Ser Nikkei en el Peru: Una marca de identidad - Artistas Nikkei de Perú: ¿Movimiento cultural o coincidencia étnica?
Artistas Nikkei de Perú: ¿Movimiento cultural o coincidencia étnica? Una vez Tilsa Tsuchiya, la artista plástica más importante de Perú, afirmó: “Si uno observa el arte precolombino, el chino, el japonés, verá que en el fondo son la misma cosa. ¡Pero si el Perú es oriental!”. La verdad es que Tilsa, descendiente de un inmigrante japonés y de una mestiza china andina, representa el emblema de la multiculturalidad del país y es la punta del iceberg de más de treinta artistas que se identifican así mismos como Nikkei. En el Perú, la comunidad japonesa es la que cuenta con la mayor cantidad de artistas. La característica que los une es la conciencia de una herencia cultural japonesa y peruana. ¿Por qué hay tantos artistas Nikkei?, ¿buscan con esta forma de expresión alcanzar la integración cultural con el Perú? Aquí trataremos de respondernos a través de la revisión de algunos de sus exponentes. Tilsa Tsuchiya Castillo (Supe, 1929-1984) Su padre, Yoshigoro Tsuchiya, inmigró al Perú en 1910 y se estableció al norte de Lima para dedicarse como médico a ayudar a sus compatriotas japoneses. Allí conoció a la que sería madre de Tilsa, María Luisa Castillo, cuyo padre era chino y su madre andina. Al mudarse la familia al Barrio Chino de Lima, ubicado en el Mercado Central, Tilsa crecería entre comerciantes, templos, dragones y sociedades chinas. También permanecerían muy cerca de la comunidad japonesa. Tilsa tomó conciencia de su identidad peruana al ingresar a la escuela y afianzó esta identidad en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Más tarde, en los años 60, viajaría a Europa donde conseguiría sobrevivir pintando disfrazada de vietnamita. Regresó al Perú con un hijo y un enorme talento para plasmar toda la simbología que habitaba en su interior. Es de resaltar que la mayoría de sus obras contienen elementos andinos como peces antidiluvianos, apus (montañas-dioses) o mitos locales (el mito de la laguna), y el empleo de colores muy vivos y la técnica de las veladuras refieren, quizás, una influencia de su cosmogonía asiática. Murió a la edad de 55 años víctima de un cáncer. Hoy sus obras son muy apreciadas y es considerada la más importante pintora del país. Como él, muchos artistas mantienen esta cercanía. Erika Nakasone Chinen afirma que cuando pinta le salen colores japoneses. Lo suyo es una búsqueda de la identidad Nikkei peruana y su mayor deseo es transmitir o despertar esa identidad a los demás Nikkei. Ella está convencida de que lo japonés se lleva dentro pero hay que saber reconocerlo. Sandra Gamarra Heshiki (1972) se considera heredera de las tradiciones de los inmigrantes; desde niña rezaba ante el butsudan (altar budista) para hablar con su amado ojiichan (abuelo) hasta el punto de creer que ese mueble era él3. En el 2000 realizó junto al Nikkei Iván Esquivel Naito la instalación “Kitchen”, inspirada en la homónima novela de Banana Yoshimoto. El escultor Aldo Shiroma (1975), por su parte, en el 2006 mostró una conmovedora exposición en homenaje póstumo a su padre Nisei que era médico. Haroldo Higa (1969) es otro artista que se formó en tierras japonesas, específicamente en Okinawa. También hay artistas que viven intensamente su identidad Nikkei, pero la entrelazan con otras prioridades en su vida. El caso más significativo es el de Jorge Miyagi (1978), quien está muy comprometido con la defensa de los derechos humanos en el Perú y a través de su arte expresa las demandas de los sectores marginados por el actual sistema económico. Es tan audaz en su discurso político que una vez fue censurado por la colonia japonesa por criticar y disentir con el ex presidente Nikkei Alberto Fujmori4. Otro pintor excéntrico y marginal es Jaime Higa (1959) quien materializa, sobre todo, su opción sexual en sus cuadros valiéndose muchas veces de simbologías subterráneas y hardcore. Finalmente Venancio Shinki (1932), considerado como uno de los mejores pintores en este momento, se mantiene silencioso sobre la identidad Nikkei pero muestra su solidaridad y apego a la comunidad peruano japonesa cada vez que se le requiere. Cantidad y calidad El pintor Eduardo Tokeshi (1960) se preguntó una vez porqué habían tantos pintores con antepasados japoneses y respondió con su propia experiencia: “Casi el cuarenta por ciento de mi vida me la pasé tratando de averiguar qué cosa hablaban mis padres, porque ellos hablaban japonés y yo no. Y he concluido que, como yo no les entendía gran parte de sus temores y de sus amores, optamos por un lenguaje universal, acceder a la comunicación por medio de la imagen y del trabajo manual”5. El hecho de que haya tantos Nikkei en las artes plásticas es sumamente agradable, pero sigue siendo muy curioso. A los nombres mencionados debemos agregar a Oswaldo Higuchi, Arturo Kubota, Kareen Nishimura, Jorge Oka, Cecilia Adaniya, Angu Shimura, Katty Kanashiro, y muchos más. ¿Por qué eligieron esta forma de expresión y no la literatura, la música, la danza u otras formas creativas? Es cierto que la cultura japonesa es, entre otras características, intensamente contemplativa y visual. Dos requisitos indispensables para ingresar a las artes plásticas. Pero a esto me atrevería a agregar la idea de que a nuestros artistas plásticos les sucede lo mismo que vivieron sus antepasados inmigrantes: el dominio del idioma, la palabra escrita y hablada, les resulta un escollo y una valla para construir un lenguaje que llegue a expresar su mundo interior. Es decir, deciden por el lenguaje de las imágenes para sus búsquedas personales en las cuales incluyo –basándome en los diálogos que he mantenido con ellos y ellas- el anhelo de inserción social y la integración con la cultura peruana. Antes que con una respuesta prefiero terminar con las sabias palabras que el poeta Javier Sologuren, ferviente admirador y traductor de la literatura japonesa, estampó en el catálogo de la exposición “Arte es integración” : “Algo congrega a numerosos artistas bajo la consigna –no secreta ni marginadora- de presentarlos como partícipes de un esfuerzo común en pos de alcanzar o afianzar sus personales percepciones de los valores plásticos, así como, a la vez, de perfilar el rostro de nuestra identidad nacional. De ahí el lema que la distingue (“Arte es integración”) adquiere un carácter testimonial de evidente trascendencia... No se busquen parecidos externos ni rasgos figurativos y temas comunes, pues no es en tales aspectos en los que se hallan vivas y llenas de futuro ambas herencias.”
Doris Moromisato es Escritora, Gestora cultural, Investigadora especializada en genero y Embajadora de Buena Voluntad de Okinawa. Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es poeta, narradora, ensayista e investigadora de la cultura de mjueres, así como de la presencia japonesa en el Perú. Esta columna tiene "RSS" que le permite suscribir a la columna y sincronizar automaticamente el más nuevo articulo. Si quiere subscribir a esta columna en Discover Nikkei, haga "click" en el tópico (Ser Nikkei en el Perú: Una marca de identidad) y haga "click" en el icono naranja "XML." Para aprender más sobre "RSS", ve el anuncio en el foro de la comunidad.
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