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Las políticas contra los dreamers  japoneses-americanos durante la guerra: Un racismo inhumano que persiste.

La serie de medidas contra los emigrantes y la cancelación del Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés), decretada por el presidente Donald Trump, nos hacen recordar la persecución contra los japoneses-americanos al estallar la Guerra del Pacífico en diciembre de 1941.

El DACA, creado por el presidente Obama en junio del 2012, permite a  800 mil jóvenes estudiar y trabajar sin ser deportados. Estos jóvenes, cuando eran niños, ingresaron con sus padres a Estados Unidos sin documentos migratorios. El propósito de estas familias era trabajar y buscar un mejor futuro. Los inmigrantes, procedentes en su mayoría de  México, han trabajado honesta y duramente en Estados Unidos, requeridos por la misma economía norteamericana que necesita de estos brazos de trabajo para su expansión. Los 800 mil jóvenes representan el futuro de Norteamérica, estudian y trabajan afanosamente por lo que son conocidos como los soñadores o dreamers.

Protesta de dreamers en Nueva York. "Mantengan nuestros sueños a salvo" (Foto: Wikipedia.com)  

A inicios del siglo XX, empezaron a llegar a Estados Unidos decenas de miles trabajadores japoneses que se integraron activamente a la economía del estado de California. Desde esos momentos, se inició un fuerte movimiento antijáponés que fue logrando importantes triunfos al irse decretando medidas como la imposibilidad de naturalizarse y de tener propiedades por el hecho de ser japoneses. Finalmente, al firmarse el Acta de Inmigración de 1924  por el presidente Calvin Coolidge, se prohibió definitivamente el ingreso de emigrantes japoneses con el argumento de preservar el “ideal de homogenización americano”.

Sin embargo, al estallar la guerra en diciembre de 1941, de los 120 mil emigrantes y descendientes de japoneses que radicaban en Estados Unidos, dos terceras partes eran jóvenes y niños que poseían la ciudadanía norteamericana. La gran mayoría de éstos no conocían el país de sus padres y estaban plenamente integrados a la sociedad norteamericana. Aun así se les catalogó como “enemigos” de Estados Unidos por motivos raciales.

Los niños Mochida en espera de ser evacuados de su lugar de residencia. (U.S. National Archives: NWDNS-210-G-C155)

El general John DeWitt, encargado del Comando de Defensa de la costa del Pacífico, fue uno de los militares que impulsó el encarcelamiento de los descendientes de japoneses pues consideró que la guerra contra Japón era racial y que los hijos de los emigrantes o incluso sus nietos, mantenían sus lazos raciales sin diluir por lo que fueron encarcelados en 10 campos de concentración.

Algunos periódicos de manera delirante, haciéndose eco de la histeria de guerra y del racismo imperante, señalaron, en relación a los hijos de japoneses, que  “una víbora es no obstante una víbora donde quiera que el huevo fuera incubado”1

Mary Matsuda junto con sus padres y su hermano mayor Yoneichi.

En ese ambiente de guerra racial, los japoneses-americanos que habían crecido y se habían educado en los Estados Unidos se encontraron de pronto ante un futuro incierto,  sin saber que sería de sus vidas. Mary Matsuda, cuando tenía 16 años de edad, y su hermano Yoneichi, dos años mayor que ella, fueron llevados a uno de los diez campos deconcentración en 1942. En ese momento Mary se preguntó si volvería a regresar a su casa en el Estado de Washington e incluso si sería ejecutada como prisionera de guerra. Su hermano, quien ya había terminado sus estudios de preparatorio, ya no pudo ingresar a ninguna Universidad.2

Para Mary Matsuda y su hermano Yoneichi, aun siendo ciudadanos norteamericanos por nacimiento, el inicio de la guerra el 7 de diciembre de 1941 representó “el día que cambió sus vida para siempre”. Sus sueños se quedaron truncados sin entender la razón del por qué su propio gobierno actuaba de esa manera contra ellos.

El anunció del fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, casi 80 años después, cancelando el DACA el 5 de septiembre de 2017, puede representar también la fecha en que cambie la vida de cientos de miles de soñadores mexicanos para siempre. Los dreamers, cuando eran aún niños,  fueron llevados por sus padres a los Estados Unidos. Han crecido y estudiado en un país que ellos no eligieron para vivir. Tampoco han quebrantado alguna ley y para ingresar al programa de DACA han tenido que demostrar una conducta intachable, además de estar inscritos en alguna escuela, en el ejército o en un trabajo.

