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El viaje hacia las raíces de Harumi Suenaga

Sincretismo cultural andino japonés. Amplios horizontes se abrieron para Harumi Suenaga García cuando hace dos años decidió elegir un camino en el que confluían la exploración de sus orígenes étnicos y el arte.

Era 2017, estudiaba en la Universidad Diego Quispe Tito, en el Cusco, en el último año de la carrera de arte, y buscaba un tema para su tesis.

Retrato de la hermana de la artista, el primero que hizo.

Nieta del presidente de la Asociación Peruano Japonesa de Cusco, estudiante y profesora de idioma japonés, cusqueña de nacimiento y residencia, Harumi comenzó con un retrato de su hermana —vestida con quimono— un largo proceso de indagación sobre su identidad.

La joven artista se presentó a una convocatoria de proyectos artísticos de la APJ con una serie de trabajos sobre sincretismo. De una reunión con el artista visual Haroldo Higa, impulsor del Salón de Arte Joven Nikkei, nació la idea de abarcar en su proyecto a los descendientes de japoneses asentados en el Cusco.

Tomando como referencia el retrato de su hermana, Harumi se contactó con otros nikkei cusqueños para elaborar retratos de ellos. Fue así como nació la exposición “Raíces”, que se inauguró en Cusco y llegó después a Lima.

RECONOCERNOS, ACEPTARNOS Y REVALORARNOS

Once pinturas al óleo formaban parte de “Raíces”. Once nikkei cusqueños accedieron a ser retratados y sumarse al viaje de autoexploración étnica de Harumi. Para ellos también significó conocer mejor sus orígenes. Para revalorar a sus antepasados, la artista colocó en un rincón de los cuadros el significado de los apellidos japoneses de los retratados. Algunos lo desconocían.

Para revalorar a sus antepasados, la artista colocó en un rincón de los cuadros el significado de los apellidos japoneses de los retratados. Algunos lo desconocían.

“Es un proceso introspectivo. Trato de hablar de mí, de cómo estoy viendo mi identidad. Trato de asimilarla. Es un proceso de adaptación entre dos culturas: la japonesa y la andina, que trato de expresar viendo también a otros descendientes que pasan por el mismo proceso”, dice sobre su proyecto.

La muestra tuvo una especial relevancia porque se realizó en medio de las celebraciones por los 120 años de la inmigración japonesa al Perú. “Quería hacer algo conmemorativo”, revela Harumi.

La experiencia en Lima fue positiva. Le permitió difundir su historia y la de su comunidad, así como expandir el imaginario nikkei limeño más allá de la capital.

Montar una exposición poniendo el foco en los cusqueños descendientes de japoneses fue también un valioso esfuerzo por atraer la atención sobre la pequeña comunidad nikkei en Cusco y motivar a sus miembros a reafirmar su identidad bicultural, como en el caso de ella.

Pintarlos fue una manera de contar su historia. Se trataba de “conocernos, reconocernos y mostrarnos”, dice Harumi Suenaga sobre sus retratatados. (Foto: archivo pesonal)

Harumi tenía referencias de la mayoría de retratados porque son amigos de su familia, pero el hecho de pintarlos le permitió aprender a conocerlos. Para ella, pintarlos fue una manera de contar su historia y expresar su enraizamiento en la sociedad cusqueña como descendientes de japoneses. Se trataba de “conocernos, reconocernos y mostrarnos”.

Lo que ella más rescata de toda la experiencia fue “compartir este proceso de búsqueda e investigación de mis orígenes japoneses con mi familia, amigos y público en general, con la finalidad de reconocernos, aceptarnos, revalorarnos y dar a conocer la historia de la inmigración japonesa en el Perú y también en Cusco”.

Una historia que la impresionó en particular fue la que le contó Carlos Nishiyama Andrade de su padre, el renombrado fotógrafo cusqueño Eulogio Nishiyama González, quien conoció al afamado pintor japonés Tsuguharu Foujita durante una visita de este al Perú. Foujita le regaló una cámara que despertó su vocación por la fotografía.

Su retrato favorito es el de su hermana. Ella fue la génesis.

EL PROCESO CONTINÚA

Harumi Suenaga García. Joven artista del Cusco explora su identidad a través del arte. (Foto: archivo pesonal)

Harumi cuenta que su abuelo, hijo de un inmigrante japonés, se mudó de Lima a Cusco a mediados del siglo XX. En Cusco, los Suenaga fueron pioneros en el negocio de la carrocería. Su abuelo, Héctor Suenaga, es presidente de la APJ de esa ciudad. La artista recuerda que su papá las llevaba a su hermana y a ella a las reuniones de la colectividad cuando eran chicas.

Su familia está muy involucrada en su desarrollo artístico y, en concreto, en “Raíces”. Mientras que su mamá Mónica destaca el parecido de los retratados con sus obras, su hermana Kiyomi se identifica con ellas y con su interés en la indagación de sus orígenes. ¿Su papá Carlos? “Piensa que es una forma de encontrarme a mí misma en un largo proceso de autoconocimiento”.

Harumi se preocupa por mantener viva su herencia cultural japonesa, de reafirmar su identidad. “Trato de revalorar eso, la forma de pensar, los valores, las expresiones que me parecen muy corteses”, dice.

El idioma japonés es una manera de mantener y fortalecer la conexión. Ayudar a voluntarios de JICA (Agencia de Cooperación Internacional de Japón) es otra. Y pintar, claro. El proceso de autoexploración continúa. Harumi participará en el Salón de Arte Joven Nikkei del próximo año. Sus raíces la siguen llamando.

 

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 121, y adaptado para Discover Nikkei.

 

© 2019 Texto y fotos: Asociación Peruano Japonesa

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