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Reflexiones acerca de la identidad de los hijos de inmigrantes

Comentarios al artículo de Augusto Higa “Dos visiones sobre los nisei: Watanabe y Matayoshi1

El excelente artículo de Augusto Higa despierta reflexiones acerca de un tema de fondo que está en la mente de quienes hemos estudiado el fenómeno de la inmigración y nos hemos hecho varias veces las preguntas: ¿Cuál es la identidad de los hijos de inmigrantes? ¿Qué queda de la identidad de sus padres en estos nuevos peruanos?

Los testimonios que Higa reseña, el de José Watanabe y el de Nicolás Matayoshi, pueden ser considerados como testimonios ejemplares de la identidad de hijos de inmigrantes. La primera reflexión que me surge es que los sentimientos y las ideas que expresan Watanabe y Matayoshi acerca de su identidad peruana podrían ser suscritos por los hijos de todos los inmigrantes que han venido al Perú.

Los dos autores comentados, Watanabe y Matayoshi, son excelentes escritores y expresan muy bien sus sentimientos, cosa que pocos saben hacer. No es casualidad que se trate de poetas y literatos, pues el tema de las identidades pertenece al campo de los sentimientos y de los afectos, cosa que los científicos sociales no sabemos manejar tan bien, pues las teorías sociales se ocupan poco de estos temas (en realidad, nunca los han tratado).

Pocos son los escritores, hijos de inmigrantes, que se atreven a reflexionar, expresar y sobre todo a escribir sobre sus sentimientos de pertenencia y sobre su identidad. Además de los casos ya mencionados, puedo recordar un ejemplo que me gusta mucho, se trata del libro de la tacneña Gabriella De Ferrari, hija de inmigrantes italianos, y que actualmente reside en los Estados Unidos2. Ella escribe con mucha solvencia sobre su identidad peruana, el peso de la influencia de la cultura de sus padres, inmigrantes italianos, e incluso trata sobre cómo esa identidad es percibida por el ambiente norteamericano donde actualmente reside, por eso ella se considera una “gringa latina”.  

Volviendo a los testimonios de Watanabe y Matayoshi, hijos de inmigrantes japoneses, vemos que ellos expresan supuestamente dos visiones distintas de su identidad. La visión de Watanabe aparece claramente integrada a la identidad peruana, para él la nacionalidad básica del nisei es la peruana. En cambio, el testimonio de Matayoshi visiona una identidad todavía en tránsito. Se podría decir que esta última visión expresa un sentimiento de dolor y de desgarro producido por el sentimiento de encontrarse entre dos culturas que no domina totalmente. Como dice Higa: “el caso Matayoshi se puede explicar en un doble frente.   Ante lo peruano, somos discriminados y  eso nos hace sentir extranjeros.  Ante lo japonés, sentimos la lejanía, la extrañeza, la cual nos llega a cuenta gotas”.

En realidad, creo que no hay contradicción entre la visión de Watanabe y la de Matayoshi, considero que ambas son expresiones del mismo camino, sólo que se ubican en distintos puntos del camino hacia la asunción de la identidad peruana. Este camino se completa al cabo de una generación, aunque no en todos los casos se da con la misma velocidad e intensidad. Las diferencias pueden obedecer a diversas causas: las distintas sensibilidades personales y hasta el contexto social y cultural.

El caso de Watanabe se ubica al final de ese camino. Sin duda, en él ha influido el contexto costeño de la zona rural de Laredo, en La Libertad: un ambiente acogedor y proclive a la integración cultural, con el carácter alegre y bonachón de los campesinos norteños, con el clima cálido y la naturaleza pródiga.  El ambiente donde nace Matayoshi - el Huancayo de mediados del siglo XX - quizás ha retardado la integración total de los hijos de inmigrantes.

Sin embargo, no puedo dejar de pensar en los casos de otros nisei serranos, completamente integrados. Me refiero a Angélica Harada, la popular “Princesita de Yungay”; y a Juan Makino Tori, el “Samurai del Huayno”, dos nisei serranos altamente integrados al ambiente local, al punto de ser notables cultores del folklore. De modo que el elemento subjetivo puede acelerar o retardar procesos de integración, mas no eliminarlos. En cada caso individual encontramos diversa casuística, pero dentro de un patrón común que es la integración cultural, la asimilación a la cultura peruana, local y nacional, y finalmente la adopción de una clara identidad y un indiscutido sentido de pertenencia al Perú. Son muchos los ejemplos que se pueden mencionar, descendientes de inmigrantes de todas partes que al cabo de una generación asumen una identidad peruana. 

