Ser Nikkei en el Perú: Una marca de identidad - Organización geográfica y económica de la comunidad Nikkei en Perú

Submitted by editor on Tue, 04/17/2007 - 18:31.

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Organización geográfica y económica de la comunidad Nikkei en Perú
Por Doris Moromisato

Las primeras presencias japonesas en Perú se dieron hace 400 años en Lima. Recién a partir de 1899 se requirió a los japoneses como trabajadores agrícolas y miles de ellos se adaptaron a los desiertos de la costa, superando el soroche o mal de altura de los andes y los inclementes climas de la selva. Pero la mayoría dejó las palas y rápidamente se infiltraron en las ciudades abriendo pequeños negocios, ofreciendo múltiples servicios con habilidad, esfuerzo y un implacable espíritu de supervivencia. Llegaron, incluso, a dominar el gremio de peluqueros en los años 20. Indaguemos cómo, cuándo y porqué se diseminaron en el mapa urbano y rural de este riquísimo territorio llamado Perú.

Antes de 1899

Los primeros japoneses que llegaron al Perú, en los inicios del siglo XVII, se establecieron en la naciente capital del Virreinato de Lima, la cual fue dos veces coronada “La Ciudad de los Reyes”. Este nombre grandilocuente le caía a pelo, pues Lima en aquel entonces era fastuosa, opulenta y mostraba al mundo el alarde de riqueza que pretendía España; es decir, todo el oro y la plata que sus conquistadores saqueaban de las minas a través de la explotación de indios e indias a sangre y fuego. En ese clima de naciente abolengo y de aspiración aristocrática, se desenvolvían los veinte “indios japonex” o japoneses que registra el Censo de 1613. Nueve hombres y once mujeres, todos libres que prestaban servicios independientes. Las solteras eran acompañantes de las damas adineradas de Lima y los hombres trabajaban reparando, unos, cuellos de camisa y, otros, suelas de zapatos.

Antes de la gran migración de 1899, los japoneses hacían noticia en la Lima republicana. El diario El Comercio registró a tres japoneses que volaban cometas en la Plaza Bolívar, deleitando a los limeños, y el homicidio de una peruana en un céntrico hotel a manos de un joven japonés consumido por los celos. Al lado de estos sucesos estaba Oscar Heeren, un ciudadano alemán, afincado en Lima y gran admirador de la cultura japonesa, que construyó el primer jardín japonés en el recinto que aún hoy lleva su nombre y que fue considerado el lugar más chic de la ciudad: la Quinta Heeren. Para este proyecto de fines del siglo XIX, dos japoneses fueron sus principales colaboradores: el artista Tatsugoro Matsumoto y el millonario Seiguma Kitsutani. Asimismo, en 1890, diecisiete japoneses se frustraron de vivir en las alturas de Junín porque la mina de plata Carahuacra estaba vacía. Korekiyo Takahashi, de la Japan-Peru Mining Company, regresó vencido a Japón.

Del campo a la ciudad

Los 790 hombres que iniciaron en 1899 la masiva inmigración japonesa al Perú fueron conducidos a las zonas agrícolas. Lamentablemente no se adaptaron a las condiciones climáticas pues sufrieron de paludismo y terciana. Eso, y el maltrato que recibieron de los empleadores peruanos, hicieron que muchos fugaran y se produjera la migración a las ciudades. Durante las tres etapas (periodo de migración por contratos, 1899-1923; periodo de migración por llamadas o yobiyose, 1924-1936; y periodo de inmigración de familias directas, 1959 para adelante), la presencia japonesa se diseminó por toda la frondosa geografía del Perú.

La Dra. Mary Fukumoto nos ilustra ampliamente sobre el desarrollo económico de la comunidad japonesa en el Perú. Los siguientes datos pertenecen a sus investigaciones1. Hasta 1914, este era el cuadro de las principales ocupaciones de los japoneses en Perú:


Ocupaciones Hombres Mujeres TOTAL
Agricultura 2310 86 2396
Obrero industrial 478 27 505
Peluquería 409 26 435
Trabajador doméstico 348 2 350
Café-restaurante 160 25 185
Bodegas 133 21 154
Empleados por extranjeros 131 - 131

Según las cifras, más de la mitad se estableció en el área rural. Hubo inmigrantes que se dedicaban a la agricultura en su tierra natal y por ello no les afectó el establecerse en el campo, como a Ei Yoza. Ella tenía 19 años cuando llegó a Huacho a sembrar algodón y lo que más le sorprendió fue la fealdad de sus casas. “En Nihon pensaba que el extranjero era bonito, que todo sería bien cuidado y arreglado”, dice, narrando su desencanto y confesando que solo aprendió el castellano cuando se mudaron a la ciudad porque en la bodega, obligatoriamente, tenía que hablar con los peruanos.

