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Kenji Nakama, ganador del concurso Pasaporte para un Artista: “Para ser artista hay que ser muy responsable”

Francia es el sueño de muchos artistas, pero solo algunos afortunados llegan a conocerla. Uno de ellos será Kenji Nakama Miyashiro, que gracias a un premio disfrutará de una estadía de tres meses en el país europeo, donde podrá enriquecer su formación artística.

Kenji obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional Pasaporte para un Artista, convocado por la Alianza Francesa de Lima, la embajada de Francia en el Perú y el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú, con los collages “Montaña” y “Corte Transversal del fragmento de una montaña”.

Para el joven artista, el reconocimiento es un aliciente para emprender nuevos retos. “Me da más seguridad para arriesgarme en ciertos proyectos, en ciertas ideas, y seguir experimentando. Pero es tan solo un premio. No es que vaya a cambiar mi vida, mi trabajo. En este caso mi trabajo tiene cierta visibilidad, pero también se exponen más los defectos. Eso es lo que me gustaría corregir”, afirma.

El viaje a Francia ampliará sus horizontes artísticos: “Yo estudié en la Facultad de Arte de la (Universidad) Católica y ahí tienen cierta manera de enfocar el arte. Cada lugar tiene cierta perspectiva de lo que es el arte, te lo enseñan de otro modo. Creo que estudiar en Francia, compartir con ciertos artistas y dialogar van a abrir mi perspectiva”.

Montaña de información

Kenji narra cómo se gestaron las obras que le dieron el pasaje a Francia y, además, seis meses de estudio del idioma francés en la Alianza Francesa de Lima:

“Vi cómo se acumulaban las revistas de Cable Mágico en mi mesa, y de repente dije ‘¿y esta montañita de revistas?’. Cada revista es un mes de información televisiva. Los medios trabajan así: este es el entorno, captan una cosa, la editan, la jerarquizan, la organizan y la muestran. Con las revistas quise mostrar un poquito de cada una, una imagen familiar pero que no llegamos a codificar, y así poco a poco vamos haciendo una montaña, como acumulando capas y capas de información. Igual el otro trabajo. Es como si tuviéramos una montaña enorme, y le he hecho un corte para analizar o ver cómo está constituida, pero es a un nivel físico. Lo mismo sucede a nivel mental, creamos capas y capas de información televisiva”.

La televisión es un tema recurrente en la obra de Nakama. Como toda su generación, creció pegado a este aparato. La computadora e internet llegaron después. Los chicos de hoy nacieron con ellas y son como un miembro más de su cuerpo.

El artista nikkei considera que la tecnología es una especie de nueva naturaleza para el ser humano de estos tiempos. Su entorno ya no es lo natural, sino lo artificial. Las herramientas que la tecnología nos proporciona –afirma– pueden ser buenas o malas de acuerdo con el uso que les demos.

Antaño, la televisión nos relegaba a un papel pasivo. “Con la televisión solo recibíamos información. No podíamos comunicarnos, no podíamos tener una voz”, manifiesta Kenji. La realidad pasaba por el filtro de la televisión, que sesgaba la información de acuerdo con sus intereses.

Internet cambió eso. “Con internet puedes estar más informado, puedes crear tu propia información”, asegura. El usuario asume un papel activo.

Sin embargo, el alud de información que genera internet y la sobreoferta de canales de cable producen tanto contenido que es difícil asimilarlo. Nakama llama a eso “ruido mental” y lo plasma en su obra.

Reflexiones sobre el arte

Kenji prefiere no encasillarse en aquello que llaman estilo. “Muchos artistas de mi generación tratamos de no tener un estilo porque es como encerrarse. Si lo ponemos en la forma de vida, a nadie le gustaría vivir de un modo; todos queremos hacer muchas cosas, ir a todas partes del mundo, probar todas las comidas posibles, abrirse a todas las posibilidades. Por eso no me gustaría encasillarme en una forma de crear”, expresa.

El artista nikkei evoluciona de proyecto en proyecto. Agota uno y salta a otro, que le franquea nuevos caminos artísticos. “Así me gustaría ir cambiando, cambiando mis esquemas, mis estructuras. Así como la idea es tener muchas visiones de un solo hecho, es lo mismo (en el arte): probar todas las visiones de crear, de hacer arte”, explica.

