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Algo de historia y de intentos xenofóbicos contra los japoneses que hicieron de Chile su segunda patria - Parte 1

A MANERA DE INTRODUCCIÓN

Cuando uno se pone a pensar sobre las características que presentan los descendientes de aquellos japoneses que por una u otra razón terminaron radicados en América, rápidamente termina deduciendo que sus similitudes radican en que todos hemos heredado un patrón básico genético japonés de tremenda persistencia que resiste el paso generacional, pudiendo hacerse recesivo pero, siempre dispuesto a aflorar cuando las circunstancias lo exijan. (Ejemplos al respecto no faltan). Claro que de ahí para adelante ¡puras diferencias!. La Madre América se ha encargado de ponernos su particular toque haciéndonos “nikkei americanos” pero, no conforme con ello, nos ha marcado con mayor finura según sea el país o región donde nacimos y nos hicimos hombres (“nikkei cubano”, “nikkei brasileño”, “nikkei peruano”, etc.)… Recordemos que fue la Madre Naturaleza la que definió las variantes de hombres según sea el lugar geográfico en que fue dejando su semilla aquel paleolítico originario gestado en el seno de Africa. (La raza humana es una sola).

En el caso nuestro, esos padres primigenios representados por la rama de los MONGOLES, después de abandonar su lugar de nacimiento se dedicaron a recorrer el planeta de norte a sur fecundando a casi la mitad de las mujeres que encontraron a su paso. Claro que en el transcurso de estos cientos y cientos de siglos, aquellos nuevos productos humanos sufrieron acomodos genéticos según las incorporaciones que les fue haciendo la sabia Naturaleza acorde al lugar planetario en que los fue encontrando. De ahí cobran existencia los Mongoloides Asiáticos como el chino, el paquistaní o el japonés; los Australoides como el zelandés o el australiano y los Amerindios como el esquimal, el siux o el mapuche - base del chileno.

Por lo mismo, las diferencias geográficas y ambientales de las diversas latitudes americanas en que se ubican nuestras tierras, mares y cielos; nos hicieron diferentes pero, estas diferencias se acentuaron y se afinaron al añadírseles las variantes culturales e históricas que son propias de cada lugar. Con todo aquello, no nos queda duda que somos de este o aquel país, como si lleváramos impresos un sello indeleble de identidad sectorial… Pero, curiosamente, mientras se afinan nuestras diferencias, vemos cómo se juntan los extremos. Así tenemos, por ejemplo, que japoneses y chilenos son parientes harto cercanos.

Mapa ruta mongolica (FUENTE: Reproducción del mapa elaborado por el japonés Naruya Saitou, para el Instituto Nacional Japonés de Genética. [Google])


LA REALIDAD SOCIO-POLÍTICA DE JAPÓN AL MOMENTO DE LA SALIDA DE LOS PRIMEROS JAPONESES QUE LLEGAN A CHILE

De partida, dejemos establecido que estos adelantados que pisaron tierra chilena no fueron inmigrantes oficiales. Ni siquiera migrantes. Más bien aventureros jóvenes que querían conocer algo de este Nuevo Mundo y que a no todos les salió bien. Estamos hablando de una generación de japoneses de principios del siglo XX y nacida a fines del siglo XIX fuertemente influenciada por el régimen militarista imperante y por aquella cultura nacionalista duramente reglamentada por el largo “sakoku”. (Aislamiento de Japón del acoso extranjero entre 1641 y 1854 implantado por el shogunato Tokugawa).

Pero, estos aventureros de reciente adultez o que se acercaban a ella, pertenecían a la era Meiji. Ese crucial momento histórico en que Japón está cambiando su vieja piel del medievo agrícola por otra con brillo metálico, similar o mejor que la que ostentaban los países de Europa o Estados Unidos. Para lograrlo, no ha dudado en desarmar buena parte de sus estructuras tradicionales a fin de que todos los recursos de la nación se canalicen hacia el desarrollo de una industrialización llena de modernidad, formar un gran ejército imperial al estilo franco-prusiano y abrirse al mundo con fines de amistad y comercio. De ahí que ya las tierras de los “daimyo” se han hecho parte de aquel imperio hegemónico, se han modificado las leyes, la clase samurái ya es cosa del pasado y las familias de mayores recursos han pasado a formar parte de una pequeña burguesía ilustrada (mientras la agricultura milenaria languidece peligrosamente). Sea todo por salvar al Imperio de la dependencia extranjera.

Los destinos de los hombres se están trocando de la noche a la mañana. Los samurái, por ejemplo, han tomado caminos diversificados. Algunos se convirtieron en hacendados porque muchos tenían tierras por herencia o por recompensa guerrera, otros abrieron escuelas de artes marciales, otros se convirtieron en bandidos o se retiraron a la vida monástica o se suicidaron o lograron hacerse comerciantes exitosos.

