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Mitsuko Kasuga: La Pasión por el tanka por México y Japón

Mitsuko Osaka nació en el año de 1914 en el pequeño pueblo de Ina, prefectura de Nagano. Ella fue la segunda de cuatro hijas de la familia Osaka. Mitsuko creció en el seno de una familia campesina acomodada; su padre además de cultivar el gusano de seda y arroz, era el tesorero de la cooperativa de cultivadores de seda, hilo que ya se había convertido en uno de los principales producto de exportación japonés. La sericultura era la forma de vida de cientos de miles de familias de Nagano, Mitsuko así lo plasmó en uno de sus primeros tankas que escribió

Olor de kuwa
inunda todo el cuarto.
Es la comida
del gusano de seda.
Joven, bella, mi madre.1

Mitsuko poco antes de salir a México
(Colección familia Kasuga)

Mitsuko, durante su niñez, fue testigo de las de la serie de libertades que se ampliaron a toda la población durante la Era Taisho (1912-1926).El espíritu y la mentalidad de esta época conocida como Democracia Taisho marcarán de manera profunda el actuar de Mitsuko a lo largo de su vida. Ella logró asistir a la secundaria femenina del pueblo y gracias a la orientación del director de la misma, se educó en un ambiente progresista, siendo una de las primeras escuelas que realizaron un viaje de graduación al interior de Japón, lo que permitió que las jóvenes conocieran las ciudades de Yokohama y Kobe, puertos donde se reflejaba un ambiente cosmopolita que impactó a las estudiantes.

La revista literaria Medias Azules que se publicó en esos años, reflejaba igualmente el espíritu de esa época. La revista consideraba que las mujeres eran como la luna, pues reflejan una luz ajena. En sus páginas pugnó entonces por desatar ese “genio escondido” que las mujeres guardaban. Mitsuko años después ya como emigrante en México pudo mostrar con creces el genio escondido que guardaba para sí.

El carácter, la creatividad y la seguridad de Mitsuko se forjaron al calor de difíciles y duras experiencias que la vida le fue presentando. En 1926, el robo de las arcas de la cooperativa de seda por parte de un empleado, obligó a que su padre, como tesorero de la misma, tuviera que afrontar el robo y pagar con los bienes y el patrimonio familiar. El otro acontecimiento que marcó a la joven, fue la muerte de su madre al año siguiente. Estas circunstancias, quebrantaron el bienestar de la familia de manera severa, Mitsuko se vio obligada a abandonar sus estudios y se dedicó de lleno a las labores de la casa y de producción de seda.

Unos años después, la situación económica de todos los productores y agricultores de Nagano y de Japón en general recibió un golpe demoledor. El hundimiento de la bolsa de Nueva York en 1929, afectó de manera particular a los productores de hilos y tejidos de seda y algodón que exportaban en casi su totalidad sus productos a los Estados Unidos. Al cerrarse miles de fábricas textiles en todo el mundo, los productores de seda no tuvieron a quien vender su producto, los ingresos de las familias campesinas japonesas se redujeron hasta en cinco veces. El hambre y la falta de trabajo rondaron durante esos años a miles de hogares de Nagano.

Ante esta situación, los trabajadores y agricultores japoneses se vieron forzados a emigrar y buscar un mejor futuro fuera de Japón. Uno de ellos, de nombre Tsutomu Kasuga, salió de Nagano con rumbo a México en el año de 1930. El deseo de Kasuga era trabajar en los Estados Unidos donde una de sus hermanas había emigrado años antes. Sin embargo; la entrada a ese país para trabajadores procedentes de Japón estaba cerrada definitivamente desde 1924, al decretarse una ley antijaponesa con claros tintes racistas. Kasuga decidió entonces emigrar a México donde un grupo de migrantes de esa Prefectura ya se encontraban establecidos desde los primeros años del siglo XX.

A su llegada a México trabajó en un pequeño rancho cerca del puerto de Tampico y al año siguiente se estableció en el pueblo de Cerritos, en el estado de San Luis Potosí, para trabajar en una prospera tienda propiedad del señor Teikichi Iwadare.

En el año de 1935, Kasuga había cumplido 25 años de edad y consideró que ya era tiempo de formar una familia; mediante una carta que envió a sus familiares a Nagano, les pidió buscaran a una muchacha dispuesta a trasladarse a México para casarse. La propuesta le fue enviada a Mitsuko quien la aceptó con firmeza aunque con gran dolor pues esto significaba alejarse de su familia sin saber si algún día la volvería a ver. Su equipaje consistió sólo en una maleta con poca ropa, una bandera de Japón y su libro de poemas. Ella escribía tankas y haikus desde su temprana juventud, actividad que perfeccionaría en México años después de manera magistral. Con gran decisión describió el alejamiento de su tierra de la siguiente manera:

Al cruzar el mar,
contra lo que decía
mi gente allá,
ora puedo decirme:
¡Haz lo que tienes que hacer¡

En la misma embarcación que la trasladó a México, viajaron las hermanas Endo quienes sin conocer hasta ese entonces a Mitsuko, se dirigirían al mismo pueblo de Cerritos con el propósito de casarse con otros dos emigrantes. En el puerto de Manzanillo, las estaba esperando el joven Sadao Yamazaki, futuro marido de una de las hermanas Endo.

