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Jorge Yamashiro y el doble aniversario de los nikkei en el Perú

El CCPJ cumplió sus primeros 50 años en mayo. Foto: cortesía Asociación Peruano Japonesa.

En mayo, el Centro Cultural Peruano Japonés (CCPJ) celebró su 50 aniversario. Dentro de unos meses, la Asociación Peruano Japonesa (APJ) conmemorará 100 años de existencia. Una singular coincidencia que hace de 2017 un año significativo para la colectividad nikkei en el Perú.

Mientras la APJ es la institución rectora de la colectividad, el CCPJ es el espacio físico en el que desarrolla sus actividades culturales e institucionales. Desde su fundación es el principal difusor de la cultura japonesa en el Perú.

Jorge Yamashiro en la entrada del Centro Cultural Peruano Japonés (foto: cortesía Asociación Peruano Japonesa)

Qué mejor oportunidad que un doble aniversario redondo para voltear la mirada hacia el pasado y valorar el trabajo de quienes pusieron los cimientos. Jorge Yamashiro, expresidente de la APJ e incansable promotor cultural, resalta que el 50 aniversario del CCPJ ha permitido que muchos conozcan la historia de cómo se gestó y materializó.

El CCPJ fue inaugurado el 12 de mayo de 1967 en una ceremonia que contó con la participación de los entonces príncipes Akihito y Michiko. Un logro que tuvo muchos padres y un largo periodo de incubación. Fue posible gracias a los inmigrantes japoneses que concibieron la idea, la pusieron en marcha, viajaron a Japón en busca de apoyo económico y realizaron gestiones de alto nivel, uno de cuyos principales frutos fue la entrega de un terreno, en 1965, por parte del gobierno del Perú a la colonia japonesa en compensación por los colegios japoneses que las autoridades peruanas confiscaron durante la II Guerra Mundial. Sobre ese terreno se levantó el CCPJ.

Los issei realizaron todo ese trabajo de manera voluntaria, incluso poniendo de su propio bolsillo. “Había un ideal que seguían: la unión y el desarrollo de la comunidad nikkei”, dice Jorge Yamashiro, más conocido en el seno de la colectividad como Akira.

El dirigente nikkei destaca el trabajo continuo de los sucesivos dirigentes de la Sociedad Central Japonesa (como se llamaba antes la APJ) a lo largo de los años, la acumulación de esfuerzos hacia un mismo norte: la construcción del CCPJ.

Para alguien no familiarizado con la historia del Perú, esto podría resultar sorprendente: ¿acaso no es lo más lógico poner un ladrillo sobre otro, continuar el trabajo de nuestros antecesores, edificar sobre lo que ellos construyeron? Sí, pero esa no fue la norma durante gran parte de la historia del Perú contemporáneo, donde cada líder llegaba al poder para desandar lo andado y crear su propio camino.

A contracorriente de lo que ocurría en el país, la colectividad siempre tenía claro hacia dónde iba y todos sus esfuerzos convergían en la misma dirección. Por eso, el relevo de unos dirigentes por otros no implicaba la demolición de lo hecho antes, sino su continuación.

Akira sostiene que lo que caracteriza a los nikkei peruanos es su homogeneidad, el hecho de que no hubiera migración masiva de japoneses después de la II Guerra Mundial, a diferencia de otros países de Sudamérica como Argentina o Brasil. La colectividad se formó con el espíritu y la mentalidad del Japón de las primeras décadas del siglo pasado, distintos de los de la posguerra.

Esa homogeneidad, a la que también contribuyó el hecho de que la mayoría de inmigrantes procediera de una misma prefectura (Okinawa) —apunta Akira—, ha sido clave para que los nikkei siempre remen en la misma dirección, pues hay consenso en la ruta a seguir, asegurando la continuidad de las políticas y las obras.

Menciona lo ocurrido en la década de 1980, cuando hubo un relevo generacional y el manejo institucional migró de los issei a los nisei, una transición sin baches en la que tuvo mucho peso el respeto a los mayores, una práctica habitual en la colectividad.

