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Cultura japonesa en viñetas

Ganadores del concurso de manga 2017: Miguel Mestanza; Rosa Fernández y Elliot H. Jhones.
Crédito: Javier García Wong Kit

El culto del cómic japonés, o manga, en el Perú se ha extendido tanto en los últimos años que bien podríamos estar ante el segundo elemento de identidad japonesa que se difunde en este país después de la gastronomía. Aunque la mayoría de sus cultores no son de ascendencia japonesa, a través de grupos como Keijiban Kurabu, organización conformada por profesores y alumnos de idioma japonés que difunde la cultura de este país, se está creando una legión de mangakas, otakus y estudiosos de las historietas.

Ellos han organizado el Concurso de Manga Oitsuke! Oikose!, que este año tendrá su cuarta edición, y que ha publicado a los ganadores del 2017, gracias al sello editorial Paracaídas. Durante el Natsumatsuri de este verano se realizó la presentación de las tres historias ganadoras (creadas por Miguel Mestanza; Rosa Fernández y Elliot H. Jhones), con el objetivo de contribuir a la difusión del manga en el Perú e incentivar su práctica como medio de expresión artística.

Afiche del cuarto concurso de manga y portada del libro que reúne a los ganadores de la edición anterior. Crédito: Club del Manga

Este año, además, Keijiban Kurabu organizará en junio el Primer Salón del Manga de Lima, en el Centro Cultural Peruano Japonés, que reunirá a historietistas, guionistas e ilustradores, noveles y profesionales, que difundirán la cultura japonesa a través de esta forma de expresión que se ha extendido en el Perú desde los años ochenta, a través de los dibujos animados que se emitían por televisión, y que cobró mayor relevancia en las décadas siguientes a través de sus cultores.


Japón animado

Tiendas, revistas, círculos de aficionados y un sinfín de actividades muestran el valor que tiene la historieta japonesa en el Perú, desde los años en que se creó la revista Sugoi en los noventa, hasta los últimos tiempos en que ha habido una explosión de dibujantes amateur con mucho potencial. Miguel Mestanza, ganador del último concurso con la historieta “Blanca”, cuenta que el manga es tan amplio que puede encontrarse de todo, en especial el folclore japonés.

“Periodos históricos, las costumbres y modos de vida de Japón, además de retratar su modo de ver el mundo, la visión oriental, está en estas historietas”, explica el diseñador gráfico, quien está compilando sus historias “one shot” (autoconclusivas) en las que se asoma la realidad peruana a través de sus escenarios. Para Rosa Fernández, a través de estas historietas ha conocido aspectos peculiares de la cultura japonesa como el rol de la mujer y la idealización del amor.

“Creo que para muchos el manga conecta con otro tipo de personas”, añade Elliot, en referencia a los tímidos, o a personas que descubren situaciones distintas a las que se pueden encontrar en los cómics americanos. “Su estilo impacta”, añade sin dejar de mencionar otro aspecto resaltante: la versatilidad de sus historias. En el Primer Salón del Manga de Lima habrá distintas mesas por categorías para sus cerca de cuarenta expositores en ilustración, historieta original, BL (Boys Love), entre otras.


Universo infinito

Si las historietas han demostrado algo, a partir de sus héroes y sagas, es que pueden ser infinitas, a pesar del cambio generacional. Algunos mangakas peruanos compartieron sus recuerdos de su vínculo con esta forma cultural que continúa atrayendo la atención de los jóvenes por la cultura japonesa. “Sailor Moon era mi serie favorita, su influencia en mi vida fue tal que todavía reconozco cómo afectó mi forma de vestir, de pensar y mi forma de dibujar y armar narrativas”, dice Antonella Morelli, quien fruto de esta afición empezó a estudiar japonés.

Para Natalia Barrenechea, el manga ha sido vital para formar sus gustos artísticos, “y también para aprender sobre ciertas normas de conducta que a veces son ignoradas en nuestra sociedad”. Sus ilustraciones están muy influenciadas por los “oni”, demonios u ogros japoneses. A Luis Quispe, quien dibuja historietas desde que estaba en el colegio, le parece fascinante ver dibujos de chicos muy talentosos y proyectos como el de Paulo Rivas, de la editorial Perro Muerto, que publica manga desde hace casi 20 años.

