Ser Nikkei en el Peru: Una marca de identidad - Mujeres Nikkei: Guardianas de la comunidad peruano-japonesa
En 1992 la crisis matrimonial del, aquel entonces, Presidente de la República Alberto Fujimori y su esposa Susana Higuchi, sacó por primera vez a la luz pública la rígida jerarquía patriarcal de las familias nikkei y la situación en que viven sus mujeres. Ante la violenta irrupción de la nisei Susana Higuchi, denunciando maltratos físicos y psicológicos por parte de su marido y reclamando sus derechos como cualquier ciudadana peruana, todos los medios de comunicación lanzaron la pregunta: ¿dónde está el modelo de mujer japonesa, sumisa y obediente, que todos guardaban en la memoria? Definitivamente el estereotipo de mujer nikkei varió con el paso de las décadas hasta el punto de reclamar su legitimidad en la sociedad peruana. Higuchi arriesgó el estereotipo de mujer japonesa y se presentó como una peruana más para expresar su voz. Gesto que hasta el día de hoy es repudiado por la gran mayoría de hombres y mujeres de la comunidad nikkei estigmatizándola con palabras como 'desobediente', 'escandalosa', 'impaciente', 'traidora' y hasta 'loca'. Vocablos que cuentan de la conservadora noción de feminidad que aún sobrevive al interior de este grupo humano. Ya pasaron algunos años y la audacia de Higuchi nos hace seguir preguntándonos: ¿qué pasó con las mujeres nikkei a lo largo de cien años? Tratar de entender la experiencia de este sector femenino es indagar en la construcción de relaciones de poder y la distribución de roles en los espacios privados y públicos de la comunidad nikkei en el Perú. Tanto hombres como mujeres debieron convivir entre categorías de raza, sexo, clase, género. Desde el inicio de la presencia japonesa en Perú, sus mujeres tuvieron dos tareas fundamentales: organizar el mundo doméstico y preservar costumbres y valores para garantizar que la cultura japonesa no se diluyera en la sociedad peruana. Ellas, en el anonimato de la cotidianidad, eran las guardianas del mundo simbólico de la comunidad nikkei. Pero esta determinante y pesadísima tarea la debían realizar en situaciones injustas, como la carencia de autonomía y la falta de acceso a espacios públicos. Con todo, hábiles e inteligentes, ellas organizaron sus vidas y las de sus familias en el ambiguo y cómplice juego doméstico que les brindaba seguridad e insatisfacción a la vez. La verdad es que solo una mirada más íntima y cotidiana, simbólica y cultural, será capaz de dimensionar el verdadero papel que cumplieron las mujeres nikkei a lo largo de estos cien años. Es necesario, para entender este proceso, indagar en un siglo de construcciones simbólicas al interior de esta comunidad. Primeras japonesas en Perú Las mujeres japonesas ya habitaban el Perú en los primeros años del virreinato español. Según el historiador José Antonio del Busto, en el Padrón de Indios de Lima de 1613 se registraron nueve hombres y once mujeres llamados “indios japonex”. De ellas, cuatro se encontraban casadas con hombres de su misma raza. Las otras siete eran solteras. Entre ellas estaba Marta, quien fue madre de Francisco, quizás el primer nikkei del Perú; Antonia, que servía en la casa de un caballero, y finalmente Isabel y Magdalena que trabajaban y vivían en casa de una dama viuda. A todas se les impuso nombres castellanos, costumbre que perdura hasta el día de hoy. Pero la masiva presencia femenina se produjo recién el 29 de julio de 1903 con el segundo contingente de trabajadores japoneses y en donde arribaron 109 mujeres. Estas primeras mujeres llegaron en calidad de esposas. La Dra. Mary Fukumoto menciona en su libro que los administradores de las haciendas vieron que las parejas de casados eran más estables y trabajadoras, por eso se llegó a un acuerdo con las compañías de inmigración para permitir exclusivamente la llegada de hombres casados, ofreciéndoseles mejor pago en relación a los solteros1. Esta exaltación a la condición complementaria de las mujeres se evidencia aún más con los kekkon shashin o matrimonios por fotografías desde 1924 hasta 1941. Lo cierto es que, si en un primer momento llegaron en