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Algo de historia y de intentos xenofóbicos contra los japoneses que hicieron de Chile su segunda patria - Parte 2

Lea parte 1 >>

CONSECUENCIAS DERIVADAS DE ESTAS CAUSALES

  1. En Chile no existe una Colonia japonesa por la pertinaz campaña llevada a cabo por los grupos de poder del siglo pasado para evitarse el peligro de la presencia interna de un colectivo japonés que por trabajo desmedido pudiera apropiarse de sus muchas tierras, por su “multiplicación en progresión geométrica” y por su histórica peligrosidad grupal.

  2. La dificultad de encontrar un trabajo acorde a sus capacidades y méritos por las políticas de “puertas cerradas” que favorecían impúdicamente al inmigrante blanco (incluso sobre los propios locales), como también, por el nivel de subdesarrollo en que se encontraba el país. Esta situación obligó al japonés a ganarse la vida en ocupaciones independientes de costos mínimos (peluquería por ejemplo), recurriendo al pequeño comercio y a otras ocupaciones de base. Por tanto, este japonés ubicó su vivienda en las barriadas populares. (Este japonés contaba con una escolaridad mínima de enseñanza media o títulos profesionales de nivel superior, mientras el analfabetismo chileno superaba el 50%. Igual, su nivel cultural superaba con largueza al del inmigrante blanco).

  3. La presencia en Chile de sólo japoneses solitarios, su bajo número, el ningún reconocimiento dado por el gobierno chileno ni por el japonés y la precariedad de sus inestables ocupaciones…además de sus dificultades comunicaciones; los obligó a dispersarse geográficamente buscando alguna estabilidad. Este distanciamiento de unos y otros, hizo que al formar una familia se relacionara sólo con su vecindad inmediata sin contar con pares cercanos con quiénes compartir la iniciación de sus hijos en la cultura japonesa. Revertir esta situación era ya imposible…como su lugar definitivo de permanencia sólo podían ser estas generosas tierras chilenas, sólo entorpecidas por ese persistente velo xenofóbico que flotaba sobre sus cabezas.

    De esta dura realidad debe haber surgido aquella sentencia de los padres japoneses para no oscurecer el destino de sus hijos: “Si van a vivir en Chile que sean chilenos”. Y centraron sus existencias en el rol de proveedores para asegurarles la mejor educación local posible como única herencia, mientras sumidos en el silencio intentaban dejar atrás su “ser japonés”. De ahí que educarlos formalmente, pero “a la chilena”, fue la principal preocupación del hogar. Eso hizo que, prácticamente, ningún hijo aprendiera el idioma japonés ni se relacionara con su cultura.

La resultante hace que la familia nikkei chilena dentro de su aislamiento, marcada influencia de su medio ambiente y silencio paternal; tenga que presentar algunas características que son sólo de Chile, desde luego matizadas con el infaltable aporte de su génesis ancestral. Quizás por lo mismo, a pesar que ha corrido mucha agua bajo el puente, cada familia sigue viviendo separada del resto de sus pares con escasa o nula comunicación. Sus relaciones se limitan a los aportes que los hijos llevan al hogar, no manejan el idioma japonés, los jóvenes se encaminan al logro de galardones profesionales del nivel terciario, su cultura dominante es la occidental chilena y siguen visualizando a Japón con casi la misma lejanía con que lo vieron sus ancestros. Forman hogares con chilenas y continúan otorgándole preferencia al silencio y al anonimato. Claro que ahora se ubican a nivel de clase media, distinguidos en el plano social y laboral por su honestidad (“makoto”) y honorabilidad (“meiyo”), por lo demás, comportamientos casi obligados de todos aquellos que llevan sangre japonesa.


CARACTERÍSTICAS DE ESOS PRIMEROS AVENTUREROS QUE SE QUEDARON EN CHILE

Como ya dijimos, a Chile no entraron japoneses en forma grupal. Los que llegaron desde inicios del siglo XX estuvieron ajenos a cualquier relación familiar, geográfica o de tiempo. Llegaron uno a uno dentro de distintos calendarios y desde diferentes prefecturas. Buena parte procedía de esa pequeña burguesía que aún mantenía la tradición de premiar a los hijos que superaban airosamente sus estudios (secundarios o superiores) con un viaje al extranjero donde alcanzarían en forma definitiva su mayoría de edad y al regresar, escogerían esposa y tomarían sus respectivos roles de adultos en el seno de la Familia…. Con sólo estos datos tenemos lo indispensable para intentar un bosquejo de estos japoneses que de una u otra manera quedaron entrampados en Chile:

  1. No vinieron a quedarse y ni siquiera venían a Chile. Sólo era gente de paso. Para entonces, los japonses sabían que en América del Sur estaba Brasil y Argentina y algunos puertos pero, escasamente algo más. Todo lo faltante lo recogerían a través de la aventura y del afán de aprehender.

    Desde luego que viajaron con dinero de sus padres porque el costo del pasaje era oneroso de por sí, más algo de dinero para el bolsillo. Desembarcaron en algún puerto del lado oeste o este, según ruta y de ahí, ¡camino al sur! Los más osados pensaron llegar al extremo continental y eso significaba Argentina o el casi anónimo Chile. Pero no faltaron lo que sabían de un Chile parecido a Japón y hasta con un volcán casi igual al Fuji (lo que ya era mucho decir)… y se engolosinaron con sus bellezas y con la amabilidad de sus gentes.

