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Año nuevo era sinónimo de platos tradicionales "osechi" casero de mi madre

En Japón me crié en una familia nuclear o sea solo con mis padres pues yo era hija única. Mis abuelos ya habían fallecido cuando nací y mis abuelas vivían a un hora en coche desde nuestro domicilio.

Mis recuerdos del año nuevo "oshogatsu" es la comida tradicional llamada "osechi" (un set de verduras, productos de mar, pollo, etc. puestas en cajas especiales para la ocasión y que generalmente se come frío) y el "ozoni" (sopa con la pasta de arroz "omochi" y diversas verduras), preparado por mi madre. Siempre ella preparaba los ingredientes y los cocinaba. Nunca me pidió que la ayudara.

Es toda una tradición en Japón que cuando llega las 12 (24) horas de la noche del 31 de diciembre todos los templos shintoístas se llenen de público para su primera visita y oren por el nuevo año. Sin embargo, dado que a mis padres no les gustaba la muchedumbre nunca me llevaron a estos eventos del año nuevo llamado "hatsumode". Creo que muy pocos japoneses no van en esas fechas a algún templo cercano.

A los 18 años me alejé de mi casa en Kyushu para estudiar en una universidad de Tokio. Comencé mi vida sola pero para fin de año siempre regresaba a casa en avión para comer el "osechi" casero de mi madre. Como de costumbre ni ayudaba en los preparativos ni luego iba al templo local para el "hatsumode" que casi todos van.

Posteriormente ingresé a trabajar en una editorial de Tokio pero esta suerte de rutina de fin de año siguió de igual manera. Cuando terminaba el último día de trabajo en mi oficina iba al Aeropuerto de Haneda para tomar el vuelo que me llevaba a casa. Eran tiempos de la burbuja económica asi que con mi dinero podia hacer muchos viajes de placer a Hong Kong, a Paris, etc, aprovechando los feriados largos del "Golden Week" (son varios días corridos o alternados desde finales de abril a principios de mayo) o del "Obon" (Festividad budista para rememorar a los difuntos y generalmente es a medidados de julio). Pero, cuando llegaba los descansos de fin de año y año nuevo regresaba a casa casi como una obligación pero como algo totalmente natural y sin pensar en otra cosa.

Ya casi cuando estaba por cumplir mis treinta años deje el trabajo de la editorial y abandoné el departamento alquilado de Tokio. En mis viajes anteriores me había gustado  la ciudad de Los Angeles y la verdad me agradaba la posibilidad de vivir allí. Asi que decidí llevar a cabo este proyecto y me fuí de Japón. Por suerte como a los seis meses de estar allí conseguí un trabajo en una revista de la comunidad japonesa local, en la localidad de Gardena en las afueras de Los Angeles, quienes buscaban una persona con experiencia en edición. Pude obtener un visado de trabajo como profesional asi que todo estaba bién. Y a finales de ese año supe que tanto en la comunidad nikkei como en la misma sociedad norteamericana no había un descanso o feriado prolongado por las fiestas de fin de año y año nuevo. Para los americanos, en el mes de diciembre existe el día de acción de gracias donde se reune la familia para agradecer y es una fecha mucho más importante que el año nuevo “oshogatsu” de Japón. La verdad no sabía nada al respecto e ignoraba totalmente el sentido de estas festividades.

Hasta ese año siempre regresaba a casa de mis padres por el año nuevo y era algo normal comer el “osechi” casero de mi madre, pero justo antes de cumplir mis 30 años por primera vez tomé la determinación de “no regresar a casa de mis padres para recibir el año nuevo”.

La sopa de año nuevo “ozoni” de cada lugar

Han pasado más de 20 años desde que emigré a los Estados Unidos. En ese interím me casé, obtuve la residencia permanente y tuve dos hijos. Cuando nació mi hija, que es la segunda, dejé el trabajo en la revista de la comunidad nikkei después de 11 años de servicio. El mayor ya tiene 17 años y en poco menos de seis meses terminaría la secundaria. Y la menor, desde este otoño ingresaría al último año de la secundaria media.

Enero de 2013, mi hija haciendo el “mochi” en la escuela japonesa. En Japón yo nunca preparé el “mochi u omochi” con estos instrumentos pero al parecer en la comunidad nikkei norteamericana se conservan mejor las tradiciones japonesas y son más las ocasiones para participar de ellas.

Hasta cumplir los 30 años de edad la preparación de los platos tradicionales de año nuevo era tarea de mi madre, pero desde que soy esposa y madre es ahora mi responsabilidad y encima en los Estados Unidos. Por suerte, en Los Angeles hay varios supermercados de comida japoneses asi que no hay dificultades en conseguir los ingredientes. E incluso, para preparar el “ozoni” consigo sin inconveniente verduras como el “mizuna” y demás ingredientes, lo mismo se consiguen los brotes de bambú para el cocido llamado “chikuzen-ni” y hasta el bulbo viscoso llamado “satoimo”.

Dado que casualmente mi marido también es oriundo de Kyushu, el “ozoni” que preparamos en casa es el mismo que me preparaba mi madre desde que yo era niña. Además de una sopa suave colocamos el “omochi” (pasta de arroz) sin cocinarlo ni tostarlo. Se que en Japón cuando se trata del “ozoni”, según la región varía el sabor de la sopa y sus ingredientes. Hay localidades donde la sopa es condimentada con “miso” (pasta de soja fermentada) y el “omochi” es cocido o tostado o simplemente natural sin ninguna cocción. He escuchado que en la Prefectura de Kagawa, en la isla de Shikoku, comen el “omochi” con “anko” (pasta de judías cocidas y azucaradas). Como podrán apreciar, cada región tiene su particularidad por esta sopa tradicional de año nuevo.

Y a mi hija le encanta el “kazunoko” que son las huevas de arenque que se incluye en el “osechi” de año nuevo. Es un poco caro pero se consigue en el supermercado nikkei de nuestra ciudad y ya está des-salado. Y a mi hijo le gusta el “datemaki” que es el arrolado de carne de pescado triturado con huevo revuelto endulzado. Ambos “productos” los compro en el supermercado y lo único que yo hago es cortarlo y servirlo en la mesa. Pensar que mi madre preparaba y cocinada desde el ingrediente el poroto o soja negra dulce “kuromame” como el “kurikinton” que son las castañas endulzadas. En tal sentido se podría decir que mi “osechi” es una versión muy simple y comprado en el supermercado.

Sin embargo, hace tres años atrás, en ocasión del Gran Terremoto de Tohoku (llamado oficialmente Gran Terremoto del Japón Oriental) decidimos no ir en verano para ir con mis hijos para las fechas de fin de año y año nuevo a casa de mis padres. Tenía esa ansiedad y expectativa de que mi madre cocinaría como siempre pero había reservado un “osechi” completo en una restaurante japonés tradicional. Desde luego, eso estuvo muy sabroso pero mientras yo había emigrado a los Estados Unidos mi madre había envejecido y ya no cocinaba como antes. El tiempo había pasado y era como que yo seguía con esos recuerdos y por lo tanto me sentía un poco desubicada.

De todos modos, ahora que mi hijo está terminando la secundaria me ha dicho que quiere abrirse camino en Japón y que si fuere posible le gustaría vivir cerca de donde están mis padres, o sea sus abuelos. Al parecer, mi hijo desea asumir el rol que yo no hice en su momento de cuidar y estar cerca de mis padres. Y si logra ese objetivo, me pregunto si mi hijo recordará con nostalgia los momentos pasados en cada Año Nuevo o sea los “oshogatsu” de Los Angeles.

 

© 2014 Keiko Fukuda

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