calidad de acompañantes, inmediatamente tuvieron que realizar dobles y triples jornadas como esposas, madres y trabajadoras, asumiendo las experiencias de cualquier inmigrante. En aquel entonces, ellas mostraban el estereotipo femenino inculcado durante siglos en su originaria cultura japonesa: obediencia, discreción, sumisión. Existe incluso material escrito que ilustra estas creencias y la manera en que se ejercitaba el sometimiento a estas mujeres como, por ejemplo, la inculcación de las tres famosas obediencias: al padre, al marido y a los hijos varones2. Con el paso del tiempo, las nociones de feminidad fueron variando a medida que iban integrándose a la cultura peruana. Issei, nisei, sansei: tres códigos distintos de feminidad Intrigada por este tema, realicé un estudio3 y constaté la modificación que fue sufriendo el concepto de feminidad o “ser mujer” de acuerdo a cada generación. Si bien esta noción es compartida entre issei, nisei o sansei con diferentes matices, las diferencias no residen en valores o creencias sino en proyectos de vida y en la postura que tienen frente a experiencias como la sexualidad, la maternidad, el trabajo y la relación con las organizaciones nikkei. Para las inmigrantes japonesas la feminidad reposaba sobre la idea de sumisión, sacrificio, fortaleza moral y una maternidad asociada a la idea de deber genético y cultural; la belleza femenina tenía que ver más con la limpieza y la buena salud antes que con un modelo de fragilidad. Sus hijas nisei, a su vez, debieron convivir con rígidos códigos japoneses y modelos católicos marianos (por la Virgen María: fortaleza, amor, superioridad moral y espíritu de sacrificio), la relaciones de pareja eran sexo-afectivas y tenían como finalidad la maternidad; a partir de esta generación se instaura el estereotipo de belleza femenina predominantemente occidental: frágil y blanca de origen nórdico. Ambas generaciones se caracterizaron por una falta de autonomía, represión sexual y poco o nulo acceso a escenarios de poder (instituciones nikkei), ya que simbólicamente el mundo público estaba y está asociado a territorio masculino. A partir de las sansei o descendientes de tercera generación, la idea de autonomía es fundamental y la profesionalización o la independencia económica es pieza fundamental en sus vidas; tienen en su haber un proyecto vital dirigido a la inserción en espacios no nikkei. Las sansei dan a la esfera pública (clubes, vida social interracial) un inmenso significado en sus vidas dentro de la búsqueda de integración con el Perú. Es este afán integrador el que, quizás, haga presentar en ellas un escaso o nulo interés por participar en las instituciones nikkei. ¿El poder es masculino? Con el propósito de demostrar la falta de acceso que sufren las mujeres en los instituciones nikkei, realicé un diagnóstico revisando las memorias de doce Asambleas Anuales de Representantes de la Asociación Peruano-Japonesa, realizadas entre 1986 a 19984. Al final concluí que a las mujeres jamás se les permitió planificar, menos aún decidir, ningún aspecto de la vida comunitaria, y casi siempre se les confinó a labores secundarias y de ejecución. Si algo de poder tenían en algunas actividades era en aquellas consideradas femeninas: danza, música, dibujos, pintura, escultura y arte japonés como ikebana y origami, así como en el tema de la salud. Solo una vez la Asociación Peruano Japonesa ha tenido como presidenta a una mujer5. Lógicamente, este desequilibrio político entre hombres y mujeres ha producido conflictos y resistencias al interior de la comunidad nikkei, desencadenando una cada vez mayor ausencia femenina. A su vez, la casi totalidad de las mujeres sansei se niegan a participar en instituciones de carácter femenino por considerarlas domésticas y genéricamente segregacionistas, así como contrarias a sus búsquedas de profesionalización e inserción en la sociedad peruana. A esto se suma la total ausencia de liderazgo femenino. Por otra parte, sus jóvenes generaciones están presentando una tendencia a la exogenación o salida de la comunidad étnica. Existe hoy un número considerable de matrimonios mixtos