Por suerte, en tiempos de internet y redes sociales, sus propuestas están disponibles en línea, replicándose en souvenirs, vestuario y juguetes, entre otros. Es el caso de Julia Rodríguez, de Natalia Barrenechea, de Paulo Rivas y de muchos más que empiezan a abrirse paso, como Ana Molina, quien, después de haber estado estudiando en China, este año viajará a Japón, para asistir a un seminario de animación y manga en la Universidad de Kyoto Seika.

Mangakas peruanos Ana Molina, Natalia Barrenechea y Luis Quispe (de derecha a izquierda). Crédito: Javier García Wong Kit


Romper barreras

Un aspecto resaltante del manga en la concepción de la sociedad japonesa y la cultura nikkei es que está ayudando a derribar prejuicios. A Ana Molina, por ejemplo, le gustó encontrar en estas historietas temas como la salud mental y paradojas de la sociedad japonesa sobre la sexualidad. “En mi opinión los trabajos más interesantes son los que van más allá de los clichés, barreras de género, étnicas y culturales”, añade.

Eso mismo se intentará reflejar en el Salón del Manga, en el círculo de Boys Love. “Es importante que no la censuremos y analicemos qué queremos decir y a qué estamos contribuyendo”, dicen los organizadores sobre estas historias que exploran el romance entre hombres representados por mujeres, desafiando el tema de género y su rol en la sociedad. “El cómic, en general, siempre ha sido dirigido al público masculino. Los personajes femeninos son secundarios o decorativos”, añade Julia Rodríguez.

Para Akimitsu Ito, creador de StartComix, el reto en el Perú es hacer cómics de calidad y apuntar a convertirlo en una industria. Por ello, ha creado un taller para perfeccionar el manga a partir del manejo del estilo narrativo y la calidad del dibujo. Su experiencia viviendo en Japón le ha hecho ver que hay metodologías que pueden ayudar a formar generaciones de artistas dedicadas a este oficio. “Hay que entender que el manga no es un estilo gráfico, es el medio dentro del cual se pueden crear todo tipo de historias”.

En ese sentido, Ito resalta tres aspectos que diferencian notoriamente a la historieta japonesa de la americana: el uso del blanco y negro en lugar del color, lo que permite apreciar más las texturas del dibujo; un mayor repertorio de onomatopeyas que están acompañando las acciones a la manera de ruido ambiental; y la búsqueda de la empatía a través de personajes más emotivos. “Tienen más conflicto y mundo interior. El manga se centra más en las emociones que en las acciones”.

Curso de historieta organizado por Akimitsu Ito (izquierda) y portada de una de las historietas producidas en StartComix (derecha). Crédito: StartComix.


Futuro gráfico

Es difícil predecir en qué se puede convertir esta afición por una parte de la cultura japonesa que abre las puertas a muchos aspectos históricos y tradicionales. Música, disfraces, videojuegos y dibujo son parte del paquete animado del manga, donde lo nikkei no queda de lado, al contribuir a crear un lazo de identidad más fuerte con su origen a partir del orgullo que produce su gran influencia entre los jóvenes.

En Argentina existe la Escuela Argentina de Historieta (EAH), que ofrece cursos regulares sobre manga. En Chile, este año se inauguró la primera “Sala Cultural y de Estudios de Manga”, en el Jardín Botánico Nacional de Viña del Mar. En Lima, el Club del Manga del Keijiban Kurabu busca capacitar y difundir a los mangakas peruanos, mientras que el Gremio de Historietistas del Perú trabaja en formalizar un marco legal para su reconocimiento y fomento.

Si en algo coincide el público, que llega cada vez en mayor volumen a los eventos que organizan, a la biblioteca Elena Kohatsu, de la Asociación Peruano Japonesa, que tiene una buena colección de historietas japonesas (en idioma original) y a los eventos nikkei donde se ofrecen los mangas es que este medio tiene un enorme potencial para contar la peruanidad, retratar la identidad nikkei y la fusión cultural que está produciendo estas historias en viñetas.

 

© 2018 Javier García Wong-Kit

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