En algunos casos esa identificación afectiva y este sentido de pertenencia se da incluso durante la vida de los mismos inmigrantes. Ello sucede en casos de prolongada residencia en el lugar de adopción, y que por especiales motivaciones personales o por especiales condiciones de acogida favorable,  hacen que se dé en ellos cambios profundos en su sentimiento de pertenencia. Uno de estos casos es el de Antonio Raimondi. El estudio realizado sobre la biografía y la obra de este personaje3 me ha llevado a la conclusión que Raimondi nació italiano pero murió peruano. El tránsito en sus sentimientos de pertenencia no implicó cambio de nacionalidad jurídica, pues Raimondi no tomó la ciudadanía peruana ni dejó de ser formalmente italiano. He leído sus escritos y es notable el hecho de que, en los primeros años de su estadía en Perú. se refería a él en tercera persona, como cuando escribió su famoso mensaje a los jóvenes peruanos: “consagraos a hacer conocer vuestro país y los inmensos recursos que tiene”. Pero al final de sus días, cuando asesoraba al Ministerio de Relaciones Exteriores en asuntos de límites, escribía “nuestro país”. En efecto, Raimondi se identificó con el Perú, a tal punto de sacrificar su vida por él, además de  militar a favor de una opción política peruana. Sin duda, este es un caso extremo, pero más común de lo que se suele creer.

La idea de fondo que está detrás de esta discusión es: ¿hasta qué punto se conservan las identidades de los inmigrantes? Yo sostengo que las identidades de las colonias de inmigrantes desaparecen en la primera generación. Las hubo en los años en que cada colonia de inmigrante formaba un cuerpo social aparte, pero fueron identidades efímeras, pues todas terminaron por languidecer y dejar sus recuerdos en manos de sus hijos peruanos. La fuerza y la personalidad de la identidad peruana las dejó de lado y las integró. El proceso de integración no ha sido uniforme y a veces ha sido impuesto4, pero en la mayoría de los casos ha sido una integración voluntaria y activa.

Todos los descendientes de inmigrantes se han aculturado y se han asimilado a la cultura peruana, algunos más tarde que otros, pero todos lo han hecho. Por eso creo que ya no se puede hablar de “colonias” de inmigrantes en el Perú. Las “colonias” de inmigrantes en Perú ya desaparecieron hace buen tiempo. Tanto la china, la japonesa, la italiana, la inglesa, la alemana, etc. son expresiones del pasado. Los descendientes de inmigrantes no forman un cuerpo aparte del resto de la identidad y de la nacionalidad peruana. Lo que queda en ellos de sus antepasados no es una identidad, sino a lo sumo algunos rasgos culturales.

Los casos de Watanabe y Matayoshi demuestran que existe la identidad peruana

Quienes abogan por la existencia de diversas “identidades” en el Perú, creen ver en la presencia de inmigrantes (y de sus descendientes) una “contradicción” en la nacionalidad peruana. Considero que esta es una visión infundada y que, más bien, es al revés: la presencia de hijos de inmigrantes no debilita la identidad nacional, al contrario la refuerza. Lo que queda en los hijos de inmigrantes de la cultura de sus padres extranjeros son elementos culturales secundarios: algo de gastronomía, algo de música, algo de idioma y algo de las preferencias literarias. Incluso se puede hablar de ciertos rasgos de personalidad cultural. Pero todas estas cosas son superficiales frente a la profundidad de la identidad peruana presente en todos los descendientes de inmigrantes.

En vez de ser un elemento disgregante, la identidad de los hijos de inmigrantes es un elemento aglutinante de la identidad peruana, pues los hijos de inmigrantes son portadores de una fuerte necesidad de “tener raíces”. Si nos fijamos bien, en los hijos de inmigrantes encontramos numerosos ejemplos de sano nacionalismo, de patriotismo y de clara identificación nacional. Para mencionar los casos más saltantes en el Perú, recordemos que Bolognesi y Grau eran hijos de extranjeros. Eso pasó no sólo en el siglo XIX, sino también en el siglo XX, hay muchos ejemplos y casos al respecto.