Hay gente que cree que el artista no trabaja, que es un privilegiado que holgazanea, esperando que de repente lo asalte la inspiración. Asimismo, se asocia al artista con la bohemia y la extravagancia. Sin embargo, detrás de una obra arte existe mucho trabajo y rigor.

“Es un trabajo constante, hay que ser muy perseverante, también disciplinado. Yo enseño en la Católica y muchos de los chicos que entran tienen la idea de que para el arte hay que ser muy bohemio, emborracharse, fumar, ir a fiestas. Les decimos ‘no, para ser artista hay que ser sano, hay que ser muy responsable, todos los días hay que trabajar’”, remarca.

A veces el talento no basta. “No solamente es cuestión de técnica, sino también de leer, informarse, pensar mucho. Es un equilibrio entre todos los aspectos: conocimiento,  técnica. El hecho de que seas muy talentoso no significa que vayas a ser un artista; al contrario, esa técnica a veces no te sirve, tienes que buscar otras técnicas”, afirma.

Cuando comenzó a estudiar arte, Kenji no era consciente de que vivir de él en el Perú no resulta fácil. “Pucha, yo era un chibolo bien zonzo (ríe), no sabía muy bien los riesgos de la carrera”, recuerda. Esa percepción fue cambiando, sobre todo en los últimos años de la carrera. “Así como cuando estás en el colegio y en el último año te das cuenta de que ‘oye, y ahora qué hago, qué voy a estudiar’, lo mismo sucede en la universidad, ‘de qué voy a vivir’. Como que sales y estás en una nube, no sabes qué hacer. Ahí te das cuenta de lo difícil que es vivir del arte”, añade.

Es difícil, pero Nakama sostiene que el arte se ha abierto y llega más al público que en tiempos pasados. Sin embargo, aún no se ha avanzado lo suficiente para que la gente “sienta que el arte es importante en su vida. Una vez que se pueda llegar a eso, los artistas tendremos más posibilidades de vivir del arte. Hay que rajarse, porque es lo que queremos, hay que darle todo”.

Por otro lado, cree que “el mismo arte que se hace debe ir cambiando, debe haber varias posibilidades, arte que tenga más relación con lo que sucede a nuestro alrededor. A veces hay una pintura abstracta y nadie la entiende, qué tiene que ver eso con lo que sucede aquí. Por ahí también debe comenzar el cambio”.

Kenji no cree que el artista deba desconectarse del mundo exterior para crear. “Para mí el arte mucho tiene que ver con investigar, con leer, con conversar, porque si te aíslas es como que no manejas el mismo idioma que el resto. Es bonito comunicárselo a la gente. Si mi trabajo no comunica nada, no logra transmitir una idea a una persona, no vale como trabajo”, manifiesta.

¿La mirada del otro enriquece una obra de arte? Nakama responde: “Sí, claro. Una obra no tiene una interpretación única, tiene varias interpretaciones y todas son válidas. A veces hay trabajos en los que yo quería decir algo y de repente me dicen ‘no tiene mucho que ver con tu idea, va más por este lado’. Después te das cuenta de que sí tienen razón. Por eso es bueno escuchar las opiniones de los demás”.

Kenji asegura que el arte puede ser un instrumento valioso en la formación de la personalidad de los chicos en el colegio. “El arte desarrolla cierta seguridad, formas de comunicarse; los ayuda a eso, a saber que pueden pensar y comunicar ideas. Normalmente, lo que pasa en los colegios es que ‘memoriza esto, aprende esto’ y nada más, pero no los hacen pensar. El arte te puede ayudar a pensar”, subraya.

El arte es un mundo, una miríada de posibilidades, y eso intenta el profesor Nakama inculcar a sus estudiantes. Y su consejo vale para todos aquellos chicos que sueñan con ser artistas: “Desde el comienzo les digo que lo que están aprendiendo en la universidad es tan solo una forma de ver el arte, que es como un idioma y hay muchos idiomas, con distintas estructuras. Les digo que lo que les estamos enseñando es tan solo una parte de un mundo grande. Comenzamos por eso. Y de ahí que trabajen, que sean constantes. No es que te sientas y esperas que venga la inspiración, es parte de un proceso en el que hay que ser disciplinado. Eso es lo más importante para mí”.

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 50, octubre 2010 y adaptado para Discover Nikkei.

© 2010 Asociación Peruano Japonesa/ © 2011 Fotos: Asociación Peruano Japonesa

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