De cualquier modo, la vida japonesa tendía a reubicarse en sus nuevos carriles mientras se buscaban soluciones para esos muchos miles de campesinos desarraigados y de artesanos reemplazados por las máquinas, aún sin cabida en este mundo virado en 180°. Una de estas soluciones fue recurrir a aquellas nuevas relaciones internacionales de amistad y comercio donde ya comenzaban a instalarse las primeras colonias de emigrantes japoneses como en Estados Unidos, Canadá y México. Luego, seguirá Perú en 1899 y Brasil en 1908. 

En el caso de Chile, en 1897 se ha firmado el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación y con el nuevo siglo se han iniciado conversaciones consulares para traer alguna de estas colonias pero, tales conversaciones tomaron cursos dilatorios que nunca llegaron a puerto alguno. En 1924 seguían haciéndose intentos inútiles, ahora a nivel de embajadas. El último de estos intentos se realizó en la década del cincuenta cuando la hermandad americana realizaba manifiestos esfuerzos para ayudar al Japón arrasado y acosado por una miseria de mil caras (derrota total en la Guerra del Pacífico), llevando a sus respectivos países colonias de trabajadores japoneses. Desde luego que los ofrecimientos presentados por la embajada japonesa en Chile no tuvieron respuesta…


CUATRO SUPUESTAS CAUSALES QUE DIERON FIGURA Y PRESENCIA A ESCENARIOS XENOFÓBICOS EN CHILE

Letrero antijapones en California (FUENTE: “Japonese Americans”  of Merced County  – California)

  1. Las difamaciones contra los inmigrantes japoneses ubicados en California (USA) y Perú. Ambas eran calcadas en sus contenidos: los japoneses estaban despojando de sus tierras a los locales usando mañosas prácticas competitivas. ¿Cuáles eran éstas?. Simplemente lo que cualquier japonés hace siempre.

    Primero exigió el cumplimiento de las condiciones laborales señaladas por sus contratos de inmigración (acto de justicia - “gi”) y más tarde, al cumplir con sus compromisos oficiales, cada familia trabajó de sol a sol en tierras arrendadas, sacándoles altos rendimientos a sus cultivos tanto a nivel cuantitativo como cualitativo, logrando preferencias en los mercados de venta. Luego siguieron haciéndolo en tierras que convirtieron en propias.

    Las protestas se multiplicaron y se exigieron expulsiones. Estados Unidos cerró sus fronteras a la inmigración japonesa y la publicidad comprada hizo el resto. Desde luego que estas voces llegaron a Chile y los dueños de la tierra y del poder se agregaron rápidamente al rechazo.

  2. Las gestiones del gobierno japonés para traer a Chile colonias de inmigrantes. El descrédito se hizo histérico para poder “salvar a la patria” de tan nefasta invasión. En 1906, en el Boletín de la Sociedad Nacional de Agricultura N° 32 puede leerse:

    “… (Se alega) que los japoneses no son los chinos… pero tratándose de inmigración, es decir, de inocular en el país un germen nuevo, de traer gente que ha de quedarse firme, de mezclar sangre, hábitos , ideas i tendencias; chinos y japoneses resultan lo mismo; son la raza amarilla con sus inconvenientes físicos i sus aberraciones morales.” 

    Poco después, en actas del Senado se encuentran iguales ideas como salidas de iguales cerebros:

    “Es una raza que se multiplica en progresión geométrica de modo que mil familias producirían a corto plazo graves cuestiones demográficas y conflictos de toda especie y naturaleza. Constituiría por lo tanto, un grave peligro para Chile”.

    Estas campañas xenofóbicas se aplicaron porfiadamente en el norte minero a principios del siglo XX con inventadas olas de inmigrantes japoneses que desplazarían a los locales de sus fuentes de trabajo. Sin embargo, esta siembra fraudulenta no obtuvo los logros esperados. Este enfermizo afán de predisponer negativamente al pueblo contra los japoneses continuó en la zona central en forma soterrada hasta la década del 50 pero, manifiestamente explícito durante los años de la Guerra del Pacífico (1941/45). A pesar de ello, tampoco lograron que el grueso poblacional se sumara a sus hordas compradas.

  3. El miedo al japonés grupal. Los imaginarios que se echaron a correr en torno a un japonés engañoso de dos caras. Por un lado el japonés solitario: tranquilo, trabajador, honrado, respetuoso, inofensivo. Por el otro el japonés grupal: fiel a su manada, belicoso, sin temor a la muerte, arrasador. Imagen fantasiosa de aquellos ejércitos que invadieron Corea en 1894, luego a China, a Formosa y finalmente a Rusia en 1904/5.

  4. El efectivo compromiso ya histórico de seguir favoreciendo y facilitando la inmigración de europeos mancillados por sus guerras y revoluciones. Más bien, a cualquier grupo de “raza blanca”, prototipo de aquél que el criollo admiró y sirvió desde la Conquista. (De ahí el persistente afán del chileno de esconder sus raíces y apegarse al extranjero blanco y a todo lo que representa).

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© 2016 Ariel Takeda

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