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El papel del origami en el Perú

La cultura japonesa está presente en el Perú de forma evidente e inconfundible, sobre todo cuando es exhibida en formatos con toda la iconografía japonesa o cuando está a cargo de la comunidad nikkei y de sus espacios de difusión cultural. Por eso, el origami es una ‘rara avis’, una práctica manual y artística que se ha hecho un lugar diferente y que sigue mutando para llegar a nuevos públicos.

Pero empecemos por una cuestión fundamental: ¿el arte del doblado de papel, el origami, surgió en Japón?

La historia dice que en realidad es originario de China, donde tenía un fin más práctico que artístico, pero que fue en Japón donde adquirió el estatus de manualidad creativa. Marta Silva de Tagata es una colombiana estudiosa del origami, que difunde a través de la Asociación Educativa Origami Perú. Ella cuenta que este arte se extendió en España, donde se le llama papiroflexia, el plegado de papel para formas figuras.

La Asociación Educativa Origami Perú es una de las impulsoras del origami. Crédito: Asociación Educativa Origami Perú.

“En China se usaba el plegado de papel para envolver productos, no para hacer figuras. Es con la invención de la imprenta que este arte se puede extender”, dice Marta.

Aunque en Japón hay indicios muy antiguos, fue su uso ceremonial religioso, como una ofrenda o en bodas sintoístas, por lo que se popularizó, extendiéndose por el mundo en los tiempos de la migración japonesa, gracias al uso de un material accesible: el papel. El padre del origami moderno, Akira Yoshizawa, estableció una serie de procedimientos en los años cincuenta que hasta hoy se practican y enseñan.

“Se establecieron algunos principios y términos para su enseñanza”, dice Marta, quien cuenta que en un inicio el origami se hacía solo con una hoja de papel cuadrado que solo se debía doblar. Posteriormente, apareció el kirigami, en el que este se corta, el uso de pegamento para crear otras formas y decoraciones adicionales (pintado, elementos de otro material, etcétera) que le han dado nuevos aires artísticos.

Perú de origami

En el Perú no hay una fecha convenida para hablar de la aparición del origami, pero se sabe que muchos japoneses migrantes lo practicaban en su entorno familiar, como el padre del poeta José Watanabe, el pintor Harumi Watanabe, y cuera era niño, el pintor Venancio Shinki se entretenía con esta manualidad. Más recientemente, el arte del doblado de papel invadió las creaciones del artista Carlos Runcie Tanaka, que hacía cangrejos de origami en sus instalaciones.

Por otro lado, el ingreso de libros para aprender origami y el valor pedagógico que se le ha atribuido desde que el alemánFriedrich Fröbel, creador del jardín de infantes, el llamado kindergarten, lo incorporara como técnica de enseñanza, ha influido para que colegios, centros culturales y otros espacios educativos le den uso. El Centro Cultural Peruano Japonés debe ser uno de los primeros en incluir un curso especial de origami.

Angélica Molina es una de las profesoras con más años enseñando origami en el Perú. Crédito: Javier García Wong Kit

El profesor de Bellas Artes Narciso Ezequiel Sánchez se encargó de dictarlo en 1972 y luego le siguió su esposa, Angélica Molina, quien lleva más de cuarenta años encargada de este curso para el que siempre lleva figuras nuevas cada semana. “Fui aprendiendo paso a paso, y ya luego pude hacer mis propias creaciones, como mi esposo. Hacemos origami básico y sunny origami, que se hace con papel circular”, explica Angélica.

Para ella, una ventaja del origami es que aprendiendo los dobleces básicos, para lo que ella se apoya en unas láminas muy didácticas, uno puede continuar practicando por su propia cuenta y aprendiendo nuevos diseños utilizando videos de internet. “Yo solo me encargo de darles el primer impulso”, dice la profesora cuyo hijo, el publicista Ezequiel Sánchez Molina, también hace origami y los utiliza en sus trabajos profesionales.


Nuevas formas

Existen diversas asociaciones que se han formado para compartir el arte del origami en el Perú, en Lima, Arequipa, Chiclayo, Puno y Cusco, principalmente, y lo interesante es que permite incorporar a distintos públicos. Marta Silva cuenta que, además de los niños y jóvenes, muchos adultos mayores se interesan por esta manualidad, realizando trabajos para obsequiar a sus hijos o nietos, a los que le dan un valor emocional. “Hacer algo artístico contribuye con su autoestima”, señala.

La Asociación Peruana de Origami, Origami Cusco (que realizó una convención con invitados internacionales como Beth Johnson, Isa Klein y Sergio Guarachi, entre otros) y Tinkuy Origami son parte de este movimiento que se comparte en talleres como los de la Escuela de Arte Libre y grupos virtuales como el “Papel del papel”, donde también practican el reciclaje; proyectos en los que participa Bryan Meza, quien los replica en diversas instituciones educativas, reforzando las habilidades psicomotrices de niños, jóvenes y adultos.

Paz Flores creó la marca Paz&Papel que diseña accesorios hechos en origami. Crédito: Paz&Papel

Otros, han llevado el origami por caminos emprendedores, como la argentina Paz Flores, quien vive en Lima pero que creó la marca “Paz & Papel” cuando estaba en Buenos Aires. “Nos reuníamos con un grupo de amigos a realizar origami, yo aprendí desde pequeña y nunca perdí el amor por transformar el papel. Trabajé en una agencia de viajes y en mi escritorio tenía mi mini colección de figuras. Quería que mi vida cambiara de rumbo, dedicarme a algo que me apasionara, fuera un desafío”, cuenta.

