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Sentimientos de nostalgia que afloran en Año Nuevo

Cuando se acerca el fin de año el Barrio Oriental de Sao Paulo se hace muy concurrido, más de lo habitual. En las vidrieras de los negocios donde venden productos alimenticios japoneses hay carteles que dicen: “Tomamos pedidos de “mochi” (masa de arroz machacado) y demás productos para las ofrendas”.

Aunque no sigan todas las costumbres japonesas, en estas fechas aún para los descendientes nikkei es indispensable el “mochi”. Muchos lo comen con salsa de soja “shoyu” y azúcar una vez calentado y tostado. También se puede poner esos trozos de “mochi” en una sopa de año nuevo llamado “ozoni” (*sopa de verduras que según la región el caldo es a base de salsa de soja o “miso” (pasta de soja fermentado)).

La primera vez que pasé el año nuevo en Japón fue hace 42 años atrás. Vinieron a casa dos estudiantes nikkei brasileños y disfrutamos durante cuatro días momentos inolvidables. En esos tiempos, la gran mayoría de los negocios estaban cerrado por lo que en la última semana del año tuvimos que comprar bastante alimentos para estar abastecidos.

Sin embargo, no ha sido el tradicional “osechi” (conjunto de platos compuestos de verduras, hortalizas, mariscos, carne de pollo, etc, condimentados y cocinados de diferente manera y se sirve frío) lo que comimos, sino una adaptación brasileña de los ingredientes japoneses. Nosotros tres no teníamos parientes ni amistades muy allegadas en Japón, por lo que no sabíamos bien cómo eran las costumbres de un año nuevo “oshogatsu” japonés.

Y la noche del 31 creo que vimos el programa de la NHK “Kohaku Utagassen”, que es un musical donde compiten los cantantes y grupos de varones con las mujeres, pero en ese entonces nosotros estábamos más entusiasmados con la música occidental y el bossa nova de Brasil. La verdad creo que entendíamos muy poco sobre la música pop de Japón. Cuando finalizó dicho programa salimos afuera y vimos que mucha gente se dirigía a los templos shintoístas “jinja” para recibir el año entrante. Asi que seguimos a los demás e hicimos lo que hacían otros que es juntar las dos manos para orar. Como somos católicos oramos por nuestro Señor Jesucristo.

Pasaron los años y la segunda vez que pasé el año nuevo fue hace 7 años atrás. En esa ocasión me alojé en casa de un amigo japonés de Tokio, asi que esta famiia como las amistades que se reunieron me ofrecieron un lindo recuerdo de un año nuevo bien japonés.

¡Creo que ese año nuevo estuvo perfecto! Conocí nuevos platos tradicionales para la ocasión y probé de todo disfrutando lo que me sirvieron. Y una cosa que no conocía y me encantó fue el poroto negro “kuromame”. Su contextura tierna con una piel brillosa y un sabor suave y un aroma ligeramente dulce, la verdad quedé super encantado. Hubiera querido sacar una foto pero me comí todo porque estuvo riquísimo. Cuando le dije a mi amigo eso, días después cocinaron nuevamente el poroto negro, sacaron unas fotos y me la mandaron. ¡Un gesto increíble! Lo que está al lado es un arrollado llamado “datemaki” que se cocina en una sartén mezclando pescado y langostinos triturados y empastados con huevo revuelto y caldo de salsa de soja. Les confieso que este plato también es uno de los que más me gusta.

El arrollado “datemaki” y el poroto negro “kuromame

Por otra parte, me encantan los adornos y las iluminaciones de Navidad que hay en todas partes de la ciudad. Desde luego que en Brasil también hay lindas decoraciones navideñas pero por la inseguridad que hay ahora es muy peligroso salir de noche. La gente evitar salir fuera de casa en horas nocturnas. La imagen que tengo de Odaiba en 2009 fue espectacular y es por eso que tengo una foto mural en la pantalla de mi ordenador. Cada vez que lo veo recuerdo con nostalgia esa bella iluminación.

Foto mural de Odaiba

El “fukubukuro” que ha quedado como recuerdo    

Otro grato recuerdo es cuando un amigo que siempre me tenía mucha consideración me dijo que le comprara una bolsa regalo de felicidad llamado “fukubukuro1. Ahí recordé un programa televisivo llamado “Hajimete no Otsukai2 y yo muy contento y entusiasmado fui a comprar esa bolsa. Y cuando regresé mi amigo me dijo: “ábrelo”, y así lo hice pero como un niño que abre el paquete de Santa Claus en la Navidad. Estaba más que entusiasmado y lo que encontré dentro del paquete fueron todo tipo de dulces y masas muy ricas. No sabía por cuál comenzar a comer.

La bolsa roja del “fukubukuro” es tan llamativo que aún lo conservo. Dentro de la misma había una bolsa para hacer compras asi que cada vez que lo veo recuerdo también con nostalgia el Año Nuevo “Oshogatsu” de Japón. Y desde luego, con el anhelo de que algún día pueda ir nuevamente a este país.

A todos, ¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

NOTAS

1. Las tiendas venden bolsos cerrados con mercaderías a diversos precios donde el cliente solo se entera cuando abre la bolsa después de comprarla. Es como un regalo sorpresa.

2. Es un programa donde televisan a niños de 3 a 6 años cuando realizan su primera compra solitos. O sea, es el primer mandado de su madre para que vayan solos a comprar.

 

© 2015 Laura Honda-Hasegawa

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