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Tiempo para compartir: Nikkei recuerdan algunas de sus celebraciones por Navidad y Año Nuevo

La Navidad no siempre fue una ocasión festiva para los descendientes de japoneses en el Perú. Con los años, esta celebración cristiana ha ido cambiando, incorporándose a las tradiciones de las nuevas generaciones. 

¡Meri Kurisumasu! ¡Feliz Navidad! Quizá para algunos nisei en el Perú esta no haya sido una frase muy oída en casa cuando eran pequeños. Como se sabe, la llegada al mundo del niño Jesús no ha sido parte de las tradiciones festivas japonesas, aunque ahora las costumbres hayan cambiado.

Es por ello que muchos guardan recuerdos desiguales y sentimientos encontrados en estas fiestas navideñas, a diferencia de la de Año Nuevo, la cual sí se celebra con gran algarabía, ya que se considera un momento de renovación. Para el Oshogatsu existe una variedad de tradiciones y rituales japoneses que se han mantenido o adaptado, en la medida de las posibilidades.

La cena cambiaba porque no se tenían los mismos ingredientes y, la mayoría de las veces, la Navidad era un día cualquiera en el que se trabajaba hasta tarde. Los negocios (tiendas, bodegas y restaurantes) no podían cerrarse. Y para el Año Nuevo, que en Japón se suele festejar por varios días, las celebraciones tenían que acortarse para seguir trabajando.

En casa y el convento

El padre Alfonso Gibu recuerda que el 24 de diciembre el restaurante de su familia se mantenía abierto hasta las diez de la noche. Para la Nochebuena, él con apenas diez años, ayudaba a preparar la cena.

Alfonso Gibu Tokumoto, el querido padre Gibu, es el menor de doce hermanos, y recuerda que el 24 de diciembre el restaurante de su familia en la urbanización Chacra Colorada, en el distrito de Breña, se mantenía abierto hasta las diez de la noche. Para la Nochebuena, él con apenas diez años, ayudaba a preparar la cena, tan criolla que solían tener anticuchos, aprovechando que la parrilla todavía estaba caliente.

“Mis hermanos estaban casados, así que venían a cenar a la casa con sus hijos. Una de las costumbres familiares que más me gustaban era jugar a la quina y al bingo de madrugada, hasta muy tarde. Era una época muy bonita porque estaban todos los hermanos, con sus esposas, los primos y sobrinos, y repartíamos los regalos”, recuerda el padre Gibu.

Hubo una Navidad que fue muy especial para toda su familia. Ocurrió el año en que nació el último hijo y una amiga de la familia les regaló un pequeño nacimiento, con Jesús, María y José, para conmemorar la llegada del último hijo. Ese recuerdo aún se guarda en la casa y los ha acompañado como un símbolo de la fe y la amistad.

Quizá fueron las Navidades las que marcaron la vocación eclesiástica del padre Gibu. En sus recuerdos siempre está el momento de armar el nacimiento, con lo poco que se tenía, dándole detalles arquitectónicos diferentes cada vez. Fue así que también se formó su vocación por la ingeniería civil, carrera que estudió en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) antes de unirse a la orden franciscana.  

“Después de que fui ordenado sacerdote, pude pasar las fiestas navideñas con mi familia, pero luego ya no porque tuve que dedicarme a mi congregación y a la colectividad católica”.

Costumbres de familia

Los momentos de celebración, como la fiesta de Año Nuevo, eran para recuperar aquellas tradiciones japonesas que su papá, un ebanista muy trabajador, les había inculcado a ella y a su hermana, recuerda Alicia Onchi.

Alicia Onchi de Sakaguchi cuenta que cuando sus padres vinieron de la prefectura de Shimane abrieron una tienda de compra y venta de artículos, y que luego tuvieron otra de electrodomésticos en la avenida Abancay. Eran tiempos de arduo trabajo para ganarse una posición en los que no se podía celebrar mucho.

Cuando las cosas iban mejorando, se desató la Segunda Guerra Mundial, que trajo consecuencias negativas para su familia. Sin embargo, poco a poco lograron salir adelante. Los momentos de celebración, como la fiesta de Año Nuevo, eran para recuperar aquellas tradiciones japonesas que su papá, un ebanista muy trabajador, les había inculcado a ella y a su hermana.

“En la noche de Año Nuevo nos encantaba tomar ozouni, un caldo que lleva omochi, unos pedazos de masa de arroz, y los fideos soba, que como son muy largos se acostumbran comer en esta festividad para tener una larga vida”, cuenta Alicia refiriéndose a la tradición conocida como toshikoshi soba. Otra de las comidas típicas de Año Nuevo era el kazunoko, una huevera de pescado seca que simboliza el deseo de ser bendecidos con muchos niños.

Alicia también recuerda que en la mañana del primer día del año muchos llegaban a casa a saludar a su papá (era una costumbre visitar a los hombres mayores mientras las mujeres se quedaban en casa cocinando). “Eran reuniones que empezaban desde muy temprano y que se prolongaban por varias horas. Ahí se comía el osechi ryori, un cocido variado que significa comida de Año Nuevo”.

Cocina navideña nikkei

El chef Yaquir Sato añora los banquetes con comida peruana y japonesa que preparaban en Nochebuena en su familia.

En casa de la familia Sato Matsuoka, las Navidades tenían color peruano y japonés. Yaquir, el menor de los hijos de Humberto Sato, el gran cocinero del restaurante Costanera 700, recuerda que cuando era niño pasaba la Nochebuena en casa de su tía materna Elena, con toda la familia Matsuoka. 

“Ella preparaba un gran banquete con cocina peruana y japonesa. Había pavos y lechones, y, por parte de la cocina japonesa, teníamos el makisushi y el sekihan. La comida era parte muy importante en la mesa de Nochebuena. Inconscientemente mezclábamos la cocina peruana y japonesa”, cuenta el joven chef.

Esa fusión, que fue el éxito de don Humberto (que había empezado en la cocina intentado hacer platos de origen europeo) se sigue manteniendo en el Costanera 700 de la mano de Yaquir, quien el año pasado presentó por Navidad un plato muy nikkei: el lechoncito al horno, al estilo segoviano, con ensalada verde, salsa de miso y puré de papa y yucas.

Y es que los Sato son criollos, japoneses y auténticos. Yaquir y sus hermanos mayores, Humberto y Franco, despidieron el 2012 junto a su papá, reunidos nuevamente alrededor de una mesa para disfrutar del tradicional omochi, que ellos mismos preparan, y de la sopa con mochi y gobo para recibir el Año de la Serpiente, que esperan que esté lleno de bendiciones y buenos deseos.

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 73, diciembre de 2012 y adaptado para Discover Nikkei.

© 2012 Asociación Peruano Japonesa; © Fotos: Asociación Peruano Japonesa

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