Otro aspecto que subraya Akira es el fuerte sentido de comunión de los nikkei, heredado de los issei, quienes desde que llegaron al Perú se asociaron para apoyarse mutuamente. Cita a modo ejemplo las tres cooperativas de ahorro y crédito nikkei, que recogen el espíritu de los inmigrantes y son las más grandes del Perú.

MARCA NIKKEI

Actualmente es director del Fondo Editorial de la APJ (foto cortesía Asociación Peruano Japonesa)

La APJ ha logrado estabilidad económica —dice su expresidente—, lo que le “permite unificar y liderar a la comunidad”. Con los recursos generados por las unidades de salud y educación, la institución puede realizar actividades culturales y de asistencia social.

Actividades culturales que tienen como escenario el CCPJ, que busca abrirse cada vez más a la sociedad en general. Si hace veinte años o más era difícil que una persona sin origen japonés ingresara el CCPJ, por la percepción de que “solo los jaladitos entraban”, ahora es “totalmente lo contrario”, explica Akira.

Sus instalaciones albergan una extensa variedad de eventos: obras teatrales, exposiciones de arte, espectáculos de danza, shows musicales, proyección de películas, conferencias (de temas diversos: historia, literatura, salud, etc.) y festivales gastronómicos, entre otros.

Captar jóvenes nikkei, atraerlos al CCPJ para que encuentren en él un espacio para desarrollar y difundir su obra, sus habilidades y conocimientos, es importante para la institución. Así nació el Primer Salón de Arte Joven Nikkei, que convocó a diez artistas nikkei menores de treinta años que exponen sus obras en una muestra colectiva que ha tenido una amplia cobertura mediática en el Perú.

El éxito de la exposición, dice Akira, se sostiene en el trabajo de los antecesores de estos jóvenes, nisei como Tilsa Tsuchiya y Venancio Shinki o sansei como Haroldo Higa y Aldo Shiroma. Así como en el plano institucional existe una herencia que se mantiene y crece, lo mismo ocurre en ámbitos como el artístico.

Akira sostiene que el CCPJ puede ser importante para los jóvenes nikkei no solo desde el punto de vista artístico o profesional, sino también para conectarse con sus raíces, acercarse a su historia, conocer de dónde vienen, quiénes fueron sus ancestros y, de este modo, entenderse mejor a sí mismos. Habla por experiencia propia.

“Yo soy nisei, y cuando estaba muchacho no es que haya sufrido como en la guerra, pero he sentido la pegada en cuanto al comportamiento propio respecto al comportamiento de todos los peruanos en general. He estudiado en un colegio nacional, y siempre uno era tranquilo, calladito, perfil bajo. Uno decía a veces ‘¿por qué?’. Yo recién estando metido acá, viendo un poco la historia, digo ‘ah, por eso soy así, así me han criado, nuestros padres nos han tenido así, con el perfil bajo’, (nos decían) ‘no te metas’, y uno se reconcilia con su comportamiento”.

Afianzar la imagen de lo nikkei, que sea una especie de sello de calidad, una marca de garantía, es otra de las tareas que considera fundamental.

Akira Yamashiro dirige actualmente el Fondo Editorial de la APJ, que busca perennizar en libros la historia de la inmigración japonesa al Perú y la contribución de los nikkei al desarrollo del país.

Dos nisei fueron los ganadores del primer concurso convocado por el Fondo. Ambos contaron las historias de sus padres inmigrantes, una ambientada en el Cusco y la otra en la Amazonía.

Una tarea adicional en su larga experiencia en la APJ. Una labor dirigencial que entraña rigor y responsabilidad, sin duda; sin embargo, eso no impide que disfrute ejerciéndola. “Me siento como pez en el agua”, dice. “Cuando a uno le gusta no le interesa la hora, ni nada, uno se vacila”.

 

© 2017 Enrique Higa

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