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OSHOGATSU a la moda brasileña

El oshogatsu (Año Nuevo) es la conmemoración más importante del calendario japonés. Incluso en Brasil, de cultura eminentemente cristiana, la fecha se celebra, no con la misma intensidad e importancia de la Fiesta de Navidad, pero siempre de forma respetuosa y festiva por la comunidad nikkei.

Percibo que en las familias nikkeis radicadas en Brasil la fecha se conmemora de diferentes formas, pero en función de la mayor o menor asimilación de la cultura niponadentro de aquel grupo social y de la presencia física del ojiichan y obaachan que termina teniendo una influencia muy grande en los hábitos y costumbres de la familia.

Haciendo un ejercicio de memoria, como un flashback de mi vida que ya va lejos, con mucho terreno andado, me acuerdo muy poco de conmemoraciones que podrían considerarse sobresalientes del oshogatsu durante mi infancia, cuando aún vivía en Tupã, en el interior de SP. Sinceramente, ningún recuerdo destacadode esa época surge a la superficiey encaro ese hecho con cierta melancolía. Sobre ello, incluso le pregunté a mi madre, que, gracias a Dios, con sus casi 97 años, aún nos brinda el privilegio de su presencia, y respondió, con un aire de lamento y resignación, que, realmente, nunca fue posible conmemorar esos momentos como les hubiera gustado, porque ellos (mis padres y abuelos) sólo tenían tiempo para el trabajo, 362 días al año, al frente de un pequeño comercio (bar y heladería), donde no había ociopara nada, ni podían enfermarse. Se trabajaba de lunes a domingo, con sol o lluvia, incluso los feriados y otros días santos. Sólo se permitía descansar los 3 primeros días del año – exactamente el oshogatsu – único momento en el cual el establecimiento permanecía cerrado. Y ella prosigue reforzando su comentario acerca de que “esos 3 días no significaban fiestas. Servían simplemente para descansar”, como si fuera posible reparar todo el cansancio acumulado en el año en tan sólo 3 días. Mamá afirmó también que el máximo de lujo del que ellos podían disponer en esos días era saborear el ozouni (sopa a base de mochi), un pollo asado, carne de cerdo y sushi o inarizushi, todos preparados por la obaachan con ayuda de mamá.  Una observación pungente que me tocó mucho fue cuando ella reveló que sólo se sentía realizada en aquel momento cuando, en los poquísimos y raros momentos de ocio, ella aún lograba coser alguna ropa nueva para mí y mis hermanos, cuyas edades variaban entre los 11 y los 2 años. Éramos cinco. ¡Era el regalo de ella de Año Nuevo para nosotros!

Ella comentó que otra costumbre que normalmente formaba parte de las tradiciones del oshogatsu, que era la de visitar a los parientes y viceversa, para llevar los votos de Akemashite omedetou, no era posible en nuestra familia. Por la absoluta falta de tiempo a la que estaban sometidos y por la distancia física que los separaban de los parientes, obstáculoque hoy sería fácil de sortear, por la presencia del automóvil y de las modernas carreteras, acercando las ciudades aparentemente distantes en aquella época. 

Muchos años después, ya en San Pablo, aún soltero pero ya con la profesión definida y terminando la facultad, mis otros hermanos también siguiendo sus estudios y trabajando al mismo tiempo, pero ya viviendo en su casa propia, el ojiichan y papá ya casi jubilados, recuerdo que las conmemoraciones de Navidad pasaron a tener prioridad, quedando el oshogatsu limitado al ozouni con mochi asado y servido con shoyu y azúcar, preparados con esmero por mamá y servidos por la mañana. ¡Era una delicia, a todos les gustaba y les gusta hasta el día de hoy!

En el almuerzo, se servía algo más elaborado, sin faltar el pollo asado, un onishime (guiso de verduras) y el sushi y sekihan (arroz con frijoles negros azuki) A la tarde, después de un cafecito, un programa que comenzó a tornarse obligatorio todos los años, el primer día del año: mis padres y abuelos mirando la repetición del indefectible programa Kohaku Utagassen transmitido por la emisora japonesa NHK.