La otra tesis que me parece importante discutir es aquella que viene de los defensores del posmodernismo, según la cual no existen identidades nacionales sino individuales. Un pensador que ha influido en esta corriente de pensamiento es el sociólogo Zygmunt Bauman, un judío polaco que cree que la modernidad inevitablemente lleva a perversiones sociales. Una de estas perversiones sería el nacionalismo. La obra de este autor está influida por el holocausto nazista y tiene una visión negativa de los sentimientos de identidad nacional, por lo que se manifiesta partidario del supra nacionalismo y cae en el individualismo. De ahí que Bauman haya dejado de lado su nacionalidad polaca y se considere un “cosmopolita” proclive al “supranacionalismo” de la supuesta globalización, que llevaría a sentimientos “líquidos”. La realidad peruana muestra todo lo contrario, los sentimientos de los hijos de inmigrantes no se licúan, sino que se solidifican.

Una vertiente de ese pensamiento en el caso peruano, es del de Mario Vargas Llosa, para quien las identidades nacionales son una perversión y producto de un nacionalismo que oprime a los individuos5.  Sin embargo, se puede advertir una contradicción en su planteamiento: por un lado niega la identidad nacional, pero por otro reconoce que no puede escribir sobre otro país que no sea el Perú, país que es el permanente inspirador de sus ficciones.

Quizás en  esta discusión hay un problema de confusión de términos: si consideramos que la identidad nacional es algo que uniformiza a la gente (como si fuera un parámetro igual para todos) y les quita libertad de acción, evidentemente es algo negativo. Pero esa es una concepción restringida y peyorativa de la identidad de una nación. La clave para salir de esta confusión es plantear el tema de identificación en términos de afecto por una nación, que siempre es plural en cuanto a sus componentes, pues ninguna nación es absolutamente homogénea culturalmente hablando. En última instancia, es una cuestión de en dónde uno afinca y en dónde satisface la necesidad común a todos de tener raíces.

El hecho de que algunos descendientes de inmigrantes conserven rasgos culturales de sus antepasados, no le quita nada de su identidad peruana; enriquece esa identidad, no la pone en peligro. Me parece importante insistir en este aspecto porque hoy día surgen voces que hablan de “distintas” identidades al interior del Perú. Algunos llegan a hablar de “la verdadera identidad” o de “la identidad profunda”, como si hubiera “identidades superficiales”. Incluso algunos llegan a contar desde cuántas generaciones uno es peruano, lo que es un absurdo y esconde una visión “cronologista” de la identidad que es ofensiva para aquellos que tienen una familia con poca historia en el país. Las identidades son o no son. Las situaciones de tránsito son pasajeras. Las visiones de Watanabe y Matayoshi, a pesar de sus diferencias y peculiaridades, son las de dos hijos de inmigrantes que han enriquecido y fortalecido la identidad peruana.

Notas:

Notas
1. Augusto Higa Oshiro, 19 de Octubre, 2009: http://www.discovernikkei.org/en/journal/2009/10/19/dos-visiones/

2. De Ferrari Gabriella. Gringa latina . Emecé, Buenos Aires, 1998.

3. Bonfiglio, Giovanni. Antonio Raimondi. El mensaje vigente. Universidad de Lima. Lima, 2004

4. Hay que agregar las fuertes tendencias del nativismo y del nacionalismo que a lo largo del siglo XX se encargaron de integrar a la identidad peruana a los hijos de inmigrantes. Este fue un proceso de asimilación conducido desde el Estado, con la participación activa no sólo de las elites peruanas sino de la población nativa en su conjunto. Al respecto, ver mi artículo “Nativismo, nacionalismo étnico e indigenismo en el Perú durante el siglo XX:
http://www.discovernikkei.org/en/journal/2007/11/13/nativismo-nacionalismo/

5. Este autor ha expresado tales ideas en varios escritos, pero donde las presenta de un modo explícito es en  El pez en el agua, Ed. Alfaguara, 1993. 

* Este artículo se publica bajo el Convenio Fundación San Marcos para el Desarrollo de la Ciencia y la Cultura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y el Japanese American National Museum, Proyecto Discover Nikkei,  2009- 2010.

© 2009 Giovanni Bonfiglio

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