Los soñadores mexicanos y los soñadores de origen japoneses como Mary y Yoneichi Matsuda tienen muchas coincidencias. Los de origen mexicano, como fue el caso de Mary y su hermano Yoneichi, aman al país en el que han pasado su niñez, en el que se han formado y en el que están trabajando. Como hijos de emigrantes japoneses y mexicanos, han tenido que luchar y esforzarse -en muchos casos más que los propios jóvenes norteamericanos- para estudiar y superarse en un país donde, por su apariencia física y origen, son rechazados por amplios sectores racistas de la sociedad norteamericana. Los dreamers de ambas nacionalidades fueron y son vistos por estos sectores como el “enemigo” al que hay que castigar y deportar.

Afortunadamente, a pesar de la oleada hostil y racista que se ha desatado recientemente en los Estados Unidos, muchos gobiernos estatales, universidades y millones de personas han levantado la voz para repudiar las medidas contra los dreamers actuales. Legisladores demócratas e incluso republicanos han criticado tales políticas como injustas e inhumanas.

A diferencia del año de 1942, cuando los japoneses-americanos fueron perseguidos, el gobierno del Estado de California presentará una demanda contra las medias que pretenden acabar contra los sueños de esos jóvenes que solo buscan estudiar y trabajar para engrandecer al país del cual se sienten ciudadanos. Igualmente, procuradores y jueces se han sumado a esas demandas para impedir que esas políticas racistas e injustas lleven a la separación de miles de familias.

El manto de miedo y de incertidumbre que cubrió a los japoneses-americanos, se  extiende ahora contra los jóvenes soñadores. En ese entonces agentes del FBI acudieron a las casas de los japoneses para encarcelarlos, ahora agentes de emigración pudieran llegar y deportar a miles de dreamers. En ese entonces el gobierno norteamericano, mediante una investigación que mantuvo en secreto, sabía de la lealtad que estos jóvenes de origen japonés tenían con el país en el que habían nacido. Sin embargo, fueron los prejuicios raciales y la histeria las razones que se impusieron para que decenas de miles de personas  pasaran su infancia y su juventud en los campos de concentración.

Los soñadores de origen mexicano, aunque no hayan nacido en ese país, son ciudadanos plenamente norteamericanos. Trabajan y estudian para engrandecer a esa nación, pagan impuestos y son una parte activa de la sociedad en que se sostendrá el futuro de Norteamérica.

Dreamer en San Francisco reciben el apoyo de ciudadanos norteamericanos de origen étnico diverso (Foto: Wikipedia.com)

Roberto Valadez, estudiante de 24 años, está a punto de graduarse en la Universidad de Texas, su opinión refleja la de miles de soñadores al señalar: “Somos estudiantes, muchos ni conocemos nuestros países de origen. No le hacemos daño a nadie, al contrario, contribuimos de manera positiva a este país. Es una gran pena, siento una gran tristeza”.3 Yoneichi Matsuda en el campo de Tule Lake,  al norte de California donde fue recluido, ya no pudo ingresar y estudiar en alguna Universidad. Sin embargo, su convicción de luchar contra los Países del Eje, al igual que muchos de sus amigos y compañeros, hizo que se uniera a las fuerzas armadas norteamericanas que combatieron en Europa, aún a pesar de que por su aspecto era considerado como parte del enemigo.

June es otra joven de 21 años de origen mexicano quien gracias a DACA logró estudiar, al igual que sus hermanos y muchos de sus amigos. Llegó a Estados Unidos cuando tenía seis años de edad procedente del estado de Coahuila. Ahora -al igual que Mary en esos aciagos días cuando fue apresada con su familia-  sólo está llena “de miedo e incertidumbre”4

Ojalá que la sociedad norteamericana sea capaz de detener las políticas racistas y así evitar que los sueños de cientos de miles de jóvenes no sean truncados como los de Mary y Yoneichi Matsuda.

Notas:

1. El libro de John W. Dower, War without Mercy, de donde he tomado esa cita, aborda desde la perspectiva racial el enfrentamiento entre Estados Unidos y Japón.

2. Las memorias de esta joven fueron publicadas con el título Looking like the enemy. My story of imprisonment  in Japanese-American internment camps.

3. El Diario de El Paso, Martes 05 Septiembre 2017.

4. Periódico La Jornada, 11 de septiembre de 2017.

Nota del editor: Descubra a los Nikkei es un archivo de historias que representan a diferentes comunidades, voces y puntos de vista. Este artículo presenta la opinión del autor y no necesariamente refleja la opinión de Discover Nikkei y el Museo Nacional Japonés Americano. Descubra a los Nikkei publica estas historias como una forma de compartir diferentes puntos de vista expresados dentro de la comunidad.

 

© 2017 Sergio Hernandez Galindo

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