o con personas no nikkei. A pesar que los y las jóvenes nikkei establecidos laboralmente en Japón prefieren como pareja a personas de su mismo origen, todo hace presagiar que esta tendencia irá en aumento. Cuando se les pregunta a las mujeres nikkei el porqué no eligen un hombre nikkei, pues responden que prefieren un hombre más cercano a la extroversión y con mayor facilidad a las demostraciones de afecto. Es decir, quieren otra manera de “ser hombre”. ¿Por qué debe preocuparnos tanto, en las actuales generaciones, este cambio de estereotipo femenino cuya principal característica es el malestar y el desdén por lo que llaman nikkei? Si consideramos que las mujeres fueron –y son- las guardianas de una cultura que se forjó en cien años de presencia japonesa en Perú, entonces con su indiferencia la comunidad nikkei corre el triste riesgo de desaparecer. Ya está demostrado que ni las instituciones ni los líderes sustentan la comunidad nikkei, ese es un discurso y una manipulación surgidos de las ficciones y aspiraciones de algunas mentes patriarcales. La única plataforma que sustenta a este grupo humano es la sutil –quizás por ello más poderosa- cotidianidad que se respira en los espacios privados, llámese hogar, familia, etc., en donde se realizan desde los tradicionales ritos hasta los más minúsculos hábitos. Y ya sabemos que ese ámbito doméstico es el reino de las mujeres por excelencia. Notas. Doris Moromisato es Escritora, Gestora cultural, Investigadora especializada en genero y Embajadora de Buena Voluntad de Okinawa. Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es poeta, narradora, ensayista e investigadora de la cultura de mjueres, así como de la presencia japonesa en el Perú. Esta columna tiene "RSS" que le permite suscribir a la columna y sincronizar automaticamente el más nuevo articulo. Si quiere subscribir a esta columna en Discover Nikkei, haga "click" en el tópico (Ser Nikkei en el Perú: Una marca de identidad) y haga "click" en el icono naranja "XML." Para aprender más sobre "RSS", ve el anuncio en el foro de la comunidad.
Querida Mary: |
Estimada Doris:
Muchísimas gracias por este artículo. Como sansei peruana, mi identidad también se encuentra en constante formación y creación. Coincido contigo en la escasez de mujeres en el liderazgo dentro de las instituciones de la Colonia. Sin embargo, quería resaltar que las instituciones existentes hacen poco por integrar a aquellas mujeres sansei que, como yo, no tienen vínculos muy estrechos con la colonia nikkei con excepción de los amigos que han conocido en su trayectoria académica o profesional. No sé si es un tema de falta de proyección o de visión dentro de los liderazgos actuales o si lo que falta es una institución cuyos atributos sean atractivos a las nuevas necesidades de las nikkei peruanas (v.g. capacitación, formación profesional, mentoría o networking). Si bien me gustaría ser parte de la formación de una institución similar, me encuentro en estos momentos tan en la periferia de las actividades de la colonia que me falta una masa crítica para iniciar algo similar. Creo que entre mi generación existimos varias mujeres que podemos crear un potencial importante e interesante para un renacimiento de las instituciones nikkei.
Por otra parte, yo también pertenezco al grupo de matrimonios exógenos. En mi caso, más que una búsqueda de una identidad masculina distinta al común nikkei, fue un tema de compatibilidad que podía o no haberse dado con un nikkei. Dado que mi socialización completa ha sido casi externa al círculo de la Colonia, las probabilidades eran mayores de encontrar una pareja no nikkei que una nikkei.
En lo que sí concuerdo ampliamente con el artículo es en el choque generacional de las visiones de femineidad y las metas por lograr. Mientras yo lucho en estos momentos por terminar mi maestría en el exterior y recuperar la inversión en la misma, mi Obaachan anda preocupada por que yo tenga descendencia (¡!), la cual, dada mi situación de estudiante en el extranjero, no podría ni siquiera solventar en un mediano plazo.
Mil gracias por el espacio de respuesta,
Mary Kobayashi
Toronto, Canadá