discutida entre los concurrentes; es decir, no se racionaliza, es algo dado automáticamente. Si fallece alguien, se va al yuta. Si corresponde realizar una misa por los 33 años de fallecimiento, se va al yuta. Como indicaban los entrevistados, forma parte de lo aprendido. Es un nexo entre los antepasados y entre ellos mismos, el rito tiene aquí la función de consolidar una identidad, pues si bien es en la cultura donde se encuentran los símbolos de la identidad, también esta identidad se refuerza a través de los rituales.

De esta manera se explica que cada yuta tenga una manera distinta de ejercer los rituales y, del mismo modo, se entiende por qué los clientes de la yuta no le dan importancia a esas diferencias. Cada presentación de la yuta es una puesta en escena y cada yuta es una interpretación diferente de la cultura. Por eso las yuta manejan diferentes códigos dependiendo del público al que se dirigen: naichijin, okinawense o peruano no nikkei. Para la yuta los grupos nunca son homogéneos, el discurso nunca puede ser el mismo y los rituales son adaptados según la pertenencia cultural y la identidad de los mismos.

El tema de la yuta confirma que la identidad se construye a través de diversas pertenencias y que se mantiene como una categoría que permanece constantemente abierta a múltiples fuentes. La yuta, por lo tanto, incorpora a su discurso técnicas ancestrales de una cultura desterritorializada (como lo es la okinawense), pero reelaboradas para una realidad distinta y además dirigidas hacia la consolidación de estrategias que le permitan insertarse al mercado. Con ello, la pretensión de asumirla como elemento netamente tradicional queda descartada, pues destaca el aspecto de modernización en el que se sitúa.

Lo anterior se manifiesta, por ejemplo, en la pérdida de ciertas costumbres, como la tarifa establecida en sustitución del pago voluntario en sobre cerrado o la presencia de los servicios de la yuta en la empresa funeraria Campo Fé, exclusivamente para su clientela nikkei. Otra manifestación es la ausencia de un método único de llevar el butsudan o de realizar las misas. El que no se posea un conocimiento exacto sobre las costumbres antiguas hace que tampoco se tenga cómo refutar las instrucciones de las yuta. Son las mezclas interculturales (porque cada región tiene una costumbre y una manera diferente de llevar los rituales) las que de alguna manera justifican la ausencia de un método único y legitiman el discurso de la yuta. Sin embargo, esto genera también una dinámica peculiar en la identidad, pues ésta se concibe no en base a la forma del ritual sino al significado.

Finalmente, el butsudan es un bien material que remite a relaciones sociales objetivadas, es lo propio porque forma parte de un comportamiento distintivo entre los nikkei. Si bien esta práctica es compartida por los naichijin y okinawenses, existe un apego mayor en el caso de los segundos. Lo anterior se expresa más claramente con la intervención de la yuta. No obstante, para ambos grupos el butsudan les permite continuar con sus tradiciones bajo la forma de un culto positivo, a través de una relación con los antepasados que supone también ciertas prescripciones de comportamiento. Éstas se reflejan en el paso del butsudan a través del chonan (hijos mayores), las misas y los rituales.

Por lo tanto, la relación entre yuta y butsudan queda evidente, a pesar que a éste se le otorga mayor reconocimiento que al primero. En ese sentido, ambos pertenecen a una cultura también asociada con lo popular, el culto a los muertos y la adivinación. No obstante, es la yuta quien está relacionada directamente a los nikkei okinawenses, aspecto que refuerza más la idea de la cultura popular en este grupo, situación que adopta un carácter más marginal aún si recordamos la fricción entre los naichi y los okinawenses durante décadas en el Perú.

Sin embargo, queda pendiente la pregunta de por qué la presencia de la yuta es marginal a los estudios académicos sobre migración nikkei, a los discursos oficiales de la colectividad y a los eventos de los nikkei peruanos. El nexo que une el lado mítico ancestral (junto con los dioses y los cuentos infantiles japoneses que narramos y recopilamos en libros) se desvanece ante una identidad que exige su apariencia pero que no la nombra en voz alta. Este gran vacío se presenta como la última etapa para hacerla propia, para reconocernos en ella como parte de un continuum cultural y la ubica al interior de una cultura popular nikkei okinawense aún no reconocida.

Notas finales:
1. Señalo la idea de yuta como femenino porque la mayoría está conformada por mujeres y porque en el imaginario colectivo suele estar asociada también a la figura femenina.
2. Si bien es cierto que la mayoría de nikkei continúa practicando ciertas costumbres budistas a la par que la religión católica, muchos de los que asistían a la yuta dejaron de hacerlo una vez que ingresaron al Soka Gakkai., religión que se inicia en el Perú en 1961 y cuyo origen se encuentra en el Japón. Fue traída al Perú por Yoshimasa Chinen, quien llegó al Perú en 1961 e inicia la religión en Lima, difundiéndola primero entre familiares, amigos y posteriormente, a través de misiones.
3. El butsudan es el medio por el cual los antepasados pueden manifestarse, así, es común creer que las enfermedades o problemas causados al interior de la familia se originan como manifestación entre ellos y el antepasado representado en el butsudan. Sin embargo, es importante señalar que el butsudan no es considerado un elemento dañino (los yuta entrevistados coinciden en este punto), todo lo contrario, protegen a la familia y canalizan la armonía hacia ellos, motivo por el cual también tienen la capacidad de “curar” a través de rezos.

* Este artículo se publica bajo el Convenio Fundación San Marcos para el Desarrollo de la Ciencia y la Cultura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Japanese American National Museum, Proyecto Discover Nikkei.

© 2008 Tilsa Guima