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Los nikkei de América Latina y los nikkei latino

El desafío de los nikkei latinos de 2º generación en Japón

Son exalumnos míos de Español en la Universidad Prefectural de Shizuoka, ella es Kaori SEKI (Brasil) y Hideki MAEKAWA (Perú), ambos se educaron desde la infancia en Japón y han llegado a la universidad. Kaori ya se ha graduado y ha entrado al mundo laboral y Hideki ha optado estudiar bien el idioma materno en el Perú y actualmente se encuentra en Lima (2017).

Desde que llegaron los primeros trabajadores nikkei llamados también “dekasegui” desde Sudamérica, han pasado más de 25 años. La reforma de la Ley de Migraciones de Japón en 1990, permitió un ingreso masivo de los descendientes de japoneses del exterior, aunque varios japoneses como sus hijos llegaron antes de esa reforma, por lo que se podría decir que hace casi 30 años que están presentes en la sociedad japonesa. Según la situación económica de Japón o la recuperación o recesión de las economías en los países latinoamericanos, muchos han regresado - temporalmente o de manera definitiva - y otros tanto han retornado de nuevo a Japón y optaron radicarse definitivamente aquí. Según los datos más recientes de Migraciones, hay unos 170.000 brasileños, 48.000 peruanos y varios miles de argentinos, bolivianos y paraguayos, etc. Muchos ya han formado familia y sus hijos concurren a la escuela local japonesa.

No son pocos lo que han nacido en Japón y llevan una vida casi igual a la de los japoneses, pero jurídicamente siguen siendo extranjeros con la nacionalidad de sus padres. En este país se los llama también “zainichi” (extranjeros que viven y son de Japón) por lo que no es inusual que se los identifique étnicamente como “zainichi brasirujin”, “zainichi perujin”; donde muchos de ellos se sienten y se identifican más como un “japonés”, sea por los hábitos, la rutina, la conducta, los amigos y el mismo entorno en que se mueven.

A fin de conocer un poco más sus realidades, desde hace un año, el Grupo de Estudio PJECA (Presencia Japonesa en el Continente Americano) liderado por el Profesor Toshio YANAGIDA, de la Universidad de Keio, y la Dra. Taeko AKAGI, de la Universidad de Mejiro, han venido organizando charlas y seminarios sobre los Peruanos de Japón. Suelen invitar a jóvenes peruanos que se han educado aquí o en ambos países para que relaten sus experiencias e intercambiar opiniones con los participantes.

Expositores del Panel Los Peruanos de Japón-3º Parte”, JICA Yokohama, 4 de setiembre de 2016. Organizado por PJECA, Amigo Project y APJ. Los panelistas son: Rosalín Yamashiro (Empresa de Viajes “Turismo SA”), Andrea Oshiro (diseñadora de caricaturas y actualmente free lance), Noriichi Kishimoto (Tazaki Asahi).

He podido participar en algunas de ellas y por mi tarea como docente en dos universidades he podido también tomar contacto con peruanos o brasileños y a veces argentinos, que nacieron y/o se educaron en Japón. Desde luego, cada persona tiene su historia y su ámbito familiar incide en si han estudiado la totalidad o parte en Japón o en el país de origen. También, hay casos de universitarios nikkei peruanos y brasileños que han “retornado” temporalmente, por uno o dos años, para estudiar de lleno el idioma español o portugués. Suelen ahorrar dinero por su propia cuenta y toman esta decisión porque sienten la necesidad de conocer mejor sus raíces para comprender mejor las expectativas e incertidumbres que han vivido sus padres.

La particularidad de estos jóvenes destacados es que aunque hayan pasado por momentos amargos en la infancia o en la adolescencia, han logrado terminar sus estudios en Japón y actualmente trabajan en alguna empresa o tienen una actividad propia. Algunos tienen la secundaria completa, otros se han especializado en una carrera técnica o tienen diversas licencias del gremio al que pertenecen y unos pocos tienen una carrera universitaria. Han realizado un gran sacrificio y a pesar de sus frustraciones y fracasos, siempre han estado acompañados del cariño y la comprensión de sus padres. No niegan que hayan tenido algún hecho de hostigamiento “ijime” o sufrido soledad e incomprensión, pero suelen agradecer esas dificultades porque hoy pueden apreciar mucho más lo que tienen y seguir logrando. Algunos comentan que el respaldo o consejo de un profesor en la secundaria o la oportunidad de participar en un concurso de oratoria en inglés, fue el inicio de una nueva etapa en sus vidas. Otros, retornaron al Perú para encontrar respuestas a sus dudas y cuando regresaron a Japón retomaron o continuaron sus estudios pero ya con más conciencia para potencializar sus aptitudes y buscar un empleo más acorde a las necesidades del mercado.

Lo importante es que esa diferencia lo canalicen para cosas más positivas y que en la vida laboral como familiar sea una herramienta de superación. De esta manera podrá valorar lo bueno y lo negativo de ambas sociedades con sensibilidad y racionalidad.

Es cierto que Japón y su sociedad tienen aspectos un tanto conservadores para un extranjero que se refleja como poco flexible, pero para estos jóvenes esa percepción también lo tienen cuando empiezan a conocer la sociedad de origen o las de sus padres. Necesitan de mucha paciencia, esfuerzo y tenacidad para comprender esa sociedad del que siempre le han hablado y no conocen.

