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Gus Hokama: claveles para emocionar

—“Abue”, ¿por qué nuestra cara es diferente a la de los demás argentinos?

—Gus, es que nosotros somos japoneses...

—¿Nosotros somos japoneses a pesar de vivir en Argentina?

—Sí, claro. Cuando yo tenía 17 años nos tomamos un barco con la abuela y durante tres meses navegamos hasta llegar a Argentina.

El niño Gus descubre que sus abuelos migraron de Okinawa en busca de una vida mejor en América del Sur, que se dedicaron al cultivo de flores y que gracias a su esfuerzo sus descendientes hoy viven bien.

El diálogo entre el inmigrante japonés y su nieto es el preámbulo de la canción “Jikuu no hana”, un espaldarazo en la carrera del cantante argentino Gus Hokama, un punto de inflexión que le permitió internacionalizarse y llevar su música a la tierra de sus abuelos.

Fotos: Archivo personal de Gus Hokama  

El tema nació en 2015 como “Entre claveles”. “Es una canción a la que le tengo un cariño muy especial, porque es una canción que les dedico a mis abuelos. Sentí la necesidad de hacerles un homenaje por todo lo que ellos lucharon para que nosotros hoy estemos aquí. Le puse el nombre ‘Entre claveles’ porque mis abuelos se dedicaron al cultivo de flores, especialmente de claveles”, cuenta.

“Ellos sufrieron mucho, sin saber el idioma, sin tener plata, sin conocer la cultura argentina, pero aun así lograron criar y formar una hermosa familia. La canción es un homenaje a ellos por todo su esfuerzo, y como dice en el estribillo, me gustaría que hoy estén paseando sobre nubes llenas de claveles y orgullosos de todo lo que lograron”. 

Después de lanzar la canción en Argentina, Gus viajó a Okinawa por una beca. Allá cantó el tema, pero no logró calar como él hubiese deseado. Algo faltaba. Fue entonces que conoció a Yuko Nakasone y su vida cambió. Ella escuchó la canción, advirtió su potencial y le propuso realizar una versión en japonés.

“Allí fue el comienzo de todo...La canción ‘Entre claveles’ pasó a ser en japonés ‘Jikuu no hana’. Yuko fue quien me abrió las puertas para todo lo que vino después. Desde aparecer en la televisión japonesa, diarios, revistas, grabar un single y hasta participar en el festival Uchinanchu Taikai”. Yuko es hoy su mánager.


LA MAGIA DE COMPARTIR

La magia no es sacar un conejo de la galera, sino conectar con otro ser humano, crear un puente donde antes había un páramo, compartir una emoción. Eso es lo que ha logrado Gus Hokama con “Jikuu no hana”: que un periodista en Okinawa se ponga a llorar al escuchar la canción o que en una actuación en vivo algunos asistentes lagrimeen mientras la canta, un ambiente de comunión que hace que ser músico valga la pena.

“Todo lo que experimenté en Japón fue nuevo e inesperado. Nunca me hubiese imaginado haber podido generar una conexión tan fuerte con el público. Yo creo que fue la conjunción de cosas que hizo que pasara lo que pasó. Haber cantado ‘Jikuu no hana’ dentro del contexto de un Uchinanchu Taikai, donde concurren personas de todo el mundo con el objetivo de rememorar a nuestros antepasados, y tener la posibilidad de contarles parte de la historia de mis abuelos a través de una canción y a través de algo tan visual como una animación. Esa sensación de poder conectar con otra persona a través de una canción es algo sublime, algo mágico. Algo que nunca había experimentado en mi vida. Es algo que voy a recordar por siempre”. 

Fotos: Archivo personal de Gus Hokama  

Una de las bazas de la canción es que la historia está narrada como un anime. Otra particularidad: el video de “Jikuu no hana” no arranca con el tema musical, sino con el diálogo reseñado al principio porque Gus sentía que era necesario contextualizar la canción.

Conocer Okinawa no solo significó un impulso artístico para el cantante argentino. En la tierra de sus abuelos lo aguardaba una revelación.

“Yo creo que de grande comprendí muchas cosas que de chico no había comprendido de ellos. Ir a Okinawa me ayudó a comprender mejor a mis abuelos. Conocer mejor su historia, su sufrimiento, su lucha, hicieron que comprendiera simples hechos como no dejar comida sobrante en el plato o agradecer con asiduidad a mis padres por todo lo que teníamos”. 

Lo que Gus más rescata de sus abuelos fue “su ejemplo de lucha y trabajo”, un legado que ha migrado de generación en generación en su familia y que espera transmitir a sus hijos para perpetuarlo.


MÚSICA PARA SANAR

Fotos: Archivo personal de Gus Hokama  

Quizá suene a cliché decir que alguien estaba predestinado para una determinada actividad, pero en el caso de Gus Hokama bien se podría afirmar que su carrera musical estaba anunciada desde su infancia. Su mamá enseñaba piano y a su papá le apasionaba el canto.

Su profesor de piano, Marcelo Steffanoli, fue un personaje clave en su formación. “Era un profesor muy dinámico, muy práctico, fue quien me enseñó armonía,a partir de lo cual comencé a comprender mejor la música y a componer mis propias canciones”.

Sin embargo, aparcó temporalmente la música para perseguir un sueño: ser médico. Estudió medicina y se graduó. Había cumplido un sueño, pero tenía otro pendiente. Y ese sueño comenzó a germinar, inesperadamente, en el Perú en 2011.

“Tuve el inmenso placer de conocer la colectividad japonesa en Lima, y allí participé de un hermoso evento nikkei llamado Lidercambio. Durante dicho intercambio me animé a cantar, y canté una de mis canciones. Mientras cantaba veía en el rostro de los demás que era bien recibida, que les gustaba. Así que estando de vuelta en el avión hacia Argentina, pensé que debía hacer algo con mis canciones”, recuerda.

De vuelta en su país, decidido a hacer de la música algo más que una afición, comenzó a buscar un productor y así conoció a Diego Luna, un amigo con el que trabaja hasta hoy.

Que ahora Gus tenga una carrera en la música y planee meterle más músculo no significa que haya renunciado a la medicina ni mucho menos. Se puede emocionar y curar a la gente al mismo tiempo.

“Yo creo que la música y la medicina, en mi caso, congenian muy bien. Yo no sé si podría sentirme ‘completo’ sin alguna de ellas. La medicina me ha dado muchísimas satisfacciones, como conocer personas maravillosas, al igual que la música. Hasta ahora puedo hacer las dos cosas por suerte”, dice.  

La música ha sido su “cable a tierra”, incluso cuando no imaginaba que se convertiría en su profesión. La música es como la luz que entra por las ventanas de una habitación en tinieblas. Cuando las palabras no alcanzan, aparece ella para despejar los nubarrones. Tiene un efecto sanador.

“Yo siempre tuve la necesidad de esclarecer todo (propia de mi personalidad analítica). Pero hay cosas que son difíciles de ser esclarecidas, más que nada cuestiones referidas a sentimientos o emociones. Por eso la música me vino como anillo al dedo. La conjunción de la letra y la música hace que emociones o pensamientos que no puedo esclarecer, sí lo haga a través de la música.  Y eso me genera mucha paz. El momento en cual puedo terminar una canción es como una forma de cerrar una etapa”. 

Una nueva etapa de viajes y actuaciones se avecina para él. En noviembre participará en la COPANI (Convención Panamericana Nikkei) en Lima y en enero del próximo año volará a Japón para presentar un disco que incluirá canciones en japonés. Hay claveles para rato. 

 

© 2017 Enrique Higa

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