Con el fallecimiento de mis abuelos y más tarde, de mi padre, que nos dejó hace 12 años, lo poco que quedó de aquellas costumbres más tradicionales, o sea, la herencia cultural, se concentró en la señora Aiko, esa figura casi icónica de la familia que, con sus 96 años bien vividos y derrochando lucidez, todavía tiene la capacidad de aglutinar el grupo, con sus 5 hijos, nueras, nietos y bisnietas, principalmente en fechas especiales como el Día de la Madre, Día del Padre y en Navidad, donde ella exagera en los gochisou. En esos momentos, su incomparable dote de cocinera se hace presente, con sus comidas refinadas que causan la alegría de los huéspedes. ¿Quién habría de resistir a su pernil y costillas de cerdo, croqueta de bacalao, camarón empanado, lasaña con la pasta preparada por ella misma, sushi, sekihan, onishime?

Encantando a todos con su dote culinaria y su carisma, la señora Aiko logra la hazaña de reunir a toda la familia a su alrededor, retrato cada vez más raro en los tiempos actuales. Difícilmente hay algún "forfait"; la comparecenciaes total. Incluso las bisnietas están encantadas con la bisabuela. "Bisa, ¿me hacés bolinhos de chuva[postre tradicional brasileño que consiste en una masa suave, que se fríen en aceite hirviendo y se sirven espolvoreados con azúcar y canela]?" le pide insinuantementeCarol, la mayor de las bisnietas, de 8 años.

De la primera generación, venida de Japón, queda sólo la señora Aiko y con ella nuestros Oshogatsu están perdiendo cada vez más sus características originales, restringiéndose básicamente a las conmemoraciones en la víspera del Año Nuevo, en la noche del 31 de diciembre. Reunidos en la casa de uno u otro hijo o pariente, con la presencia de aquellos que permanecieron en la ciudad, festejamos el paso del año, en medio de una mesa abundante donde no faltan el pollo a la parrilla, el lomo de cerdo, la ensalada verde, entre otras delicias, y donde está siempre presente el indispensable soba (pastasde trigo sarraceno) para dar suerte, resquicio de las viejas costumbres. Como matriarca de la familia, en estos momentos, la señora Aiko va con mucho gusto turnándosede un lugar a otro, pasando la cena de Navidad en la casa de un hijo este año, el año siguiente es otro el que la invita y así sucesivamente va cumplimiento su papel, con la gracia de Dios.

Es digno de registrar aquí un hecho que viene ocurriendo en los últimos años en nuestro medio familiar, que considero auspicioso y alentador. Con la ausencia de los abuelos, de los padres y tíos y de los miembros mayores de la familia, viene surgiendo una concientización de la necesidad de hacer algo para que toda esa rica y maravillosa cultura que nos ha sido transmitida por los mayores se preserve, para que nuestros hijos y nietos puedan conocerla y puedan disfrutar de ella más tarde. Y, más aun, que los lazos familiares entre hermanos, primos, sobrinos se perpetúen, ante la tendencia de desmembramiento y distanciamiento que ocurre hoy en día con la generación más joven, aparentemente poco preocupada por la preservación de esos lazos y la cultura japonesa en sí.

En consecuencia, para reforzar las conmemoraciones del oshogatsu, los encuentros por el pasodel año se intensificaron, siempre en el sistema mochiyori, con la participación de tíos, primos, sobrinos, realizados en algún salón gentilmente cedido por algún miembro y donde los participantes pasan un día agradable, alegre, con abundante comida, abrillantada por la realización de bingos y karaokes. El reencuentro de parientes que no se veían hace tiempo termina estrechandode alguna forma los lazos familiares.

Es lo que se percibe últimamente, cuando unos primos, propietarios de una bella y bien estructurada chacra en las inmediaciones de la Capital de San Pablo, han ofrecido el lugar para la realización del evento. Por los atractivos ofrecidos - lugar apacible y cómodo, amabilidad de los anfitriones y abundancia de la comida ofrecida en el sistema mochiyori - se percibe que el objetivo ha sido alcanzado, aumentando cada vez más los participantes. Además, a los invitados se les brinda un show de karaoke, donde algunos primos, cantantes eximios de canciones de estilo enka, dan un verdadero programa extra para aquellos que lo aprecian.

Es una fiesta de oshogatsu a la moda brasileña, pero muy divertida y alegre que, además del espíritu de confraternización, contribuye a recibir el Año Nuevo y renovar el estado de ánimo de todos los presentes para la dura batalla de un nuevo año que se inicia.

Yoi otoshi wo omukae kudasai!  ¡Feliz Año Nuevo!

 

© 2017 Katsuo Higuchi

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