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Mi mamá, un destino producto de la solidaridad nikkei

Esta es la historia de mi mamá, sus padres vinieron de Okinawa, ellos eran de Yonabaru, en realidad yo no sé en qué barco fue ni en qué año; pero, como todos los inmigrantes, vinieron por un sueño de un porvenir mejor: “ el de hacer okane”, quizás con la idea de hacerlo y regresar a su país lo más pronto posible, la verdad es que eso no ocurrió.

Mi mamá se llama Saturnina, nombre que nunca le gustó y que se lo pusieron porque una vecina se llamaba así… una de las consecuencias de no saber el idioma, por eso muchos de los nikkei están mal inscritos y hermanos de padre y madre, resultan ser medio hermanos, no coinciden los apellidos en las partidas, no supieron explicarlo o los que inscribían no tenían interés por ser ellos japoneses. Ella era la tercera, en total ellos fueron ocho hermanos, muy común en esos tiempos las familias numerosas.

Las tres hermanas.

Mis abuelos trabajaron muy duro, pero la verdad es que no tuvieron mucha suerte en los trabajos y oficios; pero, lo que yo quiero resaltar es la ayuda mutua que hubo en nuestra colectividad, el ayudar a su paisano, amigo y preocuparse de las familias entre sí. Si quedaban desamparados, muchos ayudaron, muy pocos quisieron sacar provecho personal.

Mis abuelos tuvieron varios trabajos, uno de ellos era lo que decían entonces “carbonería”, en donde se vendía carbón. Estaba en la calle Luna Pizarro, distrito de La Victoria en Lima. Todo transcurría normal hasta que mi abuela enfermó. Eran muy comunes las enfermedades del pulmón, quizás por el carbón o quizás por el sacrificio de tener que alimentar a tantos hijos y, a la vez, no alimentarse bien. La verdad es que tenía tuberculosis, la enfermedad de los pobres.

No se tenía todo lo que tenemos ahora y lo que se recomendaba era que fuera a Jauja, en la Sierra del Perú, donde el clima era seco y se podría curar. Lo que sucedió fue que, en pocos años, fallecieron mis abuelos y mis dos tías mayores, todos por la misma enfermedad, la bronconeumonía. Mi mamá , que ya en ese entonces, como todos, cocinaba desde los diez años (su mamá falleció cuando tenía once años). Mi mamá tenía que subirse a una silla para alcanzar a la cocina, me cuenta: “lo primero que cociné fue estofado”.

Ella tuvo que asumir la condición de mayor, sus hermanas mayores - antes de fallecer - tuvieron que salir a trabajar a casa de amistades o paisanos, ya que la economía familiar estaba peor. Al morir mi abuelo, mi mamá tenía 20 años. La familia tomó la decisión de que los menores se fueran a vivir con unos tíos que vivían en la chacra “Taboada”, en el Callao, en Lima. Mis otras tías también tuvieron que salir a trabajar.

Mi tía Yoshiko se casó con una persona mucho mayor en un matrimonio pactado (cosa común entonces, por acuerdo entre los tíos y paisanos, buscando un futuro mejor de ella). Desde allí, ella también ayudó a los demás hermanos.

Mi tía Lorenza se cambió ese nombre y también la edad, al tener que tramitar sus documentos porque ella no estaba inscrita en el registro oficial. Ella se fue a trabajar con la familia Tsukayama cuando tenía diez años de edad. Al principio era muy traviesa, incluso esa familia se quejó con los tíos, ella era muy jovencita y quizás solo pensaba en jugar, pero con el tiempo esa familia se acostumbró tanto a ella que, cuando se regresaron a Okinawa, quería que se fuera con ellos. Pero, en ese tiempo mi tía se iba a casar, así es que se quedó y, más bien, los señores Tsukayama la entregaron en la ceremonia de matrimonio como si fuese sus padres. Finalmente, con mucha pena se despidieron. Esa familia que no tenía hijos, la vieron como si ella lo fuera. También era de Yonabaru, como mis abuelos. Eso fue otra muestra de solidaridad entre paisanos, dándole trabajo y queriéndola como una hija.

