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Ser Nikkei en el Peru: Una marca de identidad

Organización geográfica y económica de la comunidad Nikkei en Perú

Las primeras presencias japonesas en Perú se dieron hace 400 años en Lima. Recién a partir de 1899 se requirió a los japoneses como trabajadores agrícolas y miles de ellos se adaptaron a los desiertos de la costa, superando el soroche o mal de altura de los andes y los inclementes climas de la selva. Pero la mayoría dejó las palas y rápidamente se infiltraron en las ciudades abriendo pequeños negocios, ofreciendo múltiples servicios con habilidad, esfuerzo y un implacable espíritu de supervivencia. Llegaron, incluso, a dominar el gremio de peluqueros en los años 20. Indaguemos cómo, cuándo y porqué se diseminaron en el mapa urbano y rural de este riquísimo territorio llamado Perú.

Antes de 1899

Los primeros japoneses que llegaron al Perú, en los inicios del siglo XVII, se establecieron en la naciente capital del Virreinato de Lima, la cual fue dos veces coronada “La Ciudad de los Reyes”. Este nombre grandilocuente le caía a pelo, pues Lima en aquel entonces era fastuosa, opulenta y mostraba al mundo el alarde de riqueza que pretendía España; es decir, todo el oro y la plata que sus conquistadores saqueaban de las minas a través de la explotación de indios e indias a sangre y fuego. En ese clima de naciente abolengo y de aspiración aristocrática, se desenvolvían los veinte “indios japonex” o japoneses que registra el Censo de 1613. Nueve hombres y once mujeres, todos libres que prestaban servicios independientes. Las solteras eran acompañantes de las damas adineradas de Lima y los hombres trabajaban reparando, unos, cuellos de camisa y, otros, suelas de zapatos.

Antes de la gran migración de 1899, los japoneses hacían noticia en la Lima republicana. El diario El Comercio registró a tres japoneses que volaban cometas en la Plaza Bolívar, deleitando a los limeños, y el homicidio de una peruana en un céntrico hotel a manos de un joven japonés consumido por los celos. Al lado de estos sucesos estaba Oscar Heeren, un ciudadano alemán, afincado en Lima y gran admirador de la cultura japonesa, que construyó el primer jardín japonés en el recinto que aún hoy lleva su nombre y que fue considerado el lugar más chic de la ciudad: la Quinta Heeren. Para este proyecto de fines del siglo XIX, dos japoneses fueron sus principales colaboradores: el artista Tatsugoro Matsumoto y el millonario Seiguma Kitsutani. Asimismo, en 1890, diecisiete japoneses se frustraron de vivir en las alturas de Junín porque la mina de plata Carahuacra estaba vacía. Korekiyo Takahashi, de la Japan-Peru Mining Company, regresó vencido a Japón.

Del campo a la ciudad

Los 790 hombres que iniciaron en 1899 la masiva inmigración japonesa al Perú fueron conducidos a las zonas agrícolas. Lamentablemente no se adaptaron a las condiciones climáticas pues sufrieron de paludismo y terciana. Eso, y el maltrato que recibieron de los empleadores peruanos, hicieron que muchos fugaran y se produjera la migración a las ciudades. Durante las tres etapas (periodo de migración por contratos, 1899-1923; periodo de migración por llamadas o yobiyose, 1924-1936; y periodo de inmigración de familias directas, 1959 para adelante), la presencia japonesa se diseminó por toda la frondosa geografía del Perú.

La Dra. Mary Fukumoto nos ilustra ampliamente sobre el desarrollo económico de la comunidad japonesa en el Perú. Los siguientes datos pertenecen a sus investigaciones*. Hasta 1914, este era el cuadro de las principales ocupaciones de los japoneses en Perú:

Según las cifras, más de la mitad se estableció en el área rural. Hubo inmigrantes que se dedicaban a la agricultura en su tierra natal y por ello no les afectó el establecerse en el campo, como a Ei Yoza. Ella tenía 19 años cuando llegó a Huacho a sembrar algodón y lo que más le sorprendió fue la fealdad de sus casas. “En Nihon pensaba que el extranjero era bonito, que todo sería bien cuidado y arreglado”, dice, narrando su desencanto y confesando que solo aprendió el castellano cuando se mudaron a la ciudad porque en la bodega, obligatoriamente, tenía que hablar con los peruanos.

