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Japoneses la comunidad en busca de un nuevo sol naciente - Parte 3

Parte 2 >> 

LOS PIONEROS DE LA EMIGRACIÓN

Las primeras rutas de emigración se dirigieron a Hawai, justo al inicio de Meiji. Las plantaciones de caña de azúcar y de piña fueron los lugares a donde se encaminó la mayoría de los japoneses. La isla vivía tal grado de expansión económica que el flujo de inmigrantes alcanzó a cerca de 30 mil personas para fines de siglo y constituyó 40% del total de la población hawaiana.1 En el continente americano, el otro gran polo de atracción de mano de obra, fue la costa del Pacífico de Estados Unidos, específicamente California. A principios del siglo XX el número de emigrantes ya sobrepasaba los 70 mil en ese país, mientras que en Canadá llegaba a más de 15 mil.2

Con un boleto se podía cruzar el gran océano en barco desde Japón a México, ca. 1920. Colección: Sergio Hernández Galindo

En el caso de México, el crecimiento de los emigrantes no fue menos expansivo gracias a las leyes sobre colonización y deslinde de terrenos baldíos que el gobierno de Porfirio Díaz decretó —lo que amplió las posibilidades de atraer la inversión extranjera e incentivar la nacional— y al Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado con Japón en 1888. Sin embargo, hasta 1903 el número de japoneses no llegó ni al medio millar, pero en los siguientes cuatro años rondaba ya las 11 mil personas,3 cifra que sólo se incrementaría en unas 3 mil más al inicio de la Segunda Guerra Mundial, por lo que según los datos del gobierno japonés llegaron a México un total de poco más de 14 mil personas.4 El año de 1907 es fundamental para entender la razón por la cual el flujo de emigrantes se detuvo abruptamente. En Estados Unidos comenzaron algunos ataques racistas contra los japoneses—que hasta ese entonces eran diferenciados de los trabajadores chinos y cuya entrada era permitida—: se hablaba del "peligro amarillo", a tal grado que segregaron a estudiantes de esa nacionalidad en las escuelas públicas de San Francisco.5 Para evitar que estallara un conflicto mayor en California, los gobiernos de Estados Unidos y Japón firmaron un "Acuerdo de Caballeros", que desalentaría la emigración de japoneses a partir de ese año, pero no sólo a esa nación, sino que incluía a México y Canadá para impedir que sirvieran como puentes de ingreso.

De acuerdo con los censos de extranjeros de 1910, los estados de la República que concentraban el mayor número de japoneses eran, Sonora, Coahuila, Veracruz, Distrito Federal y Chihuahua.6 Los colonos y obreros que llegaron masivamente en esos años, bajo el amparo de las leyes ya descritas, fueron reclutados por eficientes compañías que organizaban y enviaban a los emigrantes a nuestro país. La primera de ellas fue la Sociedad Colonizadora México-Japón, encabezada por Takeaki Enomoto, encargado de traer a los primeros colonos a Chiapas. Posteriormente se crearon decenas de empresas más, entre las que destacan Kumamoto, Toyo y Tairiku Imin Gaisha. Las compañías reclutaban a los trabajadores mediante un contrato que especificaba sus derechos a un sueldo, comida, ropa y gastos de viaje que deberían pagarles sus patrones en México. Sin embargo, existen testimonios que indican la existencia de deserciones por malas condiciones laborales y por el bajo salario, lo que provocó que muchos de los contratados se fueran a trabajar ilegalmente a Estados Unidos.