Volcan Osorno (FUENTE: Archivo del autor)  

  1. Ahora se imponía el regreso, pero el pasaje de retorno no estaba incluido en el viaje. El que no ahorró lo necesario debía ¡trabajar! para obtener lo que le faltaba… Y así lo hicieron, tomando cualquier ocupación de paso porque todo trabajo es dignificante. El problema estaba en que las ocupaciones eran escasas y mal remuneradas (las razones ya están dadas) y el paso del tiempo más allá de lo esperado, puso aflicción a la espera.

    Ahora, la pregunta que nos salta a los occidentales es: ¿Por qué, procediendo de familias pudientes no mandaron a pedir lo necesario para regresar?

    Sencillo. Porque la dignidad japonesa no permite pedir ayuda por algo que debe ser resuelto en forma personal. (Si no se logra la solución se muere en el intento)… Y eso ocurrió con los que se quedaron rezagados en Chile por no haber superado una vara cada vez más alta (tampoco podían regresar como fracasados).

    Después de esfuerzos infructuosos de hasta diez años, cambiaron la dirección de sus vidas. Su nuevo y fundamental objetivo fue darle continuidad a su estirpe, a su apellido. (Esta siembra testimonia la procedencia de aquellos que se casaron con mujer chilena. De ahí que dentro de nuestros nikkei hay - porcentualmente a su número - una buena cantidad de apellidos antiguos).


ACLARACIONES FINALES

Básicamente dos. La primera es que este relato está escrito atendiendo a antecedentes globales, sólo tocando mayorías significativas que dejan afuera aquellas obligadas minorías que se dan en todo conglomerado por chico que sea su universo.

Por ejemplo, hubo hijos que aprendieron el idioma japonés, especialmente aquellos que formaron parte de un matrimonio donde la madre era japonesa (poquísimas por lo demás) y otros ya mayores que salieron a buscarlo afuera. Tampoco significa que todos se casaron con mujer chilena ni todos procedieron de esa clase burguesa ilustrada. De hecho, algunos fueron colonos que se descolgaron de Perú, otros fueron tripulantes que se bajaron de sus cargueros y no faltaron los que reunieron yen a yen el dinero necesario para comprar un pasaje a Chile. Igualmente, hubo varios que de la partida contaron con cargos de sus especialidades como paisajistas, agrónomos, contadores, floricultores, etc.

Después del año 30, hasta llegó un par de familias que traían por meta a Chile, sumados a aquellos que respondieron a “llamados” (nunca a familiares). También, a inicios de la década del 40 teníamos familias con plena estabilidad y cierto bienestar. … Y así siguen las excepciones.

Datos censales de Chile (FUENTE: Gráfico de Naomi Hirose – Archivo del autor)  

Tampoco significa que al alcanzar el siglo XXI todo esté logrado. En realidad, aún queda mucho por alcanzar. De hecho, seguimos teniendo nikkei que no llegan a entrar o superar los estudios terciarios aun cuando, casi podríamos afirmar que culturalmente hablando, el nikkei chileno se ha hecho exitoso. De ahí la razón de su ascenso en la escala social y laboral de Chile. Por lo demás, a partir de la década del 80, cuando el reconocimiento mundial ubicó a Japón entre las primeras potencias, la percepción del nikkei chileno a través de los ojos del pueblo se hizo notoriamente positiva al igual que todo lo relacionado con la cultura japonesa.

La segunda aclaración desea enfatizar lo ya dicho. Los intentos xenofóbicos contra la raza japonesa en Chile no lograron las repercusiones deseadas porque, simplemente, el grueso del Pueblo terminó desoyendo el cuento de “viene el lobo”. Fracasaron en el norte porque el pampino se codeaba a diario con los pocos japoneses asentados que desempeñaban ocupaciones de servicios, necesarias a sus vidas de mineros pero ajenas a la extracción misma. Por tanto, sus trabajos se complementaban pero sin posibilidad de suplantajes.

Japonés relegado a Peumo. Debió cumplir condena con familia – 1943-1945. (FUENTE: Fotografía propiedad familia Shinya)

Algo parecido ocurrió durante la Guerra del Pacífico. Tampoco el grueso del Pueblo participó en las persecuciones y abusos contra los japoneses. Lo que ocurrió fue planeado por orgánicas norteamericanas y por grupos de poder chilenos, los mismos conocidos desde principios de siglo. Ambos coludidos hicieron comparsa con una prensa corrupta, con un tropel de servidores comprados ya sea con dinero o desinformación y con un departamento policial chileno que entusiastamente se hizo cargo de la aplicación de las sanciones pero, no por obediencia, patriotismo o xenofobia sino sólo por la oportunidad de esquilmar y abusar de gente despojada de todo derecho. (De ahí que en la elección de víctimas escogieron a aquellos que podían extorsionar o despojar de sus bienes).

En cambio, nuestras autoridades gubernamentales se mantuvieron porfiadamente en un plano de neutralidad, conteniendo la declaración de guerra contra Japón hasta casi el término de la misma (11/abril/1945). A su par, aquella masa popular que debió recibir en sus pueblos a expulsados y relegados, seguramente, una parte se hizo la desentendida, pero una mayoría les brindó ayuda y, difícilmente, alguien intentó atacar a un victimizado.

 

© 2016 Ariel Takeda

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