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El banquete que hace a una familia

Mientras llegamos a la entrada del garaje de mi tía Nesan, hay grava traqueteando debajo de las ruedas de nuestro auto. Después de detenernos, mi esposo Josh y yo desabrochamos a nuestras dos niñas del asiento trasero. Nos acercamos a la casa arrastrando frazadas y peluches. Toco suavemente la puerta mosquitero.

“¡Feliz Año Nuevo! ¡Pasen!” nos recibe alegremente mi tía de ochentaitantos años. Después de unos abrazos y exclamaciones (“¡las niñas están más grandes!”), preguntamos si podíamos llevar algo a la casa de la tía Sadako, que estaba a unos 30 metros. Salimos llevando una fuente con pollo teriyaki asado a la parrilla y un bol con ensalada de frutas Ambrosía, caminando por un camino desgastado por el paso de mis tías, tíos y primos.

Hay más piedras y otra entrada hacia el garaje. Subimos unos peldaños y entramos a la cocina. Mis primos Hiroshi y Soji están sirviendo sopa ozoni en boles lacados en anaranjado y negro. Le digo a las niñas que tengan cuidado con la cocina, donde está calentándose un hervidor para el té verde y el café. Comenzamos a saludar a nuestra familia.

Los saludos y abrazos se dan en el sentido de las agujas del reloj. Comenzamos en la cocina con Soji, quien vino desde Los Ángeles. Nos dirigimos hacia la izquierda en donde está la pequeña sala y el altar llamado butsudan con mochi y mandarinas frescas para los ancestros, una ofrenda especial de Año Nuevo. Está la tía Tomi, quien se pregunta si podemos jugar una partida de Scrabble más tarde. Abrazamos al primo Danny, quien por la mañana asó el pollo a la parrilla, y al tío Hiroshi, quien está ocupado vertiendo sake en las tazas de cerámica.

Al otro lado de la sala echamos un vistazo a la mesa del buffet. Mucha de la comida tiene un significado cultural que se cree que trae buena suerte, salud y prosperidad. Pero también esta mesa es la forma más rápida para saber quién está en la celebración. El unami guisado de la tía Nesan burbujea en una olla de cerámica sobre un quemador portátil. La tía Sadako ha colocado hileras de maguro sobre finas rodajas de pepino. Está el arroz con guisantes de la tía Shinobu, quien aprendió a prepararlo en Puerto Rico. Veo la Lumpia de mi mamá filipina y el Spam Musubi de mi primo Hiroshi. También hay postres: la tarta de manzana de la prima Sue, el flan de coco de la tía Shinobu y el pastel de zanahoria de mi hermana, preparado después de su llegada desde Austin.

Algunas de las ofrendas de la mesa del buffet

Mi hija mayor me pide un pedazo de pastel de pescado y la menor quiere una rodaja de naranja tallada en forma de una flor. Les pedimos que esperen un poco más. Hay más primos para saludar. Al final, somos 25 personas, apiñadas en unos 22.30 m2 para una comida servida en la mesa.

El Año Nuevo es la familia de mi papá: sus cinco hermanos, sus cónyuges e hijos. Mucho antes de que yo naciera, mi abuelo Junichi solía ir de casa en casa en la comunidad estadounidense-japonesa, haciendo un brindis con sake en cada parada. Una vez que terminaba de desear todo lo mejor a los vecinos, él y mi abuela reunían a su propia familia para una comida festiva. Ellos eran aparceros, pero apreciaban tanto el Año Nuevo, que cierto año mi abuelo vendió su anillo de matrimonio para asegurarse de que podían reunirse y darse un banquete.

Con el paso de los años, había cambiado los platillos y lugares. En la casa de mi tía Nesan, los primos solían jugar afuera, debajo del parral. En nuestra casa, nos reuníamosen el cuarto de estar para mirar fútbol. Mi papá tenía una larga mesa plegable de madera hecha solo para el Año Nuevo. Nuestra vitrina de la vajilla de porcelana estaba llena de servicios japoneses y vasos de cerámica con palillos para comer.

Cuando mi papá falleció inesperadamente, hace unos 25 años, sus hermanos entraron en silencio para ayudar. Recuerdo abrigos y libros nuevos, contribuciones para nuestros fondos universitarios. Año tras año, mis tías nos mantenían juntos en la mesa familiar.

Ahora que mis tías tienen sus setentaitantos y ochentaitantos años, se ha simplificado o se ha dejado de lado algunos platillos de Año Nuevo. Pero en la casa de la tía Sadako aún llevamos a las niñas a jugar afuera, aún miramos el marcador de fútbol en el medio tiempo y aún usamos muchos de los mismos servicios. Veo los rostros de mis tías, de mi tío, de mis hijas... Y veo a mi papá. Él aún está aquí.

Ozoni tradicional

Nos sentamos en la “mesa de los niños”, aunque yo ya tengo casi 40 años. En cada lugar hay un bol con ozoni, una taza con sake y una botella con agua. Josh ayuda a traer más ozoni de la cocina. Cada bol contiene caldo, mochi, pollo, un puñado de algas y unas ramitas de shungiku. Más tarde, prepararé sukiyaki de la receta de mi papá. De esta forma, también estoy trayéndolo a la mesa.

Finalmente, es la hora del brindis. Veo el retrato en blanco y negro de mis abuelos issei que cuelga sobre la mesa del buffet. Han pasado más de sesenta años y de alguna forma, viniendo desde diferentes partes del país, seguimos reuniéndonos. Esta es la manera como somos familia. Este es el momento y el lugar en el que estamos en casa.

Levantamos nuestras copas. “¡Feliz Año Nuevo!”

 

* Este artículo fue publicado originalmente en Edible Seattle en 2014. 

 

© 2015 Edible Seattle / Tamiko Nimura

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