Los tíos en la chacra cuidaron de mis tíos Yolanda, Zoila y Benjamín, eso no quiere decir que la vida fue fácil para ellos. La vida en el campo es muy dura, levantarse muy temprano y trabajar como peón, cargar mucho peso, trabajar de temprano hasta tarde, pasar penurias, hasta en la comida. Las cosechas no son de un día para otro y, cuando no hay cosecha, se sufre: También por las plagas, los precios bajos; pero, mis tíos abuelos fueron como los padres de mis tíos, mientras los demás hermanos trataban de ayudar con algo para los menores. Lo valioso que queda es que, a pesar de todas las penurias, los hermanos se mantuvieron unidos siempre , se ayudaron, hasta ahora.

En cuanto a mi mamá, ella ha tenido una vida difícil como la de mis demás tíos. Se más de ella porque, de a pocos, me ha ido contando. Estuvo trabajando en varias casas de paisanos del mismo sonjin, en la mayoría tuvo muchas alegrías, siendo tratada como un familiar más, en otras no tanto. Ella trabajó en la casa de una familia casi diez años, ellos tenían un restaurante, en donde el ojisan y la obasan eran muy buenos. Era muy bien tratada, al igual que sus propios hijos, aunque en ese tiempo se trabajaba duro.

Con el tiempo la obasan enfermó y falleció; luego de un tiempo, la soledad hizo que el ojisan tuviera otra esposa. A mi mamá, entonces, la hacían dormir en un pasadizo donde colgaban la ropa para secar y toda la humedad la recibía ella. Pero, ella no decía nada. Había también una empleada que, cuando vino de visita uno de los paisanos del sonjin, le dijo que eso no estaba bien, que así se iba enfermar del pulmón. El se lo dijo al ojisan , quien hizo un altillo, un lugar donde dormir. Pero, a la nueva esposa no le gustó eso, por eso despidió a la empleada.

Los paisanos vieron que eso no era lo ideal; por eso, aprovechando que mi tía Yolanda se iba a casar, dijeron que mandaban a mi mamá a la chacra para que ayudara para el matrimonio a los tíos, era una forma de sacarla de donde estaba trabajando . Eso era para que la gente que la había cobijado no dijera que era una malagradecida. En realidad, lo había planeado la gente del sonjin que velaba por todos para ayudar a sus paisanos y para que no se cometan injusticias.

Hace algunos días vi una foto en el artículo que escribe Milagros Tsukayama en su blog Jiritsu, en ella aparecía mi mamá en la inauguración, en ese entonces, del nuevo local del Restaurante Rosita (1958) de la familia Teruya. Dentro de mi sentí una alegría tremenda ver a mi mamá esbozando una casi sonrisa, me hizo recordar cada cosa que mi mamá me fue contando durante años y años, sus alegrías, sufrimientos. Ella trabajó sólo dos años allí, pero mi mamá vivió los mejores años de su vida hasta ese entonces, allí sí se sintió como una verdadera hija.

Inauguración del Restaurante Rosita donde fue acogida mi mamá, todavía funciona en el distrito de La Victoria, haciendo disfrutar con su deliciosa comida.

La obasan Teruya era una persona muy buena, la trató igual que a sus demás hijos, no hacia diferencia, le compraba ropa. Allí recién empezó a frecuentar las reuniones del sonjin, ella la obligaba a ir, le decía: “tú tienes que conocer a tus paisanos”. Después de casada mi mamá siguió visitandola e incluso en momentos difíciles, ellos siguieron ayudando a mi familia.

Lo que quiero resaltar es la ayuda entre los paisanos del mismo sonjin, la gente velaba por todos, tratando de ayudar de alguna forma: dando trabajo, en ayuda económica o de otra manera. Haciendo justicia en algunos casos, con los sobres con dinero que damos como ayuda cuando alguien está enfermo, cuando fallecen. También con los tanomoshi que en muchos casos sirvieron para establecer negocios y los resultados fueron de lo mejor. Qué hubiese sido de mi mamá y mis tíos sin esa solidaridad. Como esos hay muchos casos, la consigna siempre fue ayudarnos entre nosotros.

Mi familia actual, mi mamá, con mi esposa Jenny, mis hijos Mayumi y Akio, mi ahijada Sayuri. Antes que falleciera mi mamá.

 

© 2017 Roberto Oshiro Teruya

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