Una vez en las ciudades los japoneses debían adaptarse a sus usos y costumbres. Como eran inmigrantes pobres sus negocios demandaban un mínimo de dinero y sus ocupaciones eran incipientes. Se dedicaban a las peluquerías, carbonerías, restaurantes, lavanderías, pastelerías, bodegas, verdulerías, lecherías, carpinterías, venta de golosinas o raspadillas (dulces de hielo), entre otros rubros más. Según la Dra. Fukumoto, hasta 1909 los japoneses en Lima se dedicaban a los siguientes rubros:

Como vemos, entre dueños y empleados, la mayoría se dedicaba a las peluquerías. En 1907 se funda la Asociación de Peluqueros Japoneses, la primera organización comercial japonesa que se formó en Perú. Para 1924 los japoneses triplicaban a los peluqueros peruanos. En 1930 ya los japoneses mostraron un progreso económico, porque pasaron a ser dueños de bodegas, cafeterías, peluquerías, carpinterías, bazares, entre otros establecimientos más.

Organización geográfica actual

Hasta el censo de 1989, el 80% de la población Nikkei vivía en Lima. El resto estaba establecido en el vecino puerto de Callao, luego el departamento costero de La Libertad (Virú y antiguas haciendas), la selvática Madre de Dios (Iberia en Puerto Maldonado), Lambayeque, Junín (Huancayo, Jauja, Tarma, Chanchamayo, Satipo), Ancash (Pisco y Nazca), Piura (Paita y Sullana), y un gran número en las provincias de Lima (Huaral, Chancay, Supe, Barranca, Huacho, Paramonga, Supe, Mala y Cañete).

Lamentablemente, hasta la fecha no se ha realizado un censo que brinde una información más actualizada (y más integral que la de 1989) sobre la comunidad Nikkei en el Perú. Es muy importante tomar en cuenta que cualquier encuesta que se realice deberá tomar en cuenta a la población de trabajadores migrantes o dekasegi en Japón, pues este fenómeno económico ha quebrado el mapa de la población Nikkei en el Perú.

Hoy, numerosos contingentes de trabajadores y trabajadoras Nikkei se han instalado en prefecturas japonesas como Gunma, Saitama, Shizuoka, Kanagawa, Hiroshima y otras más. Ya han transcurrido casi veinte años del inicio de esta diáspora y, aunque dicen estar en Japón transitoriamente, lo cierto es que con sus costumbres, ritos religiosos, músicas y comidas, están “peruanizando” parcelas del Japón. Como antaño hicieran sus antepasados inmigrantes, ahora las familias Nikkei peruanas envían a sus hijos e hijas a las escuelas de idioma japonés, adquieren propiedades hipotecadas y fundan clubes deportivos con los nombres de sus lugares de origen en Perú (Huaral, Barranca, Huacho, etc.). Si vienen repitiendo la historia de sus antepasados inmigrantes, ¿sería una exageración pensar que se quedarán a vivir en Japón? Sin que esto se compruebe aún, ya debemos incorporar territorio japonés a la hora de formular un mapa geográfico y económico de la comunidad Nikkei peruana.

Notas

*Fukumoto, Mary. Hacia un nuevo sol. Japoneses y sus descendientes en el Perú. Lima: Asociación Peruano Japonesa. 1997.

© 2007 Doris Moromisato

Sobre esta série

La identidad Nikkei en el Perú se construyó en un paisaje multiétnico y pluricultural. Esta experiencia histórica se realizó manteniendo las tradiciones y costumbres heredadas de las culturas japonesas, y se caracterizó por sus contradicciones y su heterogeneidad. Hoy, ser nikkei en el Perú es una marca valiosa e irremplazable que va calando los diferentes espacios políticos, artísticos, gastronómicos, musicales, folclóricos y deportivos, entre otros. Mis artículos brindarán un panorama de esta inserción que operó a lo largo de más de cien años de presencia japonesa en el Perú.