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Hamano Ryuho: Una mirada a los orígenes

El artista Hamano Ryuho presentó en el Centro Cultural Peruano Japonés la exposición de shodō “Sakigake”, un homenaje a los inmigrantes japoneses del Sakura Maru y parte del recorrido del propio artista en su búsqueda por encontrar una conexión de los nikkei con sus ancestros. (Foto: ©APJ/Jaime Takuma). 

La vocación llega a veces de las formas más singulares. Hamano Ryuho recuerda que tenía cuatro años más o menos cuando, sin darse cuenta, empezó a escribir. Lo hacía como jugando, haciendo trazos en el suelo con un palo. 

Recuerda además cuánto le gustaban las formas de los ideogramas. “Cuando era niño, las veces que iba al cementerio, veía los kanji grabados en las lápidas, y con mis dedos comenzaba a marcar los contornos, las formas de las letras”, dice casi sorprendido de ese inusual hábito que quizás era premonitorio.

Esa temprana atracción por la escritura lo llevó a convertirse en un artista del shodō (caligrafía artística) y en sellograbador, dos oficios a los que ya muy pocas personas se dedican en el Japón actual. Aunque ambos tienen técnicas específicas (cómo escribir cada trazo, por ejemplo), cada artista le imprime su propia personalidad.

La belleza de lo simple

Su proceso creativo empiezacon el contacto que tiene con el suzuri,la piedra en la que prepara la tinta, una herramienta valiosa, de más de 200 o 300 años, que le transmite diversas sensaciones. Luego, está la música. “No soy pianista, pero tocar piano y hacer shodō es lo mismo, porque hay un comienzo y un final, momentos como el crescendo, el staccato, que van interviniendo en el pentagrama. Cuando escribo hay también estos momentos”. 

La escritura es arte para Hamano-san, es energía, es una manera de darle fuerza a la vida, así como a lo que escribe y siente.

“Lo que quiero es que al entrar a la galería, la gente sienta el olor de la tinta, que a través de las letras piensen en las personas que vinieron en el Sakura Maru, sentir lo que transmiten estas letras”. No se sabe qué, y es mejor no saberlo, porque allí se pierde el arte. La forma de apreciarla es distinta en cada persona.

Hamano Ryuho ha expuesto su obra en EE. UU., España, Italia y Japón. Asimismo ha ofrecido clases especiales y demostraciones de caligrafía japonesa en Hawái, España, Brasil, Paraguay, Argentina, Bolivia y Perú. (Foto: ©APJ/Érika Kitsuta).  

Conexión nikkei

Hamano Ryuho ha visitado diversos países y ciudades con su obra, y en varias de ellas ha podido conocer a las comunidades nikkei, como en Hawái, en la que se inició su interés por hallar las relaciones que estas tienen con Japón.

“En Hawái ofrecí talleres en una preparatoria. Encontré mucha gente y pensé que eran japoneses. ‘Ohayoo’ (buenos días), les dije, y ellos no sabían qué les decía. Comenzaron a hablarme en inglés y me di cuenta de que, más allá de su aspecto, su identidad era americana”.

“Sin embargo, a medida que daba los talleres, sentí el interés de ellos por sus origenes. Muchos tenían nombres y apellidos japoneses y querían saber cómo se escribían. Querían saber sobre sus abuelos. Sentí que no podemos dejar las cosas que nos arraigan, como la herencia japonesa, y quiero transmitir eso a través del shodō”.

En el 2009 volvió a Hawái y expuso en el Japanese Cultural Center una muestra con la escritura de mil apellidos japoneses por los 125 años de la inmigración japonesa a la isla. Esta exposición la llevó el año pasado al Museo de la Migración de JICA, en Yokohama, Japón.

“Pensé en que mucha gente quiso regresar a Japón y no pudo, mucha gente murió, y quise llevarlos simbólicamente de regreso a Japón, a Yohohama, desde donde ellos partieron”.

La exposición “Sakigake” se presentó en la Galería Ryoichi Jinnai del Centro Cultural Peruano Japonés. (Foto: ©APJ/Jorge Fernández).  

Un homenaje similar es el que ha querido realizar en Perú con “Sakigake”, muestra en la que expuso los nombres y apellidos de los primeros 790 inmigrantes japoneses que llegaron en el barco Sakura Maru.

Al pensar en esta muestra el artista imaginaba las dificultades que pasaron los inmigrantes para salir adelante. Y al escribir cada nombre, les decía a cada uno “otsukaresama”, ya puede descansar.

“Mientras hacia la obra pensaba en lo que son los nikkei ahora. En el camino hubo tristeza, enojo, pero ahora se ha transformado en la sonrisa de los nikkei. Es el camino hacia el futuro, podemos vivir mejor gracias a estas personas”.

“Una de las cosas que pienso es que las sociedades nikkei están llegando a la quinta o sexta generacion, y me pregunto ¿qué tanto tienen de Japón, qué tanto mantienen ese arraigo? Todavía no he encontrado una respuesta”.

“A través del shodō y los talleres que dicto, quiero que los chicos piensen en sus raíces. Comencé en Hawái y ya he recorrido varios países. Ya llevo 20 años en este recorrido y siento que estoy dando forma a este proyecto”.

El artista dictó talleres en los colegios nikkei de Lima, entre ellos el colegio La Victoria. (Foto: ©APJ/Jorge Fernández).  

 

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 98, y adaptado para Discover Nikkei.

 

© 2015 Texto: Asociación Peruano Japonesa

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