Así fusionó el origami con los accesorios de joyería. Primero fueron unas grullas que son bañadas un barniz para que no les afecte el agua, con las que llegaron a Ecuador y Perú, y luego llegaron otras piezas, empaques y decoraciones. En Lima, pusieron un puesto ambulatorio con sus aretes y así conocieron a muchas personas interesadas en su trabajo, incluso joyeros que les ofrecieron ayuda. “Siempre me fascinó cómo de un cuadrado de papel a través de un par de pliegues consigues hacer un pájaro, un barco, un elefante o un dragón”.

El arte del pliegue

Gonzalo Benavente es un artista que incorpora el plegado de papel en sus obras. Crédito: Gonzalo Benavente.

Hay quienes han hecho del origami una obra de arte. Gonzalo Benavente estudió en la Escuela de Bellas Artes y cuando era pequeño un amigo de la familia le llevó un robot de papel que, al doblarlo, se convertía en una nave espacial. “Me pareció alucinante que de algo tan básico como el papel se puedan generar ese tipo de mecanismos y sobre todo poder jugar con él”. Su padre era arquitecto y su taller fue el primer lugar de experiencias con el origami.

“Yo ingresé a Bellas Artes con una propuesta artística que terminaba en personajes hechos en origami. En el proceso fue madurando, mezclándose con otras artes que a la larga siguieron este rumbo, pero de una forma donde el pliegue ya no es tan notorio, pero sigue siendo la base esencial de todo mi proyecto de investigación”, añade. Como escultor, el origami es un medio para explicar el concepto del volumen, y hoy gran parte de su trabajo se enfoca en la creación y el estudio del pliegue como propuesta artística.

De ahí nace “Proyecto Huaco”, su última propuesta, que parte del uso del papel y el pliegue con el propósito de promover el patrimonio de los museos. “He realizado varios talleres promoviendo el origami en distintas instituciones como material didáctico y en 2008 hice una exposición individual en la Asociación Peruano Japonesa con alrededor de 50 plegados, y he sido invitado a participar el año pasado en la convención de origami Cusco, así como de jurado en la organización Tinkuy”.

Los nikkei y el origami

Muchos nikkei cuentan que el origami entró a casa desde pequeños. Megumi Nagayoshi dice que, desde que tiene uso de razón, siempre han existido libros de origami en casa. “Era parte de nuestra vida que un día tomaras el libro y empezaras a realizar una figura. En mi familia somos tres hermanas y soy la menor, era la que más les costaba realizar una figura, a veces me quedaba a medio camino. Después en mi colegio también había un curso de origami”.

Ella entró a trabajar como profesora de origami en el Centro Cultural Peruano Japonés a los 17 años y lleva ocho años dedicada a este oficio que ha unido con el teatro. “En el 2017 trabajé en un show de origami, que era contar una historia mientras hacía origami en vivo. Me presenté en la feria del libro de Ricardo Palma y en una librería. El 2018 participé como artista de origami en una obra de improvisación llamada “Zodiaco Soundpainting”, en la que hacía origami en vivo”. Ese año también lanzó su marca propia, Origumi, a través de la cual vende algunos de sus trabajos.

El 2018 fue un año muy futbolístico en Perú, ya que el campeonato mundial significó el retorno de la selección nacional a esta competencia tras 36 años. Para el artista Diego Teruya fue una ocasión perfecta para vincular su pasión por el fútbol y el origami en el proyecto Footb.Art, para el cual ha hecho camisetas de todas las selecciones, y de varios equipos del mundo, en origami. “Soy coleccionista y muy apasionado por el fútbol, así nació la idea de unir ambas”.

Diego Teruya ideó el proyecto Footb.Art para compartir sus camisetas de origami. Crédito: Diego Teruya

En un principio, pensó hacer las camisetas con las cajetillas de los cigarros, como antes se acostumbraba a hacer, pero luego optó por el origami. “Es un arte que desde chicos practicamos aunque no nos demos cuenta. Desde el niño que hace un avión de papel en el colegio hasta los más expertos que son capaces de construir maquetas de ciudades y paisajes solo con papel”, dice Diego, quien vivió de niño en Japón, donde se maravilló por los animes, juguetes y el merchandising que producen. “Sin duda, fue un gran impacto para un niño al que siempre le interesó el arte”, cuenta.

Cultura de papel

Crédito: Javier García Wong Kit

Sean nikkei o no, muchos cultores del origami sienten que a través de este arte se han podido acercar más a la cultura japonesa. “Al principio no era muy consciente de ello, pero a medida de que me dedicaba más a este proyecto, me daba cuenta de que su origen estaba en todo lo que había vivido desde muy pequeño. Creo que mi identidad nikkei la plasmo de alguna u otra manera en todos los proyectos que realizo, ya sea a través de las ilustraciones, diseños o fotografía”, dice Diego Teruya.

Para Megumi Nagayoshi le ha ayudado a “tener más interés en mis orígenes. Es decir, en conocer más del origami y poco a poco investigar más de la historia, mi pasado y el de los inmigrantes que vinieron a Perú. Siento que el origami me ayuda a difundir parte de la cultura japonesa a quienes me rodean y también me ayuda a investigar y querer crear nuevas cosas con la cultura peruana”, añade.

“La cultura japonesa se basa en la disciplina, la armonía, y la paciencia, eso es lo que hemos encontrado con el origami. Gracias a este arte hemos conocido el mensaje de paz detrás de las grullas o tsurus, la flor del cerezo o sakura, los peces koi y su leyenda, entre otros”, dice Paz Flores. “En el Perú hay interés por el desarrollo del origami pero solo por pequeños grupos que impulsan este arte en ferias y exposiciones, es difícil que no sea apreciado, pero aún no se integra en toda su versatilidad en la sociedad”, añade Gonzalo Benavente.

 

© 2019 Javier García Wong-Kit

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