Mitsuko sentada a la izquierda en compañía de las hermanas Endo en el buque Rakuyomaru. (Colección Sergio Hernández)

A su llegada a Cerritos, sin mediar fiesta o ceremonia de casamiento, Mitsuko se dedicó a trabajar intensamente al lado de su marido en la tienda como en las labores agrícolas. Atender a los cientos de clientes de la tienda que llegaban a comprar gran diversidad de artículos como huaraches, sombreros, ropa o herramientas de trabajo, le permitió poco a poco ir hablando el idioma español. Para que fuera más fácil la comunicación con los compradores, a Mitsuko le dieron el nombre de Esperanza.

Mitsuko y Tsutomu en el extremo derecho, junto con el grupo de emigrantes que trabajaban en el negocio del señor Iwadare (Colección familia Karasawa)

Al siguiente año de su arribo, en la propia tienda, con ayuda de una partera nació el primero de sus seis hijos, Carlos Tsuyoshi Kasuga.2 A los pocos meses del nacimiento de su primogénito, la familia Kasuga se trasladó al poblado de Cárdenas en el mismo estado, donde abrió su propia tienda de abarrotes.

La tienda empezó a funcionar muy bien, al grado que los Kasuga adquirieron una camioneta para repartir mercancía en los lugares cercanos y dos años después comprarían un terreno en el centro de esa población para instalar el negocio, la bodega y su propia casa. Corría el año de 1941, y el matrimonio ya había procreado a dos hijos más.

En diciembre de ese año, la noticia del ataque japonés a Pearl Harbor causó una enorme preocupación en toda la comunidad de inmigrantes. Mitsuko, al enterarse de la noticia, se lo comunicó inmediatamente a su marido pues temía que ya no sería posible abrir su negocio. Al siguiente día se llevaron una gran sorpresa: los clientes los felicitaron pues simpatizaron con el ataque de Japón a los Estados Unidos. La mayor parte delos mexicanos guardaba sentimientos antinorteamericanos debido a la larga historia de agravios del gobierno norteamericano hacia México. Justo tres años antes, el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas había expropiado las compañías petroleras norteamericanas e inglesas, medida que concitó el apoyo masivo del pueblo mexicano a su presidente.

El gobierno norteamericano, como parte de su política continental contra los emigrantes japoneses, solicitó al de México que concentrara a los japoneses como a sus descendientes en el centro del país, con el propósito de tenerlos alejados de la frontera con Estados Unidos. La orden de traslado a la ciudad de México le llegó a los Kasuga a mediados del año de 1942; las autoridades locales y la población de este y otros lugares enviaron cartas al gobierno federal solicitando que les permitiera a los emigrantes permanecer en los pueblos donde residían, pues los consideraban, además de personas honestas y trabajadoras, parte de sus poblados. La noche en que la familia Kasuga se dirigió a tomar el tren que los transportaría a la ciudad de México, se congregaron en la estación para despedirlos no sólo sus amigos, sino las mismas autoridades locales.

Este hecho conmovió profundamente a Mitsuko quien con lágrimas en los ojos agradeció ese gesto de amistad y confianza. Tal vez a partir de este apoyo de la población mexicana, Mitsuko se empezó a considerar ya no como emigrante o extranjera, sino como parte integra de México.

El traslado a la ciudad de México representó para la familia Kasuga una nueva emigración a México. Afortunadamente, la concentración permitió que las familias que llegaban de distintos puntos de la República, se organizaran y se apoyaran estrechamente. Los emigrantes se agruparon en distintos barrios de la ciudad de México, situación que posibilitó que se crearan diversas escuelas donde sus hijos estudiaran por las tardes el idioma japonés y otras asignaturas.

Durante la etapa que duró la guerra, Tsutomu Kasuga se dedicó a comercializar verduras, trabajo con el que la familia logró sobrevivir en esos difíciles años. En la escritura de tankas, Mitsuko mostraba, a pesar de las adversidades, su gran optimismo de vivir en México:

Hace diez años
que vine a esta tierra
para casarme.
Pobre, pero cinco hijos
llenan días de alegría

Al finalizar la guerra en 1945, el gobierno permitió que los emigrantes regresaran a sus poblados donde estaban establecidos, pero la gran mayoría decidió quedarse en la ciudad de México pues era el lugar adecuado para que sus hijos ingresaran a las escuelas de nivel superior, ventaja que no tenían los pequeños pueblos donde antes residían.