El viaje de los emigrantes se hacía en barco y la ruta marítima, cubierta por navieras japonesas, era de Japón a Hawai, San Francisco y Los Ángeles, en Estados Unidos, después a los puertos de Manzanillo y Salina Cruz, en México, y, finalmente, a Sudamérica. La gran mayoría de los inmigrantes entró por esos puertos, aunque también se registran ingresos por tierra desde Estados Unidos en las ciudades fronterizas de Tijuana, Mexicali y Nogales. El servicio de carga de mercancías y de pasajeros en 1910 era eficiente pues contaba con corridas regulares, e incluso algunas compañías japonesas importantes, como Toyo Kisen Kaisha, tenían agentes en el país y repartían folletos explicativos en español para incentivar los viajes de turismo hacia Japón.7

Los contactos oficiales comenzaron a ser frecuentes entre Japón y México, ca. 1911. Colección: Archivo General de la Nación. Fondo: Díaz, Delgado y García (AGN-DDG) 18/21.

A partir de entonces, el arribo de emigrantes a la ciudad de México fue paulatino; se fueron integrando en un principio a las actividades económicas que azarosamente la ciudad les ofrecía, pero el hecho de poseer un cierto grado de capacitación y ser en su gran mayoría alfabetizados les permitió insertarse de manera aceptable, a pesar de las dificultades del idioma. Primero fueron empleados de comercio y profesionistas calificados. Posteriormente, a lo largo de los años y con un incipiente capital, establecieron pequeños negocios que dieron a los barrios la peculiaridad de la diferenciación étnica y cultural que se fue plasmando en la vida diaria de la capital. A pesar de que sólo un reducido número se dedicó a las profesiones artísticas, esto no obstó para que aportara a la ciudad un enorme capital cultural que quedó plasmado y que, afortunadamente, se extendió gracias a la escuela que legaron para posteriores generaciones.

En 1917, con la firma de un convenio entre México y Japón que establecía el libre ejercicio de diversas profesiones como médico, dentista y farmacéutico, se reanudó el flujo de inmigrantes, y se registró la llegada más importante de japoneses a la ciudad. Sin embargo, Kumataro Takahashi fue el primer inmigrante calificado pues arribó al país en 1897 en calidad de médico de la primera migración a Chiapas; ante el fracaso de esa colonización, se estableció finalmente en la colonia Guerrero en la ciudad de México. De igual manera, antes de 1917 llegaron trabajadores que se emplearon en casas comerciales y otras actividades, como Sakae Motoyama,quien laboró en Casa Marcus A. Levy, en 1907; Ricardo Nakamura, comerciante y luego peluquero, en ese mismo año, avecindado en el barrio de Azcapotzalco; y Roberto Ito, quien vino a la ciudad de México en 1914 para encargarse de un establo.

Los inmigrantes calificados se instalaron en las grandes ciudades; entre ellos se encontraban comerciantes, médicos, dentistas, farmacéuticos y trabajadores que tenían un oficio como carpinteros, relojeros y vulcanizadores. Los más conocidos son tres debido a la trascendencia que tuvieron sus negocios y, además, por la actividad que desempeñaron al interior de la comunidad durante y después de la Segunda Guerra Mundial, y por su buen manejo de las relaciones que mantuvieron con la embajada de su país y con prominentes personajes del gobierno mexicano.

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Notas:

1. Daniela de Carvalho, Migrants and ldentity in Japan and Brazil: The Nikkeijin, Routledge, Nueva York, 2002, p. 3.
2. Ibíd.
3. María Elena Ota, op. cit.,p. 51.
4. Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón, Waga Kokumin no Kagai Hatten [La expansión de nuestro pueblo], Departamento de Inmigración, Estadísticas de Inmigración, 1952-1989.
5. Walter Lafeber, The Clash. U.S.-Japanese Relations throughout History, Norton, New York, 1998, pp 87-92.
6. María Elena Ota, op. cit., pp. 26-27.
7. National Archives and Record Administration (NARA), College Park. Record Group 165, Military Intelligence División 1766-151.

 

* Este artículo fue originalmente publicado en Carlos Martínez Assad (ed) La Ciudad Cosmopólita de los Inmigrantes. Mexico, Gobierno del DF. 2010.

 

© 2010 Sergio Hernández Galindo

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