Tener habilidades para manejar mejor la diversidad y la complejidad cultural será de suma utilidad en todas las tareas y especialidades, pues es un elemento requerido no solamente por las firmas comerciales internacionales o empresas extranjeras radicadas en diversos países, sino también en tiendas, comercios y en la misma administración pública local (municipal y prefectural) de Japón. Si la afluencia de turistas extranjeros que ahora ronda los 24 millones aumentase al doble en los próximos años, es indudable que se producirá una escasez de mano de obra bilingue o multilingue en el sector servicios y comercio, por lo que los hijos de extranjeros ya radicados aquí pueden ofrecer sus conocimientos de idioma y manejo de culturas en muchos ámbitos. Desde luego, será importante que conozcan mejor el Japón, sus costumbres, la forma de actuar y pensar, a fin de ser un buen enlace cultural con los extranjeros y los japoneses.

Por otra parte, cuando estos jóvenes comentan sobre su experiencia de estadía en el país de origen de sus padres suelen señalar que no hay mucha seguridad en las calles, que los medios de transporte urbano son insuficientes y que la salud como la educación pública no funcionan tan bien como en Japón. Experimentan que el día a día allí es mucho más duro que su propia experiencia en el país de sus ancestros. Se dan cuenta que en Sudamérica también hay prejuicios y actitudes discriminatorias y una desigualdad social y económica inimaginable que quita oportunidades a mucha gente. Y que la amabilidad en las relaciones humanas requiere de más atención y delicadeza en el trato porque allí la envidia y el malentendido pues tener implicancias más sensibles que en una sociedad medianamente igualitaria con valores y costumbres más compartidas como la japonesa. Cuando uno confunde los gestos de alegría y amistad donde hay intereses en juego, eso puede acarrear situaciones que pueden destruir la amistad y la confianza del que creían gozar. Las relaciones son más inestables y permanentemente requieren probar esa “confianza”, cuando en Japón dentro de esa relación más “distante o hasta fría” en realidad es más estable y constructiva porque todo es más paulatino y en etapas. Son modalidades diferentes.

De todos modos, la gran mayoría de los países latinamericanos tienen una buena impresión sobre el Japón y los japoneses. Son amigables y sienten simpatía, aunque eso no significa que conozcan bien el Japón. No son muchos los que conocen la historia de los inmigrantes japoneses y los logros de los nikkei. De hecho, hoy en día, los mismos nikkei tampoco conocen bien su propia historia.

Desde la segunda mitad de los ’80 hasta la primera mitad de los ’90 es cuando llegaron a Japón en busca de mejores oportunidades de trabajo. Eran tiempos muy difíciles para toda la región, tanto en lo económico (alta inflación y alto desempleo) como en lo político (inestabilidad y hasta terrorismo como ha sido en el Perú). Dentro de ese contexto, los que pudieron emigrar al exterior y tener un visado de trabajo de manera legal fueron muy afortunados. Por lo tanto, no se puede negar que no hayan existido sentimientos de envidia en las sociedades de origen hacia los nikkei y sus familias que recibían apoyo económico a través de las remesas.

Los nikkei residentes en Japón han superado muchas dificultades y seguirán con nuevos desafíos que lo pondrán a prueba en innumerables situaciones, sea en Japón como en el exterior (país de origen). Esas virtudes tendrán que adaptarse en cada circunstancia y requerirá de flexibilidad para hacer frente a nuevas pruebas.

Es un artículo entrevista de la Revista KYODAI, febrero de 2017, a la Dra. Patricia NAKAMURA, quien ahora ejerce la docencia en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ella ha obtenido su doctorado en la Universidad Nacional de Nagoya y en la nota señala: “Los hijos de las familias peruanas de Japón podrían ser los “ciudadanos” ideales que necesita Japón”.

Dentro de Japón, hay decenas de miles de estudiantes japoneses que han estudiado todo o parte en el exterior por el trabajo de sus padres y cuando están en la secundaria superior o por ingresar a la universidad suelen regresar a Japón. Sufren las mismas vicisitudes que cualquier extranjero pero cuando superan varias pruebas de fuego se transformen en los apetecibles recursos humanos globales que el Japón necesita de rincón a rincón. En este sentido, ellos como los hijos de extranjeros tienen en sus manos un campo interesante donde proyectar sus potencialidades.

En los últimos 10 años he podido conocer a muchos jóvenes principalmente peruanos, tanto en su etapa estudiantil o como empleados de alguna firma, y pude conversar sobre sus inquietudes y preocupaciones. Hasta el mes de febrero de este año estuve en la Universidad de Kanagawa y actualmente sigo en la Prefectural de Shizuoka donde me ha permitido relacionarme con varios de estos jóvenes latinos. No siempre puedo ser de mucha ayuda, pero intento motivarlos, dar a conocer algunas realidades de sus países y de toda América Latina en general, a través de la enseñanza del idioma español.

Como descendiente de segunda generación “nisei” nacido y educado en la Argentina, puedo comprender un poco más sus dudas e indicarle que estos desafíos son una prueba para sí mismo para ganarnos el respeto y la confianza del entorno social. Cada prueba ganada es un escalón más para sentirnos más orgullosos, sea en la actividad y tarea que fuere, y un gesto de gratitud hacia nuestros padres. Por eso, el mayor anhelo hacia estos jóvenes es que sigan probándose y desafiando los obstáculos.

 

© 2017 Alberto J. Matsumoto

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Sobre esta serie

El licenciado Alberto Matsumoto encara las distintas facetas del Nikkei en Japón. Desde la política migratoria sobre la inserción al mercado laboral del inmigrante hasta su inculturación a las costumbres y lenguaje japonés a través de la educación primaria y superior. Analiza la vivencia interna del Nikkei latino con su país de origen, su identidad y su convivencia cultural personal y social en un contexto cambiante de globalización.