Tsutomu y Mitsuko vendieron la casa que habían comprado en el poblado de Cárdenas, capital con el que abrieron una tienda de dulces en sociedad con la familia Yamazaki. La tienda resultó todo un éxito por lo que unos años después, adquirieron otras dos tiendas más. Mitsuko se encargaba de la fabricación de un tipo de umeboshi a la mexicana, al secar y salar el chabacano, producto que se empezó a conocer con el nombre de chamoy y que fue y sigue siendo del agrado de los consumidores mexicanos.

Mitsuko, además de apoyar el trabajo de su marido, se preocupó por la educación de sus hijos y de los niños de toda la comunidad japonesa que se habían concentrado en el barrio de Tacubaya donde vivía. En su propia casa se instaló temporalmente una de las escuelas que se habían abierto en la ciudad de México, ella se encargó personalmente de la atención de los niños para que no se quedaran sin clases en lo que se consiguió un maestro y un lugar adecuado.

Grupo de escolares en la casa de los Kasuga (Colección familia Kasuga)

A finales de la década de 1950, los Kasuga decidieron iniciar un nuevo negocio: la producción de juguetes de plástico inflables. Para elaborarlos, instalaron con otros emigrantes una pequeña fábrica denominada Kay. La producción de los juguetes fue todo un éxito; las ventas de los mismos se incrementaron y la empresa empezó a exportar a países de Centro y Sudamérica.

En 1968, Mitsuko se sintió muy orgullosa de que la fábrica a la que su esposo y sus hijos le habían dedicado tanto esfuerzo fuera seleccionada para realizar los aros olímpicos que se alzaron a los cielos durante la ceremonia de inauguración de la Olimpiada en México. La celebración de los juegos olímpicos en México, igualmente representó un gran orgullo para Mitsuko pues se sentía y se emocionaba como si fuera mexicana. 

Mis favoritas
son esas quesadillas
de huitlacoche y flor.3
Son ellas que me hacen
más y más mexicana.

Los años por venir serían de grandes alegrías pero a la vez de grandes pérdidas personales para Mitsuko. Por un lado, la familia Kasuga se agrandaba con los nietos que representaban para ella una de sus mayores alegrías; pero al mismo tiempo, en el año de 1972, su padre murió en Japón. La pérdida representó no sólo un gran dolor para Mitsuko, sino también un sentimiento de nostalgia que la alejaba más de su tierra natal.

En aquel punto
donde se pone el sol,
está mi tierra.
Allá lejos, mis padres
no me están esperando.

Un año después, Tsutomu falleció de manera inesperada. De pronto, como un rayo la muerte se lo llevó dejando una gran tarea sin realizar: la creación de un colegio unificado de toda la comunidad japonesa que al mismo tiempo permitiera unir más a Japón y México al impartirse una educación bicultural, abierta a los mexicanos de los que tanto habían recibido. Mitsuko junto con sus hijos, y muchos emigrantes más crearían el Liceo Méxicano-Japonés en el año de 1977 convirtiéndose en uno de los colegios más prestigiados de la ciudad de México.

En 1987, Mitsuko recibió la condecoración del Emperado como reconocimiento de su contribución a la comunidad nikkei. Para ese entonces sus tankas no sólo eran conocidos en México, en Japón el periódico Asahi y posteriormente la Casa Imperial ya habían reconocido el talento de Mitsuko al publicarle sus poemas que eran firmados con el nombre de Akane. En el año de 2002, Akane, como los rayos de color de rojo del atardecer, se fue apagando, dejando una honda huella en el país que le abrió los brazos para recibirla y donde descansan sus cenizas.

Con vista al Popo4
cosmos florecen sin fin,
lo he decidido.
Sí, aquí, éste es el monte
donde estará mi tumba

Notas: 

1. Los tankas de Mitsuko fueron recopilados y editados por Aiko Chikaba en el libro “Akane. Los tankas de Mitsuko Kasuga, migrante japonesa en México”. Artes Gráficas Panorama, 2015.

2. Carlos Kasuga es actualmente uno de los líderes más reconocidos de la comunidad nikkei en México. Ha sido uno de los presidentes de la Asociación Panamericana Nikkei

3. Las quesadillas son tortillas dobladas a la que se le agregan diversas verduras, flores o carnes guisadas. Huitlacoche es un hongo comestible que le sale a las mazorcas del maíz. La flor a la que se refiere el tanka , es la flor de calabaza.

4. El Popo es el vocablo coloquial con el que los mexicanos denominan al volcán nevado Popocatepetl.

 

© 2016 Sergio Hernández Galindo

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