Una vez en las ciudades los japoneses debían adaptarse a sus usos y costumbres. Como eran inmigrantes pobres sus negocios demandaban un mínimo de dinero y sus ocupaciones eran incipientes. Se dedicaban a las peluquerías, carbonerías, restaurantes, lavanderías, pastelerías, bodegas, verdulerías, lecherías, carpinterías, venta de golosinas o raspadillas (dulces de hielo), entre otros rubros más. Según la Dra. Fukumoto, hasta 1909 los japoneses en Lima se dedicaban a los siguientes rubros:


Ocupaciones Hombres Mujeres TOTAL
Empleados domésticos 100 2 102
Desempleados 100 - 100
Empleados de peluquerías 70 - 70
Raspadilleros 40 - 40
Dueños de peluquerías 36 2 38
Carpinteros 20 1 21
Ambulantes 20 - 20
Empleados de restaurantes 20 - 20
Vendedores de golosinas 16 - 16

Como vemos, entre dueños y empleados, la mayoría se dedicaba a las peluquerías. En 1907 se funda la Asociación de Peluqueros Japoneses, la primera organización comercial japonesa que se formó en Perú. Para 1924 los japoneses triplicaban a los peluqueros peruanos. En 1930 ya los japoneses mostraron un progreso económico, porque pasaron a ser dueños de bodegas, cafeterías, peluquerías, carpinterías, bazares, entre otros establecimientos más.

Organización geográfica actual

Hasta el censo de 1989, el 80% de la población Nikkei vivía en Lima. El resto estaba establecido en el vecino puerto de Callao, luego el departamento costero de La Libertad (Virú y antiguas haciendas), la selvática Madre de Dios (Iberia en Puerto Maldonado), Lambayeque, Junín (Huancayo, Jauja, Tarma, Chanchamayo, Satipo), Ancash (Pisco y Nazca), Piura (Paita y Sullana), y un gran número en las provincias de Lima (Huaral, Chancay, Supe, Barranca, Huacho, Paramonga, Supe, Mala y Cañete).

Lamentablemente, hasta la fecha no se ha realizado un censo que brinde una información más actualizada (y más integral que la de 1989) sobre la comunidad Nikkei en el Perú. Es muy importante tomar en cuenta que cualquier encuesta que se realice deberá tomar en cuenta a la población de trabajadores migrantes o dekasegi en Japón, pues este fenómeno económico ha quebrado el mapa de la población Nikkei en el Perú.

Hoy, numerosos contingentes de trabajadores y trabajadoras Nikkei se han instalado en prefecturas japonesas como Gunma, Saitama, Shizuoka, Kanagawa, Hiroshima y otras más. Ya han transcurrido casi veinte años del inicio de esta diáspora y, aunque dicen estar en Japón transitoriamente, lo cierto es que con sus costumbres, ritos religiosos, músicas y comidas, están “peruanizando” parcelas del Japón. Como antaño hicieran sus antepasados inmigrantes, ahora las familias Nikkei peruanas envían a sus hijos e hijas a las escuelas de idioma japonés, adquieren propiedades hipotecadas y fundan clubes deportivos con los nombres de sus lugares de origen en Perú (Huaral, Barranca, Huacho, etc.). Si vienen repitiendo la historia de sus antepasados inmigrantes, ¿sería una exageración pensar que se quedarán a vivir en Japón? Sin que esto se compruebe aún, ya debemos incorporar territorio japonés a la hora de formular un mapa geográfico y económico de la comunidad Nikkei peruana.



Notas
1. Fukumoto, Mary. Hacia un nuevo sol. Japoneses y sus descendientes en el Perú. Lima: Asociación Peruano Japonesa. 1997.



Doris Moromisato es Escritora, Gestora cultural, Investigadora especializada en genero y Embajadora de Buena Voluntad de Okinawa. Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es poeta, narradora, ensayista e investigadora de la cultura de mjueres, así como de la presencia japonesa en el Perú.

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