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Museo de la Inmigración Japonesa al Perú: la importancia de la historia

El inmigrante okinawense Sentei Yaki introdujo el tanomoshi en el Perú. Ayudó a muchos japoneses que huían de los abusos en las haciendas ofreciéndoles refugio, velando por su salud y consiguiéndoles trabajo. Además, fue uno de los principales arquitectos de la institucionalidad nikkei. Lo deportaron a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, pero tras ser liberado pudo retonar al Perú.

Nikumatsu Okada arribó a costas peruanas en el primer barco que trasladó a inmigrantes japoneses al Perú en 1899. El hombre nacido en Hiroshima llegó como un humilde bracero, pero gracias a su espíritu emprendedor, su esfuerzo y su visión logró ser arrendatario de seis haciendas en el valle de Chancay, al norte de Lima, y convertirse en el hombre más poderoso de la zona. Okada también fue deportado a EE. UU., pero a diferencia de Yaki, no pudo volver al Perú y murió en Japón, adonde viajó tras el fin de la guerra.

Yaki y Okada son dos de los personajes destacados de la historia de la colectividad nikkei cuya vida y obra busca difundir el Museo de la Inmigración Japonesa al Perú “Carlos Chiyoteru Hiraoka” a través de una serie de exposiciones.

La serie iniciada con Sentei Yaki y Nikumatsu Okada se exhibe en la sala de exposiciones temporales. Contigua a ella, una sala permanente detalla la historia de la inmigración japonesa al Perú a través de textos, fotografías y objetos que pertenecieron a los issei, incluso desde antes de que llegara el primer barco, pues también explica el contexto histórico en el Perú y Japón que hizo posible la migración masiva.

Ejemplares de diarios publicados por la colonia japonesa antes de la Segunda Guerra Mundial. (Fotos: Museo de la Inmigración Japonesa al Perú)

El museo lleva 37 años difundiendo la historia de la inmigración japonesa al Perú. Se gestó como una obra conmemorativa por el 80 aniversario de la inmigración japonesa en 1979 y fue inaugurado en 1981.

El 2018 halla al museo en una etapa de cambios. Su director, Jorge Igei, revela que existen planes para remodelarlo, proceso que abarca desde renovar la información hasta modificar la distribución de los paneles. La última vez que el museo se remodeló fue en 2010.

El objetivo, explica, es facilitar el recorrido del visitante, que no se pierda, que el tránsito de un espacio a otro sea fluido, como quien intuitivamente sabe cuál es el siguiente paso que debe dar, sin necesidad de señales o indicaciones.

También se busca que la información llegue al visitante de la manera más concisa posible. La idea es que sea accesible para todos. El museo apunta a un público variopinto: nikkei interesados en profundizar en la historia de su comunidad así como estudiosos de diversas disciplinas, pero también gente sin ninguna relación con la inmigración japonesa o los nikkei.

Se prevé, asimismo, incorporar infografías y contenido multimedia para transmitir la información de un modo más eficaz. Para los visitantes que quieran más datos que los ofrecidos por los paneles, se colocarán monitores con información adicional y más detallada.

El museo recibe regularmente la visita de estudiantes de colegios de diferentes partes de Lima que no tienen relación con la colectividad nikkei, lo que muestra que el interés por la historia de la inmigración japonesa trasciende el ámbito de la comunidad. Incluso hay escuelas que repiten las visitas.

Estudiantes de diversas escuelas de Lima visitan con regularidad el museo. (Fotos: Museo de la Inmigración Japonesa al Perú)

El director del museo cuenta que a los visitantes sin lazos con la colectividad nikkei o su historia les llama la atención cómo los inmigrantes japoneses lograron echar raíces en el Perú, un país tan distinto del suyo, compenetrarse con la población y contribuir a su progreso.

También recibe, por ejemplo, a estadounidenses que descubren, con sorpresa, que 1.771 japoneses y sus descendientes peruanos fueron deportados a Estados Unidos durante la guerra.

O a japoneses que ignoraban que en el Perú hubo una comunidad japonesa que sufrió mucho durante la guerra. A ellos les resulta sorprendente enterarse de que en un país tan lejano de Japón y que no estuvo involucrado de manera directa en la Segunda Guerra Mundial, hubiera gente que pagó las consecuencias de un conflicto bélico ajeno.

Después de trabajar en el campo, muchos japoneses se establecieron en las ciudades abriendo pulperías, tiendas donde vendían productos de uso cotidiano. (Fotos: Museo de la Inmigración Japonesa al Perú)


PLANES DE EXPANSIÓN

La tecnología es un instrumento indispensable en la tarea de difundir la historia de la inmigración. Gracias al apoyo de JICA (Agencia de Cooperación Internacional de Japón), el museo cuenta con una base de datos digital de los inmigrantes japoneses (nombres, día de arribo al Perú, lugar de procedencia, etc.) al que cualquier persona puede entrar.

Esta base de datos ha sido y es una valiosa herramienta para los nikkei que desean conocer más detalles de la historia de sus ancestros (a los que en muchos casos no pudieron conocer). Al museo llegan todas las semanas descendientes de japoneses en busca de sus orígenes.

La digitalización de fotos y documentos es otro de los proyectos en los que está embarcado el museo. Una tarea que demanda tiempo y recursos, pero que avanza poco a poco para no limitar el mar de información al formato físico y permitir que personas de cualquier parte del mundo puedan sumergirse en él.

Documentos de los inmigrantes japoneses, quienes arribaron al Perú con sus pasaportes y sus contratos de trabajo. (Fotos: Museo de la Inmigración Japonesa al Perú)

El museo nació como un medio para transmitir la historia de los issei y aunque el propósito original se mantiene, su composición se ha modificado. Antaño, establecía paralelos a lo largo de la historia entre las culturas japonesa y peruana, en especial la precolombina, y destacaba las riquezas naturales y los destinos turísticos del Perú. Hoy, el museo está enfocado estrictamente en la historia de la inmigración japonesa.

Desde 2003 lleva el nombre de Carlos Chiyoteru Hiraoka, un inmigrante japonés que a partir de una pequeña tienda en una provincia peruana en la década de 1940 creó una de las empresas más reconocidas del Perú (dedicada a la venta de aparatos electrodomésticos). Fue alcalde de una ciudad peruana y uno de los principales dirigentes de la comunidad peruano japonesa.

En 2019 se conmemoran 120 años de la inmigración japonesa al Perú y el museo tiene previsto ser itinerante para salir de Lima y llevar la historia a provincias.


LA CONCORDIA GENERACIONAL

Silla de peluquero. Muchos inmigrantes japoneses abrieron peluquerías en Lima. (Fotos: Museo de la Inmigración Japonesa al Perú)

Jorge Igei resalta la importancia de difundir la historia de inmigrantes japoneses como Yaki y Okada, haciendo hincapié, eso sí, en que no necesariamente tienen que haber sido prominentes empresarios o dirigentes. Todo esfuerzo merece valorarse, desde el issei que con su modesta fonda crio y dio educación a sus hijos hasta el que creó un poderoso grupo empresarial.

“Cualquier japonés ha tenido una vida destacada. El esfuerzo de los japoneses ha sido como para sacarse el sombrero. La mayoría ha tenido la actitud de progresar, de salir adelante, de no dejarse abrumar por todo el sentimiento antinipón que pudo haber habido en un momento”, afirma.

Una particularidad que subraya de la colectividad nikkei, posiblemente su característica más notoria, es lo que denomina la “concordia generacional”. A diferencia de otros países donde hubo inmigración japonesa masiva durante la posguerra, en el Perú se detuvo durante la guerra. Esto ha hecho posible que “generacionalmente la colectividad nikkei sea homogénea”. Un issei es mayor que un nisei, un nisei es mayor que un sansei y así sucesivamente. En otros países un nisei puede ser mayor que un issei, lo que podría originar disputas intergeneracionales.

Matrimonio por fotografía. Objetos alusivos a la costumbre de casar a los japoneses que estaban en el Perú con mujeres en Japón sin conocerse personalmente, solo a través de cartas o fotos. (Fotos: Museo de la Inmigración Japonesa al Perú)

La concordia generacional permitió, por ejemplo, que en la década de 1980 hubiera una transición pacífica en el traspaso del poder de los issei a los nisei, dice. Las sesiones en la entonces Sociedad Central Japonesa (hoy Asociación Peruano Japonesa, la institución rectora de la colectividad nikkei) pasaron de realizarse en idioma japonés a español. 

El hecho de que la migración masiva se haya detenido durante la guerra significa que todos los issei que viajaron al Perú llegaron procedentes del Japón de la preguerra, un país muy distinto del Japón de la posguerra. Por eso, la colectividad nikkei, aun hoy, mantiene costumbres e incluso palabras que en el Japón actual ya no tienen cabida, otra característica particular de los nikkei peruanos, señala el director del museo.

Otro rasgo a resaltar, prosigue, es que los duros tiempos de la guerra (ningún otro país latinoamericano permitió que deportaran a tantos japoneses y nikkei a EE. UU. como el Perú) fortalecieron la unidad de la comunidad.

Jorge Igei forma parte del museo desde hace cinco años y cuenta que ha sido un periodo de aprendizaje y mucho esfuerzo. “Es una tarea absorbente, que me ha permitido conocer mucho. Para mí ha sido una gran satisacción estar a cargo del museo. Si bien no tengo conocimientos museísticos, he podido dar mi granito de arena para que esto pueda caminar”, dice. Su aporte y su aprendizaje continúan. “El conocimiento no tiene límites”, concluye.

 

© 2018